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Opinión
LA VENTANA

Los nombres de la gente

Germán Ulzurrun.

Germán Ulzurrun.

09/08/2016 a las 06:00
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A Lobo Javier Hernández, hijo de Ignacio y María, el juzgado no le quiso admitir en un primer momento el nombre de pila para inscribirle en el Registro. Si los padres hubiesen dado el brazo a torcer, por evitarse el lío, podrían haber optado por Adolfo que significa lobo noble en alemán, y es que puestos a estar acordes con los tiempos hace años reparé en el Diario Vasco en una niña a la que impusieron Telefunken (radio, en el idioma de Goethe). No pregunten porqué varón o hembra pueden lucir las designaciones de Delfín o Palomo como Urraca, Ofelia -ofidio- o Raquel -oveja en hebreo- y, sin embargo, a nadie se le ocurra por ahora endilgarles los de Pulpo, Gorrión, Lechuza o Zarigüeya, que son animales igual de simpáticos. En Navarra hemos tenido casos de patronímicos singulares, sin que hayan temblado los pilares de la tierra. Así, Jesús Cristo presidió largo tiempo el Tudelano o en la localidad de Milagro el renombrado León León León regentó la carnicería Los tres leones, mientras que La Loba, vecina histórica de La Milagrosa y vendedora de prensa dueña de vozarrón potente, aprovechó los tiempos de la II República para inscribir a su hijo como Lucifer. La combinatoria de nombres y apellidos llevó hace años a una revista del papel couché a promocionar un concurso que creo recordar ganó Dolores Fuertes Barriga, en dura competencia con un joven que respondía por José Luis De Mier Daza. Supongo que los afamados futbolistas Lobo Diarte y Lobo Carrasco y nuestro singular bandolero Juan Lobo, ajusticiado en Torralba del Río, estarán sin duda a favor de que el de Lobo sea un término tan común como como los de Pedro o Antonio. Todo este asunto parece cuestión de modas porque si nos diesen a elegir entre Lobo, Próculo o Simeón albergaríamos pocas duda. Debo mi nombre al desliz pueblerino y tenorio de un tal Tomás, que estuve propuesto para llamarme como mi abuelo, y acabé con el de mi padre, lo que de chaval me hizo sufrir lo mío por el gran Herman Munster en la tele. Lo contaré otro día.

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