Tribuna

Es el momento del valor

Elena Arraiza
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Elena Arraiza Armendáriz

Publicado el 16/09/2024 a las 14:10

No es un secreto para nadie que el sector del vino está viviendo tiempos convulsos y atravesando un momento decisivo. Cambios coyunturales como los nuevos hábitos de consumo, el aumento de la inflación global, los conflictos internacionales y la crisis climática son una amenaza que marcan el día a día del mercado vitivinícola. Esta situación se refleja en la caída del consumo de vino, la reducción del viñedo y la acumulación de existencias en las bodegas, que les lleva a tomar medidas drásticas.

El sector vitivinícola es altamente sensible a muchos factores porque, es importante destacar, se fundamenta en dos productos: la uva y el vino. Así, le influyen desde las condiciones atmosféricas como una granizada, las altas temperaturas o las lluvias que determinan las características de una cosecha, hasta los intereses políticos, las normativas europeas, las decisiones de los agentes implicados o la situación y condicionantes de los mercados internacionales, destino de las exportaciones. Navegar en estas aguas revueltas es misión de avezados marineros. Pero lejos de caer en la manida expresión, “¡qué sector!”, compartida por casi la totalidad de quienes componen la economía mundial y en una visión pesimista que acompaña a muchos en los momentos críticos y de incertidumbre, desde esta tribuna se pretende sacar a la palestra a las oportunidades.

Recientemente, en la celebración del décimo aniversario de la Organización Interprofesional del Vino Español (OIVE) en Madrid, el reconocido divulgador Marc Vidal recordaba que durante las décadas que duró la primera Revolución Industrial allá en la segunda mitad del siglo dieciocho, la sociedad del momento la calificaba como “crisis industrial” y fue rebautizada con el análisis posterior como “revolución”.

Así, el sector vive momentos críticos de reajuste estructural en los que se ve comprometido el volumen, pero se refuerza el valor. Nunca antes se han aportado tantos atributos al vino, tanto valor entendido en sus dos acepciones: grado de utilidad o aptitud de las cosas para satisfacer las necesidades o proporcionar bienestar o deleite, y cualidad de las cosas, en virtud de la cual se da por poseerlas cierta suma de dinero o equivalente.

Es cierto que las nuevas generaciones muestran un interés por los hábitos de vida saludables. Según un estudio realizado por Delectatech, el consumo de bebidas alcohólicas en España ha experimentado una caída del 2,64% durante el primer semestre de 2024. Sin embargo, del mismo informe se desprende un ligero aumento del 1,4% del consumo de vino, acercándose a los 10 millones de hectolitros, cuando el de la caña y las cervezas tradicionales cae hasta un 14%.

El vino es un producto con una increíble capacidad única de generación de experiencias por su vínculo con la cultura, el territorio y el paisaje. Así, según el estudio de ACEVIN, con un impacto económico superior a los 100 millones de euros y casi 3 millones de visitantes, el turismo motivado por el vino ha registrado en 2023 un incremento del 18% con respecto al año anterior en España.

Vivimos en tiempos de hedonismo y el vino se ha convertido en un plan perfecto para realizar con amigos y en familia. Tanto si es con mesa y mantel, en un bar o también como argumento para visitar pueblos, viñedos y bodegas. El vino es, además, un gran generador de conocimiento, ya que detrás de una botella de vino hay siglos de historia, costumbres y personas. Es el epílogo de un relato que no puede ser novelado en otro territorio. El vino de Navarra sólo puede ser producido en Navarra. Por eso, la formación vitivinícola está a la orden del día: catas, maridajes y cursos son grandes alternativas de ocio para un consumidor interesado por ese “algo más” que está detrás del líquido.

Además de ese atractivo para visitantes, su efecto dinamizador de la región en la que hunden sus raíces sus cepas, el sector vitivinícola es un gran motor de desarrollo económico en las zonas rurales, y la sostenibilidad es un valor intrínseco a su razón de ser. Genera oportunidades de empleo y contribuye a fijar población en el entorno en el que ejerce su actividad.

Al valor cultural, histórico y turístico, se suma entre otros el valor económico. De un lado, los expertos vaticinan una tendencia a la inversión en vinos de alta gama. Las bodegas más exclusivas acaparan la atención de aquellos que buscan una cartera diversificada. De otro, se observa como el precio medio del vino aumenta. Esta subida está muy motivada por la inflación, pero además, parece que el consumidor está dispuesto a pagar más por una botella de vino aunque en menos ocasiones.

Según el Observatorio Español del Mercado del Vino (OEMV), “En el primer semestre de 2024, se exportaron 1.021,7 millones de litros (+0,3%), por valor de 1.475,2 millones € (+1,5%), que suponen 3,4 millones de litros y 21,8 millones € más. En términos de valor, se trata del mejor primer semestre de la serie histórica”. Con todo, llega la reflexión que concluye que es el momento del valor. Valor entendido como atributo, como precio y cualidad heroica para afrontar las batallas actuales y las que están por llegar tal y como viene sucediendo desde los tiempos de Roma. ¡Larga vida al vino!

Elena Arraiza Armendáriz, Directora Ejecutiva de Arraiza Comunicación

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