Desafíos de Navarra
La industrialización de los años 60: Cuando Navarra cambió de arriba abajo
Diario de Navarra continúa la serie ‘Desafíos de Navarra’, que este mes dedica a la industria. En este caso, el desafío es echar la vista atrás para conocer la razón del peso que hoy tiene la industria en Navarra


Publicado el 14/06/2026 a las 05:00
Importante y extraordinario. Son los adjetivos que utilizó el diputado Miguel Javier Urmeneta en 1964 para referirse al Programa de Promoción Industrial (PPI) que presentó a los medios de comunicación el 11 de abril de ese año y que se publicó en Diario de Navarra el 12 en portada. Había sido aprobado el día anterior, el 10 de abril de 1964, por la Diputación que había salido de las elecciones que se habían celebrado en marzo. La nueva corporación, recién constituida el 2 de abril, quiso inmediatamente aprobar el plan. Algo que fue posible, como señaló Urmeneta en su comparecencia ante los medios de comunicación, gracias al trabajo previo del vicepresidente, Félix Huarte, y del citado diputado Urmeneta, quienes llevaban el plan bajo el brazo cuando llegaron a la Diputación.
Más de 60 años después, la industria navarra emplea a 74.000 personas en el sector industrial (datos 2025), el 24% del empleo total, en 3.442 empresas. La industria es el principal sector de la economía foral con una aportación al PIB del 26,7%, superior al porcentaje nacional. Poco podían imaginar sus impulsores que el programa que estaban aprobando en 1964 estaba poniendo las bases para cosechar hoy esas cifras. Porque este Programa de Promoción Industrial, que se alargó durante 17 años, fue el causante de la transformación de una Navarra agrícola en otra industrial. Por eso, cuando desde distintos ámbitos se reclama la necesidad de una reindustrialización es obligado mirar hacia atrás y ver qué hicieron y cómo lo lograron aquellas personas que dieron la vuelta total a la sociedad navarra. “Cambiamos Navarra de cabo a rabo”, resumió Luis Doria, ya fallecido, que fue director de Industria de la Diputación entre 1964 y 1978 . Joaquín Gortari, subdirector de Industria en esos mismos años y también ya fallecido, definió esta transformación “como una especie de revolución en la industria navarra”.
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EL OCTAVO POLO
No eran tiempos fáciles los de 1964. En plena época franquista, una Navarra básicamente agrícola y tradicional veía como quedaba marginada del Primer Plan de Desarrollo estatal que había impulsado desde el gobierno nacional el jurista Laureano López Rodó y su equipo de tecnócratas. Este plan tenía como objetivo la constitución de diferentes polos industriales en España en los que se preveía el desarrollo de polígonos industriales y la concesión de incentivos que atrajeran la iniciativa empresarial. Entre los 7 diferentes polos industriales que se definieron Navarra no estaba incluida. “Para nosotros era una competencia impresionante”, recordaba Gortari, en 2014, con motivo del 50 aniversario del PPI.
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Ante esta situación, Navarra no se quedó sentada a mirar con envidia a su alrededor. Muy al contrario, un grupo de personas apostó por hacer su propio plan al que llamaron Programa para diferenciarlo del Plan Nacional. Por eso, por esa ausencia en los planes nacionales y por la ambición del plan foral, Navarra fue considerado el octavo polo de desarrollo, como tituló Diario de Navarra en su primera página del 12 de abril de 1964: “Lo que Navarra ha creado con este programa por las facilidades y la protección que se da en él a la industria es una auténtico Polo de Desarrollo, que viene a a sumarse a los 7 decretados por la Administración Central”.
¿Cómo lo hicieron? Buscando los recovecos que dejaba la legislación estatal y utilizando la autonomía fiscal de la Comunidad foral. Una década después había 200 empresas industriales acogidas al plan para crearlas nuevas o para ampliarlas y casi 20.000 nuevos empleos en este sector.
El citado Joaquín Gortari, subdirector de industria entonces, lo explicó claramente con motivo del 50 aniversario del PPI. “Navarra no podía en principio implantar algo así porque iba en contra del Estado. Entonces no había constitución, pero sí un régimen especial, el de Franco. Aquello fue jugarse en una partida de mus el régimen foral de Navarra porque, a pesar de esta prohibición, se echó un órdago al gobierno de la nación. Navarra no podía hacerlo, la Diputación foral en su conjunto lanzó un derroche de valentía ante el Estado. Creo que Huarte había hecho gestiones previas, pero no le habían dado total garantía, todo podía suceder. Confiaban en que Franco no pondría obstáculos porque sí se sabía que Franco había dicho en más de una ocasión: ‘A Navarra, dejadla en paz’”. Sin duda pesaba que Navarra hubiera apoyado el levantamiento en 1936.
Este plan se basaba en un principio claro: favorecer las inversiones en Navarra y lograr una expansión industrial equilibrada en todo el territorio foral; evitar la emigración de la población navarra, cuando Navarra era una comunidad esencialmente emigrante; fomentar puestos de trabajo con mano de obra cualificada, así como atraer capitales foráneos. El programa se sustentó en la capacidad foral de ofrecer subvenciones y exenciones fiscales a la creación y ampliación de empresas. Los beneficios alcanzaban a proyectos a partir de una inversión de un millón de pesetas y de la creación de 10 empleos. Unas ayudas que se completaban con un plan de inversiones públicas en comunicaciones, polígonos industriales y formación profesional.
El resultado perseguido se consiguió a pesar del riesgo competencial que podía haber con el Estado. A pesar también de las propias disensiones dentro de la Diputación, formada por siete diputados, donde había diferentes sensibilidades y donde las ideas renovadoras no siempre fueron bien acogidas por los sectores más tradicionalistas. Las dificultades se superaron y los objetivos se lograron gracias, entre otras razones, a la agilidad con la que se tomaban las decisiones.
La influencia que tendría este Programa de Promoción Industrial (PPI) la dejó escrita el citado editorial de Diario de Navarra: “La piedra fundamental para un futuro económico de Navarra, totalmente distinto a la realidad actual, está ya puesta. Ahora, entre todos, tendremos que levantar el edificio de nuestra economía integrado en el gran desarrollo español”.