Maneras de emprender

La pareja que ha dado vida a un espacio para la creatividad en Pamplona

Itsaso Jiménez (29) y Cristian Soto (33) trasladan su  'Compañía de Oficios' a la calle Felipe Gorriti

Itsaso Jiménez Iribarre y Cristian Soto Martínez, en su nuevo local de la calle Felipe Gorriti de Pamplona
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Itsaso Jiménez Iribarren y Cristian Soto Martínez, en su nuevo local de la calle Felipe Gorriti de Pamplona
Itsaso Jiménez Iribarre y Cristian Soto Martínez, en su nuevo local de la calle Felipe Gorriti de Pamplona

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Begoña Goitiandia

Publicado el 23/09/2023 a las 05:00

Si frecuentan la calle Felipe Gorriti de Pamplona se habrán dado cuenta de que el color ha brotado, a la altura de número 28, en una de las fachadas negras y algo monótonas de esta arteria comercial que cruza Carlos III. Es tan solo la antesala de lo que se encontrarán quienes crucen la puerta de ‘Compañía de Oficios’, empresa sita en dicha calle y que nació hace ya tres años de la mano de la pamplonesa Itsaso Jiménez Iribarren (29) y el chileno Cristian Soto Martínez (33). En este colorido local donde la creatividad invade el ambiente imparten cursos artísticos dirigidos, tanto a niños como a adultos, que van desde la pintura o la estampación hasta talleres para hacer espejos, velas o bisutería.

Itsaso y Cristian se conocieron estudiando un máster de Bellas Artes y Educación en Barcelona, y se hicieron pareja. Aunque sacar adelante un espacio creativo fue una idea que germinó rápido en sus mentes, no fue hasta que viajaron de mochileros por Sudamérica cuando terminaron de afianzarla. “Durante el viaje impartimos talleres en Chile, Paraguay y Ecuador, y nos encontramos con espacios donde varios artistas enseñaban técnicas diferentes o participaban en eventos, y nos inspiraron”, cuenta Itsaso. “Conocíamos lugares parecidos en España, como la Fábrica de Texturas de Madrid o Duduá en Barcelona”, añade Cristian. Así que trasladarlo a Pamplona fue el siguiente paso.

La pandemia aceleró los plazos. Itsaso tuvo que regresar precipitadamente a Pamplona para pasar el confinamiento con su familia y se apuntó a un curso de emprendimiento del CEIN. Cristian, que se había quedado en Chile, pudo regresar después. “El potencial que veíamos en Pamplona, a diferencia de Madrid o Barcelona, es que implicaba montar un negocio donde competiríamos con una oferta artística menor”, cuenta Cristian. Pero existía un riesgo: la demanda de este tipo de actividades también es más pequeña. “Fue lo que nos llevó a funcionar bajo la lógica de una academia tradicional que imparte clases de lunes a jueves con adolescentes y con niños, y dejar el fin de semana para ese tipo de talleres que habíamos visto en otras ciudades”, desarrolla. Son actividades de tres o cuatro horas de duración en los que se enseña una técnica artística concreta y en los que el alumnos se lleva algo a casa.

Arrancaron en septiembre de 2020 en un coworking, y tres años después han inaugurado su propio local. Solo abren por las tardes porque compatibilizan el negocio con otros trabajos, ella como profesora de educación plástica en un colegio y él como educador en el Centro Huarte. “Hemos ganado en visibilidad. Nuestro escaparate antes eran las redes sociales, y ahora lo hemos trasladado a pie de calle, junto a Carlos III, que es como la Gran Vía de Pamplona”, reflexionan. Confiesan que fue Internet el que les dio el empujón inicial. “No teníamos muchos seguidores, pero los que nos seguían eran fieles y nos recomendaban”, explican. El boca a boca hizo el resto. Tras la mudanza, reconocen que han aumentado una clientela, que ahora les conoce a través de su escaparate físico. “Estamos en un triángulo de colegios importante, eso nos da mucha visibilidad”, cuentan.

EL ARTE PARA CELEBRAR

Itsaso y Cristian opinan que la pandemia ha supuesto un auge de las actividades manuales. “El gusto por lo manual ha vuelto para quedarse”, afirman. “Funciona como vía de escape. La gente viene después de una semana dura de trabajo para regalarse un momento de descanso”, terminan. Aunque confiesan que si antes les buscaban para realizar una actividad artística en solitario, ahora lo hacen para compartirla con otros. “Ahora que pueden estar juntos y es seguro, buscan celebrar”, afirman. “Nos encontramos con muchos alumnos que regalan un taller para un cumpleaños, para compartir un rato madre e hija o para una despedida de soltera con amigas”, detallan.

PAMPLONA, CIUDAD PARA EMPRENDER

Ambos ven ser joven como una oportunidad para emprender y no como un obstáculo, aunque creen que hay que dar con la fórmula para que la inversión inicial no suponga un impedimento. Ellos lo hicieron a través de un coworking. “Para nosotros fue algo estratégico y no podíamos haber empezado de otra manera porque la inversión que hemos hecho ahora en este local no la hubiéramos podido realizar el primer año”, reflexionan. Animan a otros a emprender, a que “se atrevan y, sobre todo, persistan”. También se mojan cuando les preguntamos sobre si su elección pamplonesa fue la correcta. “Creo que es una ciudad que acoge. Es un lugar en el que si haces algo con cariño, de forma disciplinada y sobre todo, insistes, la gente te conoce rápido y responde”, terminan.

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