Obituario
Jesús Ibáñez Ardanaz, empresario y ejemplo de amor al trabajo


Publicado el 18/03/2025 a las 05:00
El pasado día 14 falleció en Pamplona el empresario Jesús Ibáñez Ardanaz a los 97 años. A sus 10 hijos, 21 nietos y 22 biznietos, mi condolencia. Su longevidad le permitió ver como le precedieron su esposa Mª Dolores Solano y cinco de sus hermanos.
Para una persona con religiosidad tan arraigada y amante de los suyos el dolor de las pérdidas fue un ejercicio ascético de reconsideración de su propia vida y de esperanza en Dios apoyado en la gran familia que había formado. Su ejemplo de vida fue la de una fe con obras, no sólo con rezos, basada en la redención por el trabajo y el esfuerzo, trabajando para la mejora colectiva de su numerosa familia y el conjunto de la sociedad.
Como creía en los valores personales y colectivos de honestidad y profesionalidad sobre la base de la cultura, la formación humana y espiritual en los principios cristianos, humanistas y sociales los encomendó a la Fundación Ibáñez-Solano que creó con su esposa.
Por varias relaciones familiares próximas recuerdo a Jesús y Mª Dolores, hija de un conocido procurador y de una de las hermanas Ostiz, lo mismo que a su hermana Mª Josefa y al rochapeano “Albertico” Clavería, el hijo de la señora Raimunda, como les llamaba mi madre, que nos lo ponía de ejemplo de chico inteligente, trabajador con espíritu de superación. Con todos tuvo mi padre mucha relación por trabajar en la farmacia de Sánchez Azcona, y para ellos fui el “hijo de Tomás y de Teresa”.
Cuando, ya adulto, me encontré con Jesús, era una persona con muy importante trayectoria empresarial iniciada a los 18 años en la carpintería mecánica Aristu y Cia S.L., y en el negocio familiar de Maderas Ibáñez en la calle Nueva y la carretera de la Longaniza. En la época de la industrialización, de las migraciones internas y de necesidad de viviendas de protección oficial formó en 1963 la empresa Avanco S.A., que con el apoyo y estímulo de los programas públicos promovió un “plan de extensión” en Barañáin, que fue capaz de absorber una gran parte de la demanda en buenas condiciones de precio y financiación.
Este tipo de actuaciones y la promoción de vivienda libre lo realizaron en Gipuzkoa, Zaragoza, Madrid, Sevilla y Málaga con la sociedad familiar Ibher S.A. constituida en 1970, pasando a construir en Hispanoamérica junto con sus hijos. En Navarra fue reconocido como empresario del año (2005) y a nivel nacional recibió la Medalla de Oro del Mérito en el Trabajo (2013).
A final de los años 60 participó activamente en la fundación de la Asociación de Constructores Promotores de Navarra, siendo su primer presidente. Una entidad sin fines lucrativos, independiente de cualquier grupo político o social, defensora de los intereses profesionales de las empresas del sector en colaboración con las Administraciones. Participó en la asociación nacional creada en 1968, integrada en la CEOE y en la Confederación Nacional de la Construcción.
En 1970 entró a formar parte del Ayuntamiento de Pamplona como concejal por el Tercio Sindical, con Sáez y Caballero, ocupando la presidencia de la Comisión de Hacienda hasta que el alcalde Arregui le designó en agosto de 1977 para la de Urbanismo. Su trabajó se centró en desburocratizar la gestión, facilitar el acceso al suelo, fomentar la colaboración público-privada y en desmontar el proyecto de alguno de los concejales “sociales” de que las viviendas de Ermitagaña no fueran propiedad de las cooperativas que, cuando se disolviesen, las entregasen a sus socios, sino que sólo tuvieran un derecho de superficie temporal intransmisible sobre ellas.
El Ministerio que había cedido el polígono al ayuntamiento rechazó esta fórmula, amenazando con la reversión, porque no tenía amparo legal y contradecía la política oficial de crear propietarios de su propia vivienda, como realizaba en toda España por medio de entidades público-privadas sin ánimo de lucro o promotores. En enero de 1977 renunció a la concejalía rechazando con otros cuatro concejales el acuerdo de izado de la ikurriña en la fachada de la Casa Consistorial, que inició la crisis del último ayuntamiento constituido por el régimen orgánico de tercios.
Su preocupación colectiva por la defensa de la identidad de Navarra desde un “navarrismo integral” le llevó a ser uno de los fundadores de la asociación cultural Unión Navarra, que era la forma en el final del franquismo de sentar las bases de una organización de naturaleza política. Fue promovida por Jesús Aizpún, con los exdiputados Echandi, Elizalde e Irazoqui y otras personas conocidas como los abogados Azpíroz y Del Burgo. El nombre y principios la vinculaban a la homónima creada por Rafael Aizpún en 1933, que formó parte de la CEDA.
Hoy su familia, que lo tenía como patriarca, sus amigos y compañeros, recordamos y despedimos a quien ha sido ejemplo para todos, a una personalidad próxima y sencilla, exponente de amor al trabajo, de obra bien hecha, sentido de la responsabilidad personal y colectiva puestas en práctica por una gran voluntad que cada día adelantaba en proyectos y esfuerzo. Nunca se dejó llevar por la tentación de facilidad, aunque siempre supo y asumió desde su fe profunda lo dicho por el poeta: “Todo nuestro vivir es emprestado. / Nada trajimos, nada llevaremos” (A. Machado, Proverbios y cantares, XXXVI).