La retirada del inversor belga complica la continuidad de Sunsundegui en Alsasua

El futuro de la carrocera de autobuses y sus 341 empleados, al límite tras notificar Dumarey que no pretende realizar ninguna oferta vinculante

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Natxo GutiérrezCarlos Lipúzcoa

Actualizado el 28/03/2025 a las 21:17

La retirada anunciada este viernes por la compañía belga Dumarey a la dirección de Sunsundegui en su intento de reflotar la actividad con una inyección económica compromete el futuro de la carrocera de autobuses de Alsasua. El anuncio de su desvinculación de las conversaciones mantenidas en los últimos meses, sin fraguar en una oferta vinculante, deja en una situación límite a la empresa de Sakana. La sociedad pública Sodena supo por fuentes de la dirección del abandono de Dumarey como posible inversor. Su decisión fue conocida por un sector del comité de empresa para luego extenderse al conjunto de la representación de los 341 operarios que integran la plantilla.

La novedad confirmada supone un duro mazazo porque, como recogía el informe de la administración concursal, la amenaza de liquidación y despidos del conjunto de la plantilla pesaba sobre la carrocera si no se formalizaba una oferta vinculante con carácter inminente.

Dumarey -de acuerdo al propio informe- había planteado adquirir los activos de la firma alsasuarra por 3,5 millones. De esta cantidad, “2 millones para todos los bienes inmuebles, excluyendo los pasivos ambientales, y 1,5 millones para todos los demás activos, como equipos, existencias propiedad intelectual, herramientas, proyectos, etc”. La suma de los 3,5 millones era notablemente inferior a la valoración total del activo, recogido en el informe, que asciende a 27.384.399,46 euros. Por su parte, el pasivo reconocido en la lista de acreedores asciende a 50.213.965,45 euros. Son 260 las empresas, entidades financieras y entes públicos los que integran la lista de acreedores, según la administración concursal.

MAREANDO LA PERDIZ

Sin embargo, Dumarey no había presentado un plan industrial que augurase un porvenir al crítico estado de Sunsundegui. Como decía la administración concursal: “Han transcurrido cuatro meses desde la declaración de concurso y no se dispone de nada por escrito, por lo que todo parece indicar que el proceso finalizará en la liquidación de los activos de Sunsundegui y la tramitación del ERE extintivo de la plantilla, con los datos de los que dispone la administración concursal en este momento”.

Dumarey aparecía como una de las últimas alternativas -entre la veintena de empresas interesadas- para retomar la actividad en un punto de producción paralizado desde finales del año pasado. Su dirección solicitó en noviembre la declaración de concurso de acreedores voluntarios en la confianza de buscar un inversor, cosa que hasta el momento no se ha producido. La retirada de la compañía belga provocó este viernes una reacción de asombro y frustración, toda vez que hasta en la víspera el propio consejero de Industria, Mikel Irujo, mantenía la esperanza de reconducir la situación. Como dijo en el parlamento, “los contactos y esfuerzos por llegar a un acuerdo con el posible inversor” se mantenían intactos. Trastocados sus planes con la última novedad de Dumarey, Industria planteará reunirse el lunes con el comité de empresa para analizar el nuevo escenario, que deja a Sunsundegui en una situación más que comprometida. La sucesión de reveses, incluida la ruptura del contrato con Volvo para fabricar dos modelos de autobuses de última generación, no ha hecho sino acentuar el pesar entre los trabajadores y en Sakana en su conjunto.

Dudas por las demandas por amianto y la contaminación del suelo

El grupo belga Dumarey había expresado el 27 de febrero de este año a las administradores concursales las dudas que, según cabe deducir del informe técnico, les impedían presentar una oferta vinculante por Sunsundegui y, finalmente, les ha llevado a renunciar a la operación de compra de la unidad productiva. Según expresó el máximo responsable de Dumarey a través de un correo electrónico, aunque el interés de este grupo era “cierto y real”, no tenían claros aspectos como “la valoración de los activos” o “los datos relativos a la contaminación del suelo”, esto último en referencia a que existían restos de gasoil por culpa de un viejo depósito de combustible sin uso desde hace treinta años.

A ello sumaban la exigencia de una “inequívoca y definitiva exclusión [...] de cualquier responsabilidad que pudiera surgir en relación con la contaminación del suelo o con los efectos del amianto en la salud de los trabajadores”. Dumarey señalaba que, pese a su insistencia “en la definitiva resolución de estas cuestiones”, seguían sin estar “claras las respuestas”. Ello les impedía “adoptar la decisión definitiva” pese a su interés por Sunsundegui. El grupo belga intentaba así presionar para que se les otorgaran unas garantías que, según destacan las administradoras concursales, no era posible proporcionar. “Sobre necesidad de información acerca del tema del amianto y de la posible contaminación del suelo, se les ha facilitado la información de la que dispone Sunsundegui y que se ha detallado en este informe”, apuntaban.

El informe técnico recordaba que Dumarey no tenía por qué hacerse titular de las instalaciones con la adquisición de la unidad productiva de Sunsundegui, ya que podrían plantearse otras opciones como “un arrendamiento industrial con un amplio plazo”. A las administradoras concursales les despertaban más dudas el acceso a la financiación de los belgas, ya que, al preguntarles sobre las entidades bancarias con las que trabajaban, les sorprendió que mencionaran a Banco Santander y Caja Mar, dos entidades con las que no trabajaba habitualmente Dumarey. “Habrá que analizar el nivel de apoyo financiero con el que cuentan y qué empresa o quien está detrás de la oferta”, expresaban a modo de duda en el informe técnico. Todo ello llevaba a las administradoras concursales a dudar hace semanas de que Dumarey fuera a ser la solución. 

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