¿Sordera voluntaria o ceguera colectiva?
Publicado el 25/10/2026 a las 08:30
Miro hacia el norte de Europa y me duele la noche en las calles. Veo piedras, contenedores ardiendo y mucha rabia en rostros demasiado jóvenes. Mientras tanto, aquí preferimos repetirnos ese consuelo cobarde de que “eso no nos va a pasar a nosotros”. Nos engañamos.
La violencia no cae del cielo de golpe. Se va cultivando despacio entre la soledad de los barrios, la prisa que excluye y esa crispación diaria con la que ya nos hemos acostumbrado a hablar.
Francisco de Asís no fue a buscar al lobo de Gubbio con cadenas ni con policía; salió a su encuentro, le miró las heridas y lo llamó hermano. Frente al odio en la calle, la respuesta del Evangelio no pasa por levantar más muros, sino por el riesgo de la ternura. Hay que desarmar las palabras antes de que alguien agarre una piedra.Si la marea nos termina alcanzando, de poco servirá culpar únicamente al que tire el primer adoquín. Habrá que preguntarse qué hicimos - o qué callamos- mientras a nuestro lado la convivencia se iba rompiendo. La paz no es un despliegue policial; es pan, dignidad y presencia.
Alfonso Olaz Garayoa