Aceite
El trujal de Larraga pasa a integrarse en la cooperativa San Isidro
El proceso de fusión ha permitido la renovación de la maquinaria del trujal y optimizar recursos compartiendo servicios y oficinas en la cooperativa


Actualizado el 30/12/2025 a las 18:22
La trujal de Larraga, cuyas instalaciones en el casco urbano de la localidad se habían quedado limitadas para su crecimiento y modernización, ha pasado a integrarse en la Cooperativa Agrícola San Isidro de la localidad, una entidad con amplia trayectoria en el municipio, que a día de hoy aglutina a trescientos socios y socias y que durante décadas ha sido pilar del desarrollo agrícola en la localidad raguesa. La cooperativa, según indican, ha sabido evolucionar para dar así respuesta a las nuevas necesidades del territorio, incorporando servicios integrales que abarcan desde el suministro de insumos hasta asesoramiento técnico especializado.
Y fue en 2024 cuando comenzaron a darse los primeros pasos de la integración en la cooperativa del trujal que se había quedado sin posibilidad de crecer. Las instalaciones de la cooperativa, ubicadas en la carretera Lerín de Larraga, contaba con el espacio y la capacidad de inversión necesarias para el traslado del trujal. “Estas iniciativas demuestran que la cooperativa sigue viva y activa”, expresa su gerente, Carlos Suescun al referirse a una integración que ha permitido transformar un trujal orientado al autoconsumo permitiéndole iniciar una nueva etapa de innovación y comercialización conjunta de aceite de oliva virgen extra.
Las actuales instalaciones reciben las aceitunas diaramente en el patrio del trujal y, tras su limpieza, pesaje y retirada de hojas, pasan directamente a molturación el mismo día de la recogida. “Es un factor clave para preservar sus cualidades organolépticas”, señalan. El proceso continúa con el batido de la masa, la separación del aceite mediante contrifugación y su posterior almacenamiento en depósitos de acero inoxidable, donde se clasifica según calidad. La modernización, añaden, ha supuesto un salto significativo en capacidad y rendimiento. “De una molturación máxima de 30.000 kilos en 24 horas en el antiguo trujal se ha pasado a una capacidad de 3.500 kilos por hora”, subrayan.
Economía circular
Al nuevo trujal se le ha querido dar un enfoque de economía circular y por eso durante el proceso se separan el alperujo y el huesillo. El primero, explican, se externaliza para su reutilización y el huesillo se emplea como combustible para alimentar la caldera del propio trujal, cubriendo las necesidades térmicas del proceso, el agua caliente sanitaria y las tinas. Este modelo, prosiguen, ha permitido al trujal participar en proyectos innovadores impulsados junto a UCAN, como Reolive, orientado al aprovechamiento del orujo para la elaboraciónd e jabón, reforzando el compromiso ambiental y la eficiencia en el uso de recursos.
El comienzo de esta nueva etapa del trujal ha sido “muy positivo” ya que en la campaña de 2025 se han recepcionado 360.000 kilos de aceituna frente a los 256.000 que se recibieron en la pasada campaña de 2024. “En los pueblos pequeños funciona sobre todo el boca a boca. Por eso es tan importante hacerlo bien y generar confianza. Una confianza que hoy se traduce en crecimiento y una mirada hacia el futuro y es que con las instalaciones actuales la cooperativa podría llegar a duplicar su producción”, concluye.
Mirabuenas, una marca propia de aceite virgen extra
La integración del trujal en la cooperativa ha permitido un paso más hacia la comercialización directa al consumidor final creando Mirabuenas, una marca propia de aceite virgen extra con una denominación que alude a la zona donde están los olivares. La gama, explican, incluye tres variedades: arbequina, picual y arróniz y nace con la vocación de convertirse en una referencia de calidad. “Primero en Navarra y, progresivamente, en otros mercados”, indican.