Josecho Saralegui Platero, testimonio de afecto y admiración


Publicado el 05/08/2024 a las 08:20
Por el obituario publicado en este medio el 6 de julio por sus amigos y biógrafos Esther Zubiría y Germán Montoya conocí que el 25 de mayo había fallecido en Madrid a los 94 años Francisco José (Josecho) Saralegui Platero. De inmediato transmití mi condolencia a su esposa Pilar y a su hermana Carmen. El 21 de julio Marialuz Vicondoa dedicó un reportaje al “quinto de aquel plan que industrializó Navarra”, recogiendo su aportación a uno de los momentos claves de su historia. Asumí que, por admiración y afecto, debía un reconocimiento a la gran persona y admirado amigo que tanto hizo por su tierra.
Acumulaba Josecho calidad y virtudes humanas, conocimiento de las personas, formación jurídico-económica-humanística y experiencia en organismos públicos relevantes. Aprendió en su familia, con el ejemplo de sus padres, el trabajo y el valor de obra bien hecha del artesano. En su larga trayectoria vital y profesional se enriqueció con la autocrítica, las crisis propias, las incomprensiones y los rechazos de quienes, incapaces de ver más allá de su presente e intereses, sólo entendían lo público como un espacio de poder y enriquecimiento personal o de grupo. Tenía asumido que, actuado siempre con rectitud de intención y honestidad, debía olvidar el espíritu pueblerino, la visión y vuelo cortos del ave de corral para intentar, con la voluntad, el estudio y el esfuerzo, ser un águila.
El tecnócrata y humanista de Allo aportó al progreso de la “nueva hora de Navarra” (DN 1-2-1975) sus conocimientos y experiencias en ámbitos nacionales e internacionales, las ideas y medios para realizar la transformación y progreso de una sociedad agraria, tradicional, preindustrial y precapitalista. Conocía el proyecto de desarrollo nacional por medio de la industrialización, participando activa y decisivamente para que Navarra no se quedase marginada como una “reserva espiritual de la España tradicional y agraria” en un país industrial y desarrollado, tierra de emigrantes, como había ocurrido en la primera industrialización.
El objetivo que lideraban en la Diputación el vicepresidente Huarte y el diputado Urmeneta no era apoyado ni por toda la sociedad, ni por todos los miembros de la Corporación. Con la participación activa de Saralegui se concretó en el “Programa de Promoción Industrial-PPI” de 1964 con el propósito de industrializar Navarra. Hacerlo era una necesidad “ineludible y urgente”, creando nuevo empleo que combatiera “eficazmente el absentismo y la emigración”, absorbiendo “en la industria y los servicios la mano de obra excedente de la agricultura”. Proponía, además, descentralizar los asentamientos industriales mediante la creación de polígonos en las más importantes comarcas.
Para calmar los recelos de los sectores conservadores, tradicionalmente enemigos de la industrialización, se elaboró un discurso (contradictorio e imposible) que equilibrase el desarrollo industrial, con los principios de la sociedad rural tradicional. Fue propio del desarrollismo franquista establecer un desarrollo capitalista sin libertad política. El conservadurismo temía los peligros de la industria, la emigración, la pérdida de los valores, la moral, las buenas costumbres y la identidad; generaría conflictos sociales y cambios en la cultura y la mentalidad navarras: “Las fábricas polucionarían nuestra espiritualidad. Había que mantener una religiosidad, unos valores tradicionales (que no son tanto para el que se haya asomado de verdad a nuestra historia) sino esencialmente tópicos” (J. L. Uranga, DN, 3-4-1975).
Por su formación y experiencia Saralegui sabía que la industrialización provocaría, necesariamente, el cambio socio-cultural e ideológico-político, conflictos, inestabilidad, inflación y políticas sociales, que conducirían a la terciarización y a un nuevo impulso de crecimiento económico más vigoroso. Afectaría a las estructuras económicas, sociales y políticas, a las hasta entonces clases dominantes y gestoras de la Diputación, cuya alianza con los partidos y el poder del Estado les permitía desde la época liberal mantener los beneficios de la autonomía fiscal y administrativa y el control institucional de Navarra. Optó por apoyar un futuro en progreso y bienestar de la mayoría social. Efectivamente, la economía llevó a una nueva sociedad democrática, que llegó con el fin del régimen tras la muerte de Franco y la Transición. Se plasmó en el orden institucional de la LORAFNA, adecuación al régimen democrático-constitucional de la foralidad del siglo XIX, de los derechos históricos y de la libertad de decisión del pueblo navarro reconocidos por la Constitución.
Por todo ello hemos de reconocer y agradecer, in memoriam, a Josecho Saralegui Platero haber sido una de las personas que, superando el aldeanismo y con visión de futuro, pusieron los cimientos de la Navarra contemporánea, desarrollada, abierta y democrática. Fue una gran persona, un humanista integral y un navarro que demostró con obras su amor a Navarra. Gracias Pilar por haber sido su estímulo y apoyo en tan larga vida juntos. Descase en paz. Agur terdi.
El autor es amigo del fallecido y expresidente del Gobierno de Navarra