Industria
Trucos para rebajar el coste de los aranceles
No hay forma de escapar a los impuestos a las mercancías que llegan a suelo estadounidenses, pero existen fórmulas que pueden ayudar a rebajar significativamente la factura final o diluir los gastos a lo largo del tiempo


Publicado el 11/06/2025 a las 05:00
La guerra arancelaria desatada por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, el pasado 2 de abril representó “una patada en la mesa”, según las palabras del experto Alejandro Arola, que mandó al traste todas las reglas de juego del comercio internacional. Fue el intempestivo método para “meter el miedo en el cuerpo” y obligar a aliados y rivales a negociar acuerdos para acabar con la históricamente negativa balanza del país norteamericano. Este inamistoso gesto, entre acusaciones de maltrato comercial hacia Estados Unidos por parte de la Unión Europea, se aprovechaba de la posición dominante de la primera potencia mundial y gran mercado mundial.
La tregua de 90 días, aplicada como muestra de buena voluntad de cara a las negociaciones entre la Comisión Europea y las autoridades norteamericanas, supone un alivio transitorio que rebaja al 10% unos aranceles que resultaban inasumibles. Arola, que participó en una jornada sobre la situación actual en la Cámara Navarra, recordó que el gobierno de Trump había recurrido a la legislación de emergencia que permite al presidente adoptar decisiones puenteando los controles del Congreso. Los aranceles son solo una pequeña parte de las 150 órdenes ejecutivas firmadas por el magnate neoyorquino, cuya lectura se limita a reproducir el programa electoral con el que se presentó a las elecciones.
Pese al recorte de los aranceles generales a la Unión Europea, lo cierto que sigue pesando sobre las exportaciones de hierro, acero y aluminio, así como sus manufacturas, un sobrecoste del 25%. La excepción establecida a los fabricantes de coches para piezas y componentes desde México y Canadá parecía abrir una ventana de oportunidad para las empresas del sector europeas, pero pronto quedó claro que las normas de origen presentes en el acuerdo T-MEC no lo iban a permitir. De hecho, las órdenes ejecutivas mencionaban explícitamente que las aduanas debían vigilar con celo las importaciones para evitar que se intentaran soslayar los aranceles. El reciente acuerdo con Reino Unido y la desescalada con China alimentan un cierto optimismo pese a la imprevisibilidad de Trump.
Posibilidades de alivio
Con la certeza de que va a ser inevitable hacer frente a los aranceles en los próximos meses, ya que se espera que las negociaciones se dilaten durante más de un año, Arola expuso distintas fórmulas para mitigar al menos parcialmente la factura final. Uno de los resquicios está en la excepción parcial para aquellos productos que incluyan al menos un 20% de valor norteamericano, porcentaje sobre el que no se aplicaría el impuesto a la importación. Más suculento puede resultar la interpretación del sistema de valoración en aduanas. Se trata de un sistema mundial firmado por 183 países del mundo, entre los que están Estados Unidos y los miembros de la Unión Europea, que establece la base para el cálculo del arancel.
Por ejemplo, una maquinaria importada desde España podría descontarse el coste de instalación de ese cálculo al tratarse de un servicio. También son descontables los gastos de mantenimiento, los costes de transporte o los seguros. Todo ello puede representar un ahorro real que puede rondar un 25% del coste de los aranceles, un pellizco nada desdeñable en el momento actual. Esta estratagema no era beneficiosa en un entorno de bajos aranceles, ya que resultaba más gravoso todo el trabajo y la burocracia que conllevaba, pero ahora puede compensar. Según Arola, la clave para sacar provecho está en presentar en aduana las facturas desglosadas como justificación para minorar los aranceles, ya que no sirve de nada un cálculo estimado de estos costes.
Otro de los trucos para aliviar la carga arancelaria consiste en el uso de los depósitos aduaneros en destino. Mientras la mercancía no salga de los mismos, no se aplica el arancel, por lo que puede ser un método para aprovechar ventanas de oportunidad que puedan presentarse durante las negociaciones, como una reducción temporal de los costes. Es también la forma de diluir el impacto de los aranceles en el tiempo. El abanico de artificios para minorar los aranceles incluye también la utilización de regímenes aduaneros suspensivos. Este concepto permite la importación de materiales siempre que el producto final en el que se integren termine exportándose. La normativa al respecto ha ido flexibilizándose y permite a las empresas abonar los aranceles correspondientes solo a la parte que finalmente no se termine por vender en el exterior.
Optimizaciones específicas
Aquellas empresas habituadas a exportar a Estados Unidos han desarrollado automatismos que ahora habría que revisar. En concreto, puede que la clasificación de la manufactura haya cambiado con los años y pueda aplicarse una partida más beneficiosa en las actuales circunstancias. Por ejemplo, es más ventajoso pagar el arancel correspondiente a una piezas de aluminio que se integra en un radiador de automóvil que como pieza de aluminio sin más. Debe documentarse muy bien que no se trata de productos genéricos con más de un uso, sino que deben ser específicos e irreemplazables. Puede existir la tentación de forzar este artificio mediante la elección de una partida arancelaria inadecuada, por indicación del cliente, con la esperanza de que cuele en aduanas, pero se afronta un gran riesgo de sanción por parte del exportador y no es recomendable.
La utilización de terceros países que cuentan con un régimen aduanero favorable como puente a Estados Unidos para la exportación es otra posibilidad. Para ello, se requiere que en este país puente debe realizarse una transformación sustancial del producto, no vale con cumplir el expediente. Los dos países puente de los que más se habla son Turquía y Marruecos, lugares a los que habría que exportar productos semielaborados para, una vez allí, proporcionar una aportación de valor significativa. Esta fórmula requiere un control sobre las normas de origen que aplica Estados Unidos para evitar sustos. Estos últimos también se aplican para manufacturas europeas que incorporan piezas de origen chino, sobre las que pesan aranceles más gravosos.
La guerra arancelaria aumenta el coste de los fletes
Puede parecer contraintuitivo, pero lo cierto es que la guerra comercial declarada por la administración Trump al resto del mundo ha provocado también un aumento del coste de los fletes. El incremento arancelario redujo el tráfico marítimo entre China y Estados Unidos, por lo que, por lógica, una menor demanda debería haberse reflejado en un menor precio, pero sucede al contrario. Al requerirse menos servicios de transporte, los costes del flete se distribuyen entre menos contenedores. “Es como alquilar un autobús de sesenta plazas y pagarlo entre dos”, explica el experto en comercio internacional Alejandro Arola. La consecuencia ha sido un aumento de los precios de entre el 25% y el 30%.
Los graves riesgos de las exportaciones ‘ex works’
Una de las fórmulas más cómodas para exportar es conocida bajo la denominación de ‘ex works’. Básicamente, el cliente es el que se encarga de todo el proceso y el papeleo. La transacción se limita a la entrega de la mercancía directamente de almacén, sin aduanas ni trámites farragosos. Sin embargo, este procedimiento implica importantes riesgos para la empresa vendedora y puede derivar en cuantiosas sanciones. Si toda o una parte de la mercancía termina por quedarse en suelo de la Unión Europea, como ha llegado a pasar, las autoridades tributarias irán contra el vendedor por el pago del IVA. Será el momento en el que los inspectores reclamen los papeles de la exportación cuando el infeliz empresario se dé cuenta que no los tiene y comiencen los desesperados intentos por contactar con el cliente. El ‘ex works’ cuenta con un peligroso atractivo, pero supone la pérdida de control del proceso exportador.