Navarros Globales 

Una joven pamplonesa, entre molinos eólicos en Chile y Brasil

Laura Urrutia, experta en la puesta en marcha de aerogeneradores, en los dos últimos años ha trabajado en cinco parques eólicos de Chile y Brasil. Valora la experiencia de “vivir en constante cambio” cada vez que aterriza en un nuevo proyecto

Laura Urrutia, en lo alto de un aerogenerador del parque eólico Atacama de Chile
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Laura Urrutia, en lo alto de un aerogenerador del parque eólico Atacama de Chile
Laura Urrutia, en lo alto de un aerogenerador del parque eólico Atacama de Chile

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Nerea Alejos

Actualizado el 11/11/2024 a las 08:17

No es una labor apta para quienes sufran con las alturas. “La primera vez, te impresiona”, recuerda Laura Urrutia de su primera subida a la góndola (parte superior de la torre) de un aerogenerador, a 120 metros de distancia del suelo. Antes de decantarse por el sector eólico, “cuando veía los molinos en el monte, me planteaba cómo sería trabajar en un lugar así, pero nunca imaginé que terminaría subiéndome a uno de ellos”. 

Ingeniera mecánica, esta pamplonesa de 27 años ya acumula un intenso bagaje en la puesta en marcha de aerogeneradores en cinco parques eólicos de Sudamérica, concretamente en Chile y Brasil, países en los que está trabajando estos dos últimos años.

En noviembre de 2022, Laura Urrutia se incorporó a la empresa Nordex-Acciona como ‘commissioning technician’, es decir, técnica de puesta en marcha de turbinas eólicas. Tres meses después le destinaron a Chile, concretamente a la zona del desierto de Atacama, donde vivió su primera experiencia en un parque eólico. Allí estuvo cerca de tres meses, regresó a Pamplona y en junio viajó a Rio Grande do Norte, cerca de la ciudad de Natal.

Sus estancias en el extranjero duran tres meses, regresa a Pamplona durante varias semanas y después sale a un nuevo destino. Desde que era pequeña, a Laura Urrutia siempre le atrajo “el poder combinar la vida profesional con la posibilidad de viajar a diferentes lugares”. Su trabajo en los parques eólicos le permite llevar un estilo de vida que encaja bien con su carácter: “Me gustan los cambios y soy capaz de adaptarme rápidamente a cualquier circunstancia”, se describe.

En febrero de este año regresó a Chile, esta vez cerca de la ciudad de Ovalle, en la región de Coquimbo, y en junio volvió al norte de Brasil, concretamente a Araripina, en el estado de Pernambuco. Allí pasó el verano entero. En todos los proyectos suele desempeñar “las mismas funciones y tareas”, puesto que es un trabajo “muy estandarizado”.

Todo gira en torno a la puesta en marcha de las turbinas eólicas, lo que exige “una serie de tareas de revisión, puesta a punto de componentes y realizar pruebas para comprobar el correcto funcionamiento de las máquinas”, detalla sobre su labor.

Laura Urrutia, en la parte más alta de una turbina eólica, en el parque eólico Atacama (Chile)
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Laura Urrutia, en la parte más alta de una turbina eólica, en el parque eólico Atacama (Chile)Cedida
Laura Urrutia, en la parte más alta de una turbina eólica, en el parque eólico Atacama (Chile)

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Su última estancia en Brasil transcurrió en el parque eólico de Feijão, adonde se desplazó con otros cuatro compañeros de Nordex-Acciona, todos ellos de diferentes lugares del País Vasco. Allí se unieron al equipo brasileño, formado por una decena de personas de diferentes zonas de tan inmenso país. Urrutia señala que ha sido muy fácil trabajar con ellos: “Tienen mucha paciencia para enseñar y les cuesta bastante enfadarse”. Además, comparten un sentido del humor similar: “La manera de hacer bromas o de reírnos de las cosas es muy parecida. Además, la mayoría hablan español”. En Brasil, la jornada de trabajo comienza a las siete de la mañana “para aprovechar al máximo las horas de luz”. Esta jornada intensiva permite tener las tardes libres y compartir actividades deportivas con los compañeros de trabajo. “Por ejemplo, me he aficionado al crossfit”, señala como anécdota.

En cada nuevo proyecto al que se incorpora, esta pamplonesa tiene que construir su vida prácticamente desde cero: “Si eres una persona de rutinas o que tiene ya una vida muy hecha, este trabajo no es para ti. Durante los tres meses que dura cada proyecto, estás en constante cambio: cambia la zona del país, el clima, el alojamiento, las personas con las que convives, tu ritmo de vida...”, enumera. 

“En cada viaje aprendes muchísimo de ti misma”. El único inconveniente que menciona es tener que estar separada de sus seres queridos: “Cuando estás fuera pierdes tu red de apoyo, porque no están tus amigos ni tu familia. Tienes a tus compañeros de trabajo, y muchas veces te toca compartir tu tiempo libre con personas a las que tú no has elegido, así que aprendes a convivir”.

Actualmente, Urrutia se encuentra en Pamplona. De momento desconoce cuál será su próximo destino, pero se muestra encantada con su experiencia en los dos países sudamericanos. “De Chile destacaría sus precisos paisajes, la gastronomía y la cercanía y el buen trato de su gente”. De Brasil recomienda especialmente la costa de Natal, con lugares como Canoa Quebrada o Macarajaú, una zona conocida como el Caribe brasileño.

Laura Urrutia, disfrutando de la playa de Macarajaú, en el Caribe brasileño
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Laura Urrutia, disfrutando de la playa de Macarajaú, en el Caribe brasileñoCedida
Laura Urrutia, disfrutando de la playa de Macarajaú, en el Caribe brasileño

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