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La Unión Europea en la encrucijada: defensa europea y cooperación transatlántica

Carlos Baltanás, socio de Equipo Europa
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Carlos Baltanás

Actualizado el 27/11/2024 a las 17:04

Resulta imposible imaginar la política exterior, la seguridad y la defensa de la Unión Europea al margen de la cooperación transatlántica. La asociación estratégica con la OTAN sigue constituyendo el principal garante de la integridad y salvaguardia de Europa frente a amenazas externas. Sin embargo, la llegada de Trump a la Casa Blanca amenaza con alterar el statu quo y provocar un cisma en el seno de la OTAN.

Desde el comienzo del conflicto bélico en 2022, la OTAN se ha consolidado como una plataforma esencial para coordinar esfuerzos y proyectar una imagen de unidad frente a Rusia, con un respaldo firme a la soberanía ucraniana. Dado que la UE ha sostenido los mismos principios que la OTAN en estas cuestiones, la cooperación entre ambas organizaciones se ha fortalecido considerablemente durante los últimos dos años. La tercera Declaración conjunta sobre la cooperación UE-OTAN (2023) y la Declaración de la Cumbre de Washington de la OTAN de julio de este año ratifican esta visión compartida y creciente asociación. Además, con la adhesión sueca a la OTAN, 23 de los 27 miembros de la UE pertenecen a la alianza atlántica.

La formalización de las relaciones entre ambas organizaciones tiene origen en la Declaración UE-OTAN sobre Política Exterior y de Seguridad Común (2002) y los Acuerdos Berlín-Plus (2003); desde entonces, las esferas de cooperación se han ampliado progresivamente. Como se ha mencionado, la guerra de Ucrania ha resultado ser un catalizador para reforzar la cooperación. Actualmente, se colabora en áreas tales como investigación e industria de defensa, ejercicios coordinados, capacidades de defensa y lucha contra amenazas híbridas. Sin embargo, esta dinámica puede verse interrumpida dados los recientes acontecimientos.

La futura administración republicana presenta un enfoque diferente en la política exterior. America First parece no ser solo un eslogan de campaña, sino una clara insinuación de la vuelta a la tradición aislacionista americana. La raíz del escepticismo de Trump con la OTAN radica en el gasto militar europeo: siendo EE.UU. el principal benefactor de la alianza atlántica, muchos países -como España- ni siquiera alcanzan el objetivo mínimo de 2% del PIB en defensa. En respuesta, Trump amenaza con una desvinculación parcial de la OTAN, que puede poner en jaque la estrategia de seguridad y defensa europea.

Por otro lado, Trump también ha sugerido forzar una resolución rápida de la guerra en Ucrania. De hecho, el pasado mes de septiembre, el futuro vicepresidente J.D. Vance especuló sobre cómo podía darse esta resolución: Ucrania mantendría su soberanía a costa de perder territorio, garantizar su neutralidad a Rusia y la incapacidad de unirse a la OTAN. Aunque no pueda cumplir todas sus promesas de campaña, se espera una presidencia disruptiva con respecto a la actual. Esta coyuntura deja a la UE en una posición delicada, pues podría encontrarse sola en su compromiso por Ucrania y la defensa europea. En medio de la incertidumbre política, el Alto Representante Josep Borrell declaró el pasado 9 de noviembre que el apoyo de la UE a Ucrania es inquebrantable. De esta forma, se reafirma la postura patente en los compromisos conjuntos UE-Ucrania en materia de seguridad, firmados en junio de este año.

La gran incógnita reside en si la UE puede mantener esta posición sin el escudo americano. Afortunadamente, la guerra en Ucrania ha propiciado avances considerables en el desarrollo de la Política de Seguridad y Defensa Común. Iniciativas como la Ley de Apoyo a la Producción de Municiones (ASAP) y el Instrumento para el Refuerzo de la Industria Europea de Defensa mediante la Adquisición Común (EDIRPA) han resultado esenciales para el suministro prolongado de munición y misiles a Ucrania. Gracias al Fondo Europeo de Apoyo a la Paz (FEAP), se han movilizado 6100 millones de euros para enfrentar las necesidades militares y de defensa ucranianas entre 2022 y 2024. Este instrumento permitió a su vez poner en marcha en 2022 la Misión de Asistencia Militar en apoyo a Ucrania (EUMAM Ucrania), que ha formado a 60000 soldados ucranianos hasta la fecha. De hecho, actualmente se está entrenando una nueva brigada de 2000 reclutas ucranianos en Francia. Estos avances inauditos en seguridad y defensa europea muestran una materialización significativa de las aspiraciones presentes en la Brújula Estratégica para 2030.

Sin embargo, una estrategia de defensa plenamente europea sigue siendo inviable, al menos en el corto y medio plazo. La autonomía estratégica no implica autosuficiencia o independencia estratégica. La cooperación transatlántica bajo el marco de la OTAN sigue resultando beneficiosa e indispensable para el desarrollo militar y defensivo a ambos extremos del Atlántico.

En suma, la victoria electoral de Trump cuestiona el compromiso indefinido e incondicional de EE.UU. con la seguridad europea. Si la UE aspira a convertirse en un actor estratégico, capaz de defender sus ideales más allá de los intereses de terceros, debe seguir apostando por el desarrollo de su política de seguridad y defensa, sin desatender la cooperación con sus aliados estratégicos bajo el marco de la OTAN.

Carlos Baltanás es socio de Equipo Europa 

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