Cierre de BSH
La incertidumbre pone a prueba la salud mental de los trabajadores de BSH Esquíroz
Aumentan los casos de ansiedad y depresión entre las 655 personas que trabajan en la planta de electrodomésticos


Actualizado el 17/06/2025 a las 23:52
Las 655 personas que trabajan en BSH Esquíroz han vivido los últimos seis meses, desde que se anunció la decisión de cierre de la factoría de frigoríficos y lavavajillas de Balay, Bosch y Siemens, una auténtica montaña rusa emocional. Del estupor inicial pasaron a la rabia, pero el paso del tiempo ha ido haciendo mella en la salud mental de la mayoría. Aunque mantienen la energía suficiente para seguir luchando, admiten también que el sufrimiento acumulado va pasando factura.
Raúl González Sánchez, empleado de BSH Esquíroz: “Pensé que aguantaría, pero ha podido conmigo”
A sus 43 años, Raúl González Sánchez tiene ante sí un panorama poco tranquilizador. Tras 23 años trabajando en BSH Esquíroz, admite que la incertidumbre le ha carcomido: “Los primeros meses creí que lo iba a aguantar sin problemas, pero al final la situación puede contigo”. Asegura que ya no puede dormir bien y que “el agobio” está cada día más presente. Eso se traduce en la incapacidad para concentrarse y se está planteando acudir al médico.
Admite que él y sus compañeros ya no esperan “nada de esta multinacional”, que solo les ve como “un número” y que ha demostrado que “no tiene corazón” ni quiere saber de ellos. Pese a que ya llevaban años viendo cómo la producción se iba llevando “a Turquía y a Polonia”, reconoce que no esperaban de ninguna forma el “jarro de agua fría” que les echaron el 16 de diciembre de 2024.
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Ainara Asirón Herrera, empleada de BSH Esquíroz: “Cada vez está cayendo más gente con ansiedad”
Ainara Asirón Herrera está convencida que “habrá que pelear mucho” durante los próximos treinta días para salir lo mejor parados posible teniendo en cuenta las circunstancias. A sus 48 años, se queda en una situación laboral muy complicada, ya que en BSH Esquíroz también trabaja su marido con el que tiene un hijo de siete años. Por el momento, no están buscando otro trabajo a la espera de ver cómo termina la negociación con la multinacional para cobrar una indemnización.
“Después voy a necesitar un tiempo para recomponerme tras todos estos meses, que están siendo muy duros, con muchos nervios y mucha incertidumbre”, explica. Señala también que, conforme está llegando el día del cierre, cada vez está cayendo más gente con problemas de ansiedad y depresión. La propia Ainara Asirón admite que ella misma está medicada.