Transporte
Los robotaxis ponen en jaque al sector en España, que ve peligrar el empleo
Las compañías esperan que resulten más baratos que los conductores


Publicado el 25/10/2026 a las 08:34
Un empresario del taxi echa cuentas: mantener a un conductor asalariado le cuesta más de 30.000 euros brutos anuales entre salario base, complementos y pagas extraordinarias, a los que debe sumar las cotizaciones a la Seguridad Social. En las oficinas de las grandes plataformas de movilidad también se hacen números, pero con una diferencia: ya contemplan prescindir del trabajador al volante.
La amenaza comienza a tomar forma en Madrid. Waymo, filial de Alphabet (la matriz de Google), anunció el pasado martes que prevé ofrecer viajes sin conductor en la región a partir de 2027 y comenzará próximamente las pruebas con sus Jaguar I-Pace en Madrid, Getafe y Alcobendas. Su llegada se suma a los planes de Uber, que junto a WeRide y Avomo prepara una primera flota de veinte vehículos con el objetivo de iniciar su actividad comercial antes de que termine 2026, pendiente de las autorizaciones necesarias.
La reducción de costes es uno de los principales incentivos para las grandes plataformas. Desde Bolt reconocen que, a medida que avance la tecnología, esperan que operar vehículos autónomos resulte más barato que mantener coches con conductor, especialmente en los mercados donde los costes laborales son más elevados. “Nuestro objetivo es desarrollar un servicio comercialmente sostenible que pueda escalarse en toda Europa”, señalan fuentes de la compañía.
“El taxi tiende a desaparecer”, advierte el responsable de transporte por carretera y urbano de UGT, Diego Buenestado. Aunque tanto UGT como CC OO consideran que la implantación generalizada de los robotaxis todavía está lejos en España, reclaman una regulación que proteja el empleo ante la progresiva sustitución de conductores por vehículos autónomos.
Desde el Sindicato Libre de Transporte (SLT), su secretario, José María Cazallas, recuerda que las empresas de VTC emplean a una media de 2,5 trabajadores por vehículo. El sindicato advierte de que la sustitución de conductores podría elevar el desempleo y reducir las cotizaciones a la Seguridad Social y la recaudación fiscal.
Por su parte, el presidente de la Federación Profesional del Taxi de Madrid, Julio Sanz, resta dramatismo a las previsiones de sustitución de conductores. Considera que todavía existen importantes dificultades para prescindir completamente del factor humano, especialmente en la atención a pasajeros que necesitan asistencia. “Todavía quedan muchas cuestiones sobre cómo se puede comportar un vehículo sin un conductor físico a la hora de ayudar a una persona mayor o de meter una silla de ruedas”, destacó. A su juicio, el taxista aporta unas garantías que difícilmente podrá reemplazar una máquina.
GREMIO DIVIDIDO
En el día a día, la llegada de los robotaxis también ha provocado reacciones dispares. “He palpado el ambiente en las estaciones y entre los compañeros y tienes todo tipo de reacciones”, aseguró Roberto Mendoza, taxista desde hace tres años y propietario de una licencia desde junio.
Según explica, algunos conductores creen que la llegada de grandes empresas tecnológicas podría beneficiar a los actuales propietarios de licencias si las compañías necesitan adquirir nuevas autorizaciones para ampliar sus flotas.
En España existen alrededor de 60.000 licencias de taxi, de las que unas 15.000 corresponden a Madrid. Si el número se mantiene limitado y aumenta el interés de empresas y fondos de inversión, su precio podría subir, siempre que los operadores autónomos necesiten acceder a este mismo tipo de autorizaciones. Otros profesionales temen, en cambio, que la entrada de competidores capaces de ofrecer tarifas más reducidas termine por recortar su volumen de negocio.
Mendoza distingue entre los propietarios de licencias y los conductores asalariados. A su juicio, estos últimos serían los principales perjudicados por la automatización, ya que las empresas podrían optar por invertir en vehículos autónomos antes que contratar nuevos trabajadores. Para los titulares de licencias, en cambio, la tecnología podría abrir una oportunidad de negocio.
El taxista considera que el impacto podría ser especialmente importante en el sector de las VTC, donde operan grandes compañías con flotas y numerosos conductores asalariados. La inversión necesaria para renovar los vehículos también podría marcar diferencias entre los pequeños propietarios y los empresarios que acumulan varias licencias.
“El taxi siempre ha sido más reticente a este tipo de nuevas tecnologías. A nosotros nos va a costar, salvo a los floteros, las personas que tienen muchas licencias y trabajadores a su cargo. Esos seguro que van a invertir en coches autónomos”, destacó Mendoza.
La llegada de estos vehículos sin conductor plantea también interrogantes regulatorios. Los coches con automatización de nivel 4 pueden circular sin intervención humana dentro de zonas delimitadas y bajo determinadas condiciones. Para desplazarse utilizan cámaras, radares y sensores láser que permiten identificar obstáculos, peatones y otros vehículos.
La seguridad es una de las cuestiones que suscitan dudas entre los representantes del sector. “En San Francisco hubo problemas porque hubo un apagón y los coches autónomos se quedaron parados en mitad de la calle”, recordó Buenestado.
Una licencia cuesta como una casa
El precio de una licencia de taxi en una gran ciudad cuesta prácticamente lo mismo que una casa si se tiene en cuenta que el metro cuadrado está sobre los 2.930 euros, por lo que una casa estándar de 70 metros puede suponer de media 205.000 euros. De forma paralela, en ciudades como Madrid, Barcelona u otros territorios costeros con gran afluencia de visitantes, el precio de una licencia está sobre los 200.000 euros y el tiempo estimado de amortización es diez años, aunque lo normal es que se recupere en menos de la mitad de ese tiempo. Como todo, este coste depende de la oferta. En España hay registradas unas 60.000 autorizaciones para taxis, una cifra que se ha mantenido bastante estable en los últimos años. En contraposición, precio de una licencia ha fluctuado bastante. De hecho, durante la covid-19 se pudieron registrar mínimos de 60.000 euros.