Pasado, presente y futuro de Osasuna

El margen que iba a dejar el prematuro descenso para planificar el próximo proyecto se ha fulminado con el anuncio del adelanto de elecciones

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User Admin

Actualizado el 31/03/2017 a las 10:46

El margen que iba a dejar el prematuro descenso para planificar el próximo proyecto se ha fulminado con el anuncio de Sabalza del adelanto de elecciones, no confundir con dimisión. Que se abran las urnas es saludable. Serán los socios quienes muestren su confianza o rechazo a los candidatos, siempre que haya más de uno. La junta se ha rendido ante lo que consideraba una campaña de desgaste que no conducía a ninguna parte. Los contratos de Vasiljevic fueron el episodio detonante. Cuando hay dinero de por medio, la sospecha de la opinión pública sobre la corrupción siempre estará ahí. No es justo. No hacía falta seguramente encañonar así y disparar a quemarropa con el técnico en la trayectoria.

Que se adelantaran las elecciones era casi una obligación por el fracaso deportivo, una tesis que incluso compartía desde hace semanas una parte de la directiva. A la junta le han pasado factura tres errores: la tardanza en explicar el traspaso de Mikel Merino, la tardanza en explicar las funciones de Fran Canal y la errónea gestión de entrenadores, que aparte de la decepción mostrada en el campo, entre fichas y despidos todos han costado 1,7 millones.

Merino fue vendido por deseo del jugador, lógico por cierto porque se iba a un grande de Europa, y porque según dijo la Liga después y reconoció la Comisión de Control Económico, había tensiones de tesorería que habrían generado impagos, con las sanciones correspondientes. El problema de Sabalza fue entonces su falta de nitidez, quizá abrumado por el miedo de ejecutar la primera gran venta de un canterano. Luego, ha sido muy difícil cambiar algunas opiniones, que siguen diciendo que el futbolista fue malvendido.

Fran Canal entró con mal pie, por la puerta de atrás y a escondidas. Cuando se presentó a los medios ya había pasado un año. El asesor ya era el director general, figura que por cierto es necesaria en un club. En diciembre se contó que había renovado hasta 2019 (no ha habido otro contrato desde entonces): un fijo al mes y un bonus, y despido a coste cero. Por mucho que se enumeraran sus éxitos, la condena para muchos estaba hecha. La demora, asociada a la desconfianza de no saber por qué, fue otro error que apuntó el aficionado en su libreta.

Los vaivenes en el banquillo han marcado la temporada. Por contextualizar, Vasiljevic y Martín montaron la plantilla. Solo entró la junta para rechazar que Raoul Loe viniera ganando un millón y que se fichara a Kike Sola. La directiva se quedó pasmada cuando el último día de fichajes de verano apareció Javi Álamo porque había dado orden de no traer a nadie más. Martín llegó a decir a final de julio que el objetivo no era solo salvarse. “¿Y si vamos a Europa?”, planteó en Marca. “Me gusta el muñeco que se está moldeando. Han venido jugadores interesantes”, dijo antes del comienzo de Liga. La realidad puso a todos en su sitio. Pasó al lógico y sincero “llegamos hasta donde llegamos” y luego, una vez fuera, comenzaron sus desmarques alegando un cambio de meta y que no se habían podido fichar a algunos objetivos. La junta cometió un error imperdonable destituyéndole por teléfono y a distancia, una fea acción que ha etiquetado a este Osasuna fuera de Navarra. No existía confianza desde hace tiempo. Tampoco se atinó en las explicaciones, con Sabalza fuera de órbita un mes. Otra vez tarde. Después, la directiva se hipotecó con Caparrós. Salió rana, con el vestuario triste y apagado. Vasiljevic fue la última bala a la desesperada.

Solo por estos desaciertos se tenían que convocar elecciones. Hace quince días descartaban esta opción, pero el jueves en la asamblea sacaron la bandera blanca. No veían la salida a un caldo de cultivo imparable en un sector del entorno. La situación de Vasiljevic era fea y había que arreglarla. Con Izco y Archanco, cobraba la mayor parte en negro. Después, la gestora puenteó el problema con un reparto a partes iguales en nómina y a la empresa creada para seguir regateando embargos. La directiva lo heredó, pero cometió el mismo tropezón: tardó en dar una solución y en explicarlo.

Es evidente que los tiempos han cambiado. Vizcay llegó a decir a una asamblea que no se pagaban impuestos para que ficharan jugadores “como Pandiani, etc”. Que saliera publicado el coste real del traspaso del Chengue Morales (4 millones por los 2,1 que reconoció Izco), una hipoteca de una parcela a espaldas de la asamblea o las cifras de la desorbitada deuda, por dar tres ejemplos, no encendía a la masa social, satisfecha de que entrara la pelotita. Mientras Izco tuviera afines dando palmas no pasaba nada. Quien le preguntara por la deuda, pocos entonces, se llevaba un pisotón de elefante en público. Hasta pidió en 2012 pagarla a 75 años. Ese año entró Archanco y reconoció un agujero fiscal de 40 millones. Nadie se llevó las manos a la cabeza, ni siquiera esos políticos que utilizan a Osasuna ahora.

El día que anunció el acuerdo con Hacienda este periódico le preguntó cuál era el plan para pagarlo en caso de descenso. “Si estuviéramos en Andalucía, te habrían echado de la sala”, fue su respuesta. El contexto actual no es el mismo. El socio pone el microscopio. Pregunta por qué en el viaje de las tres noches a Las Palmas los jugadores tenían que compartir habitación y los directivos no, o si entró gente por la cara al Sadar el día del Madrid ya que salieron pocas entradas a la venta. El remanso de antes es ahora un torbellino a veces demasiado continuo, y más si lo deportivo no funciona. Un beneficio histórico de 23 millones con el adiós de la deuda con Hacienda, la intención de recomprar los terrenos o el gran triunfo en el Caso Osasuna no han servido. Tampoco el proyecto de Tajonar 2017 y el avance en materia social, con la aprobación de unos estatutos de consenso, una señal de cercanía.

El socio ha escarmentado, con razón. Ha perdido el patrimonio, el prestigio y casi el club entero. Hay una asamblea fiscalizadora y un exterior que ejerce de control. Las redes sociales empujan y han nacido colectivos que velan por las buenas prácticas. Llega el tiempo electoral con las serias dudas de quién se va a poder presentar. Si será Sabalza con su junta, o parte; o será Lafón si logra el aval millonario. O nadie. No se conoce una tercera opción por ahora. En cualquier caso, existe una deuda con el socio de explicarle a tiempo las cosas y recobrar confianza. Pero en la otra acera habrá que valorar que no es lo mismo apretar (un derecho y una obligación en este Osasuna) que ahogar . Si se quiere avanzar, hay que pensarlo bien y no poner en marcha las trituradoras porque sí.

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