Navarros globales

El asesor político pamplonés que ayudó a los refugiados de Bosnia tras la guerra

Sentía que debía hacer un mejor uso de su tiempo y se marchó a Bosnia y Herzegovina para participar en la reconstrucción de su sociedad, fracturada por la guerra. Dos décadas después, su trabajo sigue

Fermín Córdoba posa frente a la Biblioteca Nacional de Bosnia y Herzegovina, reconstruida tras la guerra
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Fermín Córdoba posa frente a la Biblioteca Nacional de Bosnia y Herzegovina, reconstruida tras la guerraCedida
Fermín Córdoba posa frente a la Biblioteca Nacional de Bosnia y Herzegovina, reconstruida tras la guerra

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Javier Estévez

Actualizado el 17/11/2025 a las 08:26

Cuando se matriculó en el grado en Derecho por la Universidad Pública de Navarra (UPNA), lo hizo “por descarte”. “De las opciones que tenía, creo que era la que más me encajaba, pero no tenía una idea clara de qué iba a hacer después”, explica. Esta ausencia de rumbo contrasta con la determinación que Fermín Córdoba Gavín (Pamplona, 1976) demostró cuando le surgió la oportunidad de emigrar a un país, Bosnia y Herzegovina, todavía resentido por la guerra que sufrió a finales del siglo pasado. “Dejé el bufete de abogados para ir a trabajar a una ONG en Bosnia y Herzegovina. Me parecía que iba a hacer un mejor uso de mi tiempo trabajando con los refugiados y los desplazados de las guerras yugoslavas, y eso también me llenó más a nivel humano y profesional”, asegura Fermín, residente desde hace dos décadas en el país del sureste europeo.

La de Bosnia y Herzegovina no fue su primera experiencia migratoria: antes, en su adolescencia, había visitado Irlanda y Estados Unidos “algunos veranos” en periodos de un mes; y durante sus estudios en la UPNA realizó una estancia Erasmus de nueve meses en Glasgow (Escocia). “Fue una experiencia maravillosa. Me hizo ver claro que iba a volver a Pamplona, pero por muy corto espacio de tiempo. Me picó la curiosidad el estar en contacto con gente de muchas nacionalidades y hablando varios idiomas”, afirma. Dicho y hecho: al año siguiente, una vez completó el grado en Derecho, Fermín salió de casa. Primero, a Montpellier (Francia), donde aprendió francés durante tres meses; y después, a Madrid, donde cursó un máster en Derecho Empresarial y donde trabajó más tarde en un bufete de abogados.

En la capital española permaneció seis años rodeado de personas provenientes de diferentes provincias y de “un alegre grupo de navarros” con los que veía los partidos de Osasuna, pero fue en Bosnia y Herzegovina donde volvió a apreciar la variedad multinacional y multiétnica que le llamó la atención en Escocia. Y en el país balcánico encontró también “gente muy amable, muy buena”. “Aunque no entendiese el idioma, me sentí como en casa. Me encontré con una gente más seria en apariencia, pero, en el fondo, es una sociedad similar a la española por la importancia que se le da a la familia, a los amigos, a la comida, a las celebraciones…”, sostiene.

A la ciudad de Banja Luka, la segunda más grande del país, llegó en 2006 de la mano de la ONG Movimiento por la Paz para participar en la reconstrucción de una sociedad que estaba “fracturada por la guerra y por la posguerra”. “El trabajo era ayudar a refugiados y desplazados de la guerra de Bosnia a acceder a sus derechos y propiedades, a la pensión que generaron por sus años de trabajo y a la documentación que perdieron durante la guerra”, detalla. Después, entre 2009 y 2020, ya instalado en la capital del país, Sarajevo, Fermín se unió a la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) para promover la creación de leyes “alineadas con los estándares de los derechos humanos” y el trabajo conjunto “de instituciones de diferentes comunidades”. Y, por último, hace cinco años fue contratado por la Unión Europea para trabajar “con autoridades domésticas y partidos políticos” en la tarea de “acelerar el proceso de integración de Bosnia y Herzegovina” en el ente comunitario.

Y mientras Fermín ha aportado su granito de arena a la sociedad bosnia, también se ha asentado en el país, ha formado una familia y ha adoptado un estilo de vida “como el de mucha gente en Pamplona”. “Voy al trabajo, a veces me toca hacer de taxista para llevar a mis hijos a los deportes, intento hacer ejercicio, organizamos alguna cena de vez en cuando, vamos al cine…”, enumera. Aunque esa rutina se interrumpe al menos dos o tres veces al año, cuando Fermín regresa a su ciudad natal, habitualmente con su familia. “Yo nunca he perdido la vinculación con Pamplona y quiero que mi pareja y mis hijos sientan que no son turistas allí, que también pertenecen a Pamplona”.

DNI
Fermín Eduardo Córdoba Gavín (Pamplona, 2 de enero de 1976) está casado con Aida Pelesic y es padre de Inas (14 años) y Unai (7), hijo de Eduardo Córdoba y María Pilar Gavín y hermano de Mikel. Estudió de Infantil a Bachillerato en la Ikastola San Fermín y el grado en Derecho por la Universidad Pública de Navarra. Cuando lo completó, previo breve paso por Francia, se trasladó a Madrid para cursar un máster en Derecho Empresarial e iniciar su carrera profesional en un bufete de abogados. En 2006 decidió cambiar de rumbo vital y profesional y se mudó a Banja Luka (Bosnia y Herzegovina) para trabajar con la ONG Movimiento por la Paz. Más tarde, ya en Sarajevo, se unió a la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa, y desde 2020 es oficial de políticas en la Delegación de la UE en Bosnia y Herzegovina. Desde allí confiesa que le hacen compañía las jotas de las Hermanas Flamarique y que no se atreverá a correr el encierro junto a su “amigo y corredor durante décadas” Iker Arbizu.

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