Maneras de emprender

El joven que ha abierto una nueva tienda de dulces en Ablitas: "Me veo manteniendo este negocio toda la vida"

Nacho Cerreduela Pérez fundó en diciembre, cuando aún tenía 19 años, Dulces El Potro, un negocio que toma su nombre del mote de su sobrino

Nacho Cerreduela Pérez señala su ojo, cubierto por una chuchería de huevo frito, en el interior de su negocio
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Nacho Cerreduela Pérez señala su ojo, cubierto por una chuchería de huevo frito, en el interior de su negocioBlanca Aldanondo
Nacho Cerreduela Pérez señala su ojo, cubierto por una chuchería de huevo frito, en el interior de su negocio

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Javier Estévez

Publicado el 14/03/2026 a las 05:00

La falta de relevo generacional, como ocurre de manera frecuente, ha obligado al cierre en los últimos años de dos tiendas de chuches en Ablitas. Ahí encontró un nicho de mercado. Las persianas de un local en el número 1 de la calle Las Escuelas llevaban “mucho tiempo” bajadas. Ahí encontró un espacio. Ambos factores, junto a su deseo de emprender “porque es muy difícil encontrar un trabajo que no sea temporal o de ETT en la Ribera baja”, llevaron a Nacho Cerreduela Pérez (Vitoria, 12 de diciembre de 2005) a fundar el pasado mes de diciembre Dulces El Potro, nombre que toma del mote de su sobrino. “Es el pequeño de la casa, tiene dos años y medio. Espero que cuando sea grande le guste la tienda”, se pone como objetivo el joven, que reside desde que tiene cinco años en la localidad próxima a la muga con Aragón.

El negocio de dulces —donde vende chucherías, pan, paninis, napolitanas y café, entre otros productos— es su primera experiencia al cargo de una empresa, aunque no su primer trabajo. De hecho, Cerreduela comenzó a construir su currículum profesional cuando todavía era menor de edad. “No me gustaba estudiar, pero trabajar me ha gustado siempre”, reconoce, y por eso se unió con 17 años al equipo de la bocatería Zeta-Jones, en el mismo pueblo que le vio crecer y donde permanece. Allí aprendió a “tratar con la gente” y se encontró con una jefa, Yolanda Zardoya, que vio en él a una persona con futuro en la hostelería. “Me ayudó mucho. Empecé sin saber nada y ella me enseñó”, agradece Cerreduela, que con 18 años comenzó a compaginar su trabajo en el bar con sus labores de mantenimiento en SKF (en Tudela) y de operario en Uvesa (en la capital ribera) y en Palacios (en Buñuel). “Cuando cogía vacaciones en la fábrica [SKF], me iba a otra”, explica.

Es algo que ya no puede hacer porque el término ‘vacaciones’ ha dejado de formar parte de su diccionario. Desde la inauguración de Dulces El Potro, hace tres meses y medio, Cerreduela solo ha cerrado su negocio seis días: los cuatro martes de febrero y los dos de marzo que han pasado ya. Permaneció abierto, por tanto, durante las Navidades. “El 24, el 25, el 31 [de diciembre], el 1, el 6 [de enero]… Todos los días estuvo abierto”, sostiene el dueño de la tienda, que aquellas fechas disparó sus ingresos porque el suyo era de los pocos negocios con actividad en la zona. “Los días 25 y 1 estaba todo cerrado y él se buscó la vida para traer pan. Normalmente se venden 20 barras, pero aquellos días fueron 150. Nos quedamos sin pan”, explica Bonifacio Miguel Cerreduela Motos, padre del primer emprendedor de la familia.

"MUCHA CLIENTELA FIJA"

Aquellos días, afirman ambos, sirvieron para que más personas conociesen la recién abierta tienda, que tiene “mucha clientela fija”. “Aquí vienen todos, mayores y jóvenes”, asegura Cerreduela. Los de más edad suelen comprar bolsas de patatas y regalices, y los más pequeños pasan por Dulces El Potro cuando salen del Colegio Público San Babil o del espacio joven y las peñas de la localidad. Para ellos pone a la venta dulces que, afirma, son difíciles de encontrar en tiendas similares a la suya y que, en algunas ocasiones, se popularizan a través de redes sociales o ya frecuentan los negocios de grandes ciudades. “A mí me pasó con una golosina de guindilla picante. La comí en Salamanca, la buscamos y la trajimos a Ablitas”, señala el progenitor. “Lo que me piden los clientes, lo traigo”, apostilla Cerreduela.

Para mantenerles satisfechos hace un esfuerzo que, afirma, se extiende cada día durante diez, doce o hasta quince horas. “Es un cabezón. Cuando se pone a hacer una cosa, la tiene que acabar bien”, alaba su padre. Y, a pesar de que dispone de poco margen para dedicarse a otros asuntos, Cerreduela está satisfecho con su nuevo estilo de vida. De hecho, no le resulta ajeno destinar tanto tiempo al trabajo: mientras compaginaba varios empleos, su jornada laboral se extendía, casi como ahora, de lunes a domingo, si bien trabajar para sí mismo le ha dotado de “libertad horaria”. Por eso mismo, el joven emprendedor avisa: “Me veo manteniendo este negocio toda la vida”.

DNI
​José Ignacio Leopoldo Cerreduela Pérez, conocido como Nacho, nació en Vitoria el 12 de diciembre de 2005, aunque desde que tiene 5 años vive en Ablitas. Nieto de Marina Motos Bermúdez, hijo de Bonifacio Miguel Cerreduela Motos y Carmen Pérez Villalobos y tío de Hugo Salazar Cerreduela, ‘El Potro’, estudió durante Infantil y Primaria en el Colegio Público San Babil de la localidad ribera y cursó Secundaria en el IES Valle del Ebro, en Tudela, aunque no la completó. Con 17 años encontró trabajo en la bocatería Zeta-Jones, en el pueblo que le vio crecer, y a partir de los 18 compaginó este empleo con los de mantenimiento en SKF (donde estuvo a las órdenes de Francisco Berlanga Pons, “una persona maravillosa”) y de operario en Uvesa y Palacios, todos en la Ribera navarra. Dejó el bar y las fábricas antes de abrir en Ablitas su primer negocio, la tienda Dulces El Potro, el pasado 1 de diciembre.

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