Tribuna
El rol de la Unión Europea en la Guerra Fría Digital: Un enfoque centrado en el ser humano


Publicado el 14/01/2025 a las 16:09
La transformación digital marca un punto de inflexión en la historia de la humanidad y, por tanto, en la política internacional. El nuevo orden mundial, dominado por la información, está determinado por la rivalidad entre Estados Unidos y China, que utilizan los avances tecnológicos, especialmente la Inteligencia Artificial (IA), para promover su propia visión del mundo. Mientras el modelo ultraliberal estadounidense y el autoritarismo chino abordan la transformación digital como un campo de batalla por la hegemonía, la Unión Europea (UE) emerge como una «Tercera Vía», promoviendo un modelo centrado en el ser humano.
Se habla mucho de transformación digital, pero ¿qué significa realmente? En palabras del prestigioso investigador Erik Stolerman, «la transformación digital comprende los cambios asociados a la aplicación de la tecnología digital en todos los aspectos de la sociedad humana». En efecto, iniciada en la década de los 70 con la transición de tecnologías analógicas, mecánicas y electrónicas hacia tecnologías digitales, la Era de la Información, ha revolucionado todos los ámbitos de la sociedad, con la IA desempeñando un papel fundamental. La detección precoz de enfermedades, la predicción de desastres naturales y la adaptación de entornos para personas con discapacidad son claros ejemplos de cómo la tecnología mejora nuestras vidas.
Sin embargo, Martin Hilbert, profesor experto en información digital, nos advierte que entre los principales inconvenientes de esta transformación se encuentran «la pérdida de privacidad, la polarización política, la manipulación psicológica, el uso adictivo, la ansiedad social y la distracción, la desinformación y el narcisismo masivo». Por ello, no podemos pasar por alto los riesgos que esta inteligencia conlleva para la protección de los derechos humanos, la democracia, el estado de derecho y, en última instancia, la humanidad.
Un claro ejemplo de estos riesgos es la reciente decisión de la multinacional META, propietaria de Facebook, WhatsApp, Instagram y Threads, de poner fin al programa de verificación de datos en Estados Unidos, que será reemplazado por un sistema de «notas comunitarias», siguiendo la política de la plataforma X, propiedad de Elon Musk, quien está previsto que co-lidere el Departamento de Eficiencia Gubernamental en el próximo gobierno de Estados Unidos. En este nuevo sistema serán los propios usuarios los encargados de señalar las publicaciones potencialmente engañosas, basándose en su propio criterio. Hasta ahora, la labor de contrastar información la realizaban organizaciones independientes, y expertas en comprobación de datos, con el objetivo último de combatir la desinformación imperante en el mundo digital.
Ante esta nueva medida, la Federación Internacional de Periodistas (FIP) advierte que se abre la puerta a la «desinformación generalizada» y los «discursos de odio». Lejos de «acabar con la censura y priorizar la libertad de expresión», argumento utilizado por Musk y Zuckerberg para justificar el sistema de notas comunitarias, esta política promueve el retroceso democrático, aprovechándose del analfabetismo digital de la población y presentando la evidencia científica basada en datos como el enemigo de la libertad.
Por lo tanto, vivimos un momento histórico donde lo digital lo ha cambiado todo, donde las empresas tecnológicas marcan las normas del juego. El dominio de tecnologías digitales, como la inteligencia artificial y los algoritmos, se ha consolidado como una nueva fuente de poder estratégico. El nuevo orden mundial, caracterizado por el control de la información, está marcado por la intensa rivalidad geoeconómica entre Estados Unidos y China. Este fenómeno, conocido como la Guerra Fría Digital, es una guerra económica y geoestratégica en la que las innovaciones tecnológicas, especialmente la IA, juegan un papel crucial.
Por un lado, el modelo estadounidense defiende la continuidad del orden mundial liberal, basado en la innovación y el libre mercado, donde la intervención estatal es mínima. En contraste, China desafía este orden promoviendo un modelo autoritario, fundamentado en el control estatal y la restricción de la información. Aunque antagónicos, ambos modelos representan una amenaza para la protección de los derechos humanos, entre otros, restringiendo la libertad de expresión. El modelo chino, hace uso de la IA para censurar contenido en línea y controlar el discurso político. Por su parte, el modelo estadounidense, manipula las narrativas en las plataformas digitales, limitando el acceso a información verificada y priorizando los intereses privados y comerciales de los CEOs, dueños de estas plataformas digitales. En ambos modelos, el bienestar social queda relegado a un segundo plano.
En respuesta a esta rivalidad tecnológica, la Unión Europea propone un tercer modelo para la transformación digital, cuyo objetivo es capacitar y proteger tanto a ciudadanos como a empresas en el entorno digital. Así, la inauguración de las primeras siete fábricas europeas de IA este 2025 marcará un hito en la consolidación de este modelo. El enfoque europeo, respaldado por Naciones Unidas, busca que la humanidad en su conjunto se beneficie de los extraordinarios avances que la IA y el uso responsable de los datos pueden ofrecer.
En definitiva, los europeos entendemos la tecnología como una herramienta para construir una sociedad mejor, reforzando los valores democráticos y protegiendo los derechos humanos.
María Lertxundi es socia de Equipo Europa