Tribuna

Un respiro para Europa

Iván Sánchez Marañón
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Iván Sánchez Marañón

Publicado el 23/10/2023 a las 12:26

El pasado domingo 15 de octubre mucho estaba en juego en las elecciones parlamentarias en Polonia. Conscientes de ello, los ciudadanos acudieron masivamente a las urnas, protagonizando una participación récord en el país. No es para menos, pues los polacos tenían que decidir si respaldar una tercera legislatura de Ley y Justicia, lo cual hubiera agravado la quiebra del Estado de derecho y distanciado aún más al país de las instituciones europeas, o decantarse por la oposición liderada por la Coalición Cívica de Donald Tusk para devolver al país a la senda europea. Afortunadamente para los polacos y los europeos, el país se decantó por Tusk.

Recordemos que Polonia es la sexta economía europea. Desde su entrada a la UE en 2004, su PIB per cápita aumentó más de un 130% hasta 2020 y, antes de la pandemia, estaba crecimiento a un ritmo del 5% anual. Todo ello manteniendo uno de niveles de paro más bajos de Europa, con una tasa de desempleo inferior al 3%. Polonia se ha transformado en un país de alta importancia económica para la UE y, si bien sus niveles de renta per cápita inferiores a las grandes economías como Alemania o Francia, se espera que a finales de la década haya superado a economías como la del Reino Unido. De hecho, en el último hemos visto importantes inversiones de empresas como Microsoft o Northvolt, que nos pronostican una futura gran relevancia del país para la economía europea.

Por desgracia, en la última década, Polonia lleva causando más de un quebradero de cabeza para la gobernanza europea. Las tendencias iliberales del gobierno de Ley y Justicia, colonizando las instituciones del poder judicial y haciéndose con el control de los principales medios de comunicación locales, llevan causando una gran preocupación en Bruselas. Sin embargo, la UE ha tenido las manos prácticamente atadas ante la situación. La alianza entre Polonia y Hungría ―que, bajo el gobierno de Orbán ha visto una erosión de su Estado de derecho incluso mayor que la polaca― ha impedido la aplicación de sanciones severas. Gracias a la necesidad de la unanimidad en el Consejo Europeo, ambos países se cubrían las espaldas vetando las medidas que perjudicaran a su socio. En consecuencia, la UE ha tenido que contentarse con el bloqueo de fondos a Polonia, congelando unos 35 mil millones de euros provenientes de fondos de resiliencia.

Todo ello hace que la victoria de Tusk el pasado domingo haya provocado más que un suspiro de alivio en el continente europeo. Si bien la coalición liderada por Ley y Justicia se hizo con el mayor porcentaje de votos (35%), la suma de los partidos opositores Coalición Cívica (30%), Tercera Vía (14%) y la Izquierda (8%) les aporta una mayoría absoluta en ambas cámaras ―248 sobre los 230 necesarios en el Sejm (cámara baja) y 53 sobre los 50 necesarios en el Senado―. Por tanto, todo apunta a que volverá a gobernar Donald Tusk quien, además de haber sido presidente del Consejo Europeo entre 2014 y 2019, había sido previamente primer ministro polaco entre 2007 y 2014. Con él, se espera que Polonia revierta los deterioros causados por Ley y Justicia en las instituciones y el Estado de derecho del país y que consiga restablecer las buenas relaciones con Bruselas.

No obstante, no todo va a ser tan fácil como parece. En primer lugar, se prevé que el nombramiento de Tusk se puede dilatar hasta comienzos de 2024 si el encargo recae primero en Morawiecki (Ley y Justicia), lo cual es probable teniendo en cuenta que el presidente Duda dejó caer que se inclinaría por esta opción. En segundo lugar, la formación de gobierno no será tarea sencilla. Debido al sistema electoral polaco, los tres partidos de oposición son, en verdad, coaliciones de partidos. Esto significa que un hipotético gobierno presidido por Tusk consistirá en una coalición de coaliciones que aglutinaría desde conservadores cristianos hasta miembros de izquierda radical. Algunos puntos de conflicto serán la posición sobre el aborto y la disputa en torno a la influencia que debe tener la Iglesia en las instituciones. En tercer lugar, aun cuando logré formar gobierno, Tusk tendrá que enfrentarse al veto del presidente Duda (Ley y Justicia). Dicho veto solo puede sobrepasarse con el apoyo 2/3 del Sejm (parlamento polaco), con el cual Tusk no cuenta. A lo que suman también posibles tensiones con instituciones controladas por miembros afines a Ley y Justicia como el Tribunal Constitucional o el gobernador del Banco Central.

Pese a todas las dificultades, si Tusk logra ser investido como primer ministro polaco, esto supondrá un soplo de aire fresco para Europa. No solo porque demostrará que las regresiones democráticas no son irreversibles, sino porque dejará a Orbán aislado en el Consejo Europeo y, sin su socio principal, tendrá que acatar las consecuencias de haber llevado a su país a una situación que muchos califican como democracia iliberal. Por tanto, la victoria de Tusk representa un atisbo de esperanza para Europa, quien recupera un socio clave y establece un dique de contención antes las amenazas populistas en el continente europeo.

Iván Sánchez Marañón es estudiante de Filosofía, Política y Economía (PPE) en la Universidad de Navarra y secretario de Equipo Europa Navarra

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