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Los hermanos Antoñanzas: “Vamos a invertir 2,5 millones en Gabyl y 25 en Exkal para crecer”

El grupo empresarial de la familia Antoñanzas, premiado por Adefan, cuenta con dos ramas: una industrial y otra comercial. En la primera se sitúa Exkal, como fabricante de muebles frigoríficos. En la segunda, Gabyl, de suministros eléctricos

Ampliar Jesús (izquierda) y Alfonso Antoñanzas Aranguren, en las instalaciones de Gabyl, delante de bobinas de cable
Jesús (izquierda) y Alfonso Antoñanzas Aranguren, en las instalaciones de Gabyl, delante de bobinas de cableJ. C. Cordovilla
Actualizado el 03/11/2022 a las 14:07
Han pasado gran parte de sus biografías juntos, conviviendo en su infancia y adolescencia en Funes, y en su época de estudios en el Sario, cuando residían en casa de su abuela materna en Pamplona, en la calle San Nicolás. Por eso dicen que se conocen entre ellos a la perfección y que tienen una sincronía, reconocible por cualquiera que pasa un rato con ellos, que les permite compartir y dirigir los negocios sin necesidad casi de hablarse, con una confianza total en el otro. Sí, la relación entre ellos es la que parece. “Sabemos quién es fuerte en cada actividad y dejamos actuar al otro en la parcela del negocio que domina. No necesitamos hablar mucho ni estar juntos para saber qué piensa el otro”. Lo dicen los hermanos Alfonso y Jesús Antoñanzas Aranguren, que comparten la propiedad de sus dos negocios, aunque cada uno está al frente de uno de ellos: Exkal, donde el primero es director general, dedicada a la fabricación de muebles frigoríficos para el sector comercial; y Gabyl, donde el segundo es gerente, dedicada al suministro de productos eléctricos. “Cada uno dirige una de las cabeceras del grupo, pero los dos sabemos de la marcha de ambos negocios”, explican.
La propietaria mayoritaria de todo el grupo es la familia Antoñanzas, formada por los dos hermanos, y los hijos de ambos y sus cónyuges. Alfonso Antoñanzas (23-9-1951) tiene dos hijos, que trabajan con él en Exkal: Alfonso (8 de agosto de 1977), químico y director de sistemas de gestión área de excelencia, y Daniel (16 de agosto de 1979), ingeniero mecánico y director gerente. Los hijos de Jesús Antoñanzas (10-3-1954), formados en el marketing y dirección de empresas, son Iosu (24-4-1978), que trabaja como adjunto a la gerencia con su padre, y Ion (28-12-1982), dedicado al marketing en Exkal.
1.700 TRABAJADORES
Todo el grupo empresarial, con las dos empresas cabeceras más otras subsidiarias, facturó 175 millones de euros en 2021 y cuenta con 1.700 trabajadores. Y están inmersos en las ampliaciones de sus negocios. “Vamos a invertir 2,5 millones de euros en Gabyl para doblar el espacio y 25 millones en Exkal porque se nos han quedado pequeñas las instalaciones”, señalan. Por su trayectoria y por los resultados obtenidos, la familia, incluida su primera y segunda generación, ha sido la ganadora del VI Premio Empresa Familiar Navarra, promovido por la Asociación para el Desarrollo de la Empresa Familiar Navarra (Adefan). Está previsto que el galardón se entregue el próximo 4 de noviembre. La asociación resaltó como mérito para la selección que los hermanos Alfonso y Jesús Antoñanzas han levantado un grupo “prácticamente de la nada”. “Es un grupo pionero y referente en sostenibilidad ambiental económica y social, orientado a la excelencia y vinculado siempre a la unidad familiar”, añade Adefan.
Los fundadores del grupo, que, puestos a elegir, prefieren mantenerse al margen de la exposición pública, manifiestan que en esta ocasión han aceptado el premio porque es un reconocimiento a la familia. Una familia cuya tercera generación está ya iniciándose en la empresa. Los tres nietos que tienen cada uno de los fundadores, que hasta en eso van parejos, cuentan entre 6 y 18 años y los estudiantes universitarios ya han comenzado a trabajar en el negocio. “Esperemos que esta generación continúe en la empresa. Pero hablar a más de tres años vista hoy en día es una temeridad”, señala Alfonso Antoñanzas. A lo que apunta rotundo su hermano: “Seguro que sí continúan en la empresa familiar”. Y añade refiriéndose a los nietos y sobrino nietos: “Les hemos enseñado siempre lo que hacemos, visitan las fábricas y están orgullosos de las empresas”.
EXKAL, DESDE 2006
Alfonso Antoñanzas está al frente de ‘la joya de la corona’ del grupo empresarial, Exkal. Procedente de la empresa Ibérica del Frío, fabricante de muebles frigoríficos con la marca Koxka, la puso en marcha en 2006 junto con otro exsocio y compañero ya jubilado, Jesús Ugarte Zugasti. Exkal (Exposición y Conservación de Alimentos SA) tiene la sede en Marcilla y fabrica al año 30.000 frigoríficos industriales. Es la cabecera de varias empresas relacionadas con la refrigeración y con sus componentes. Cuenta con fábricas en China, desde donde se abarca el proceso completo y en Chile, dedicada a montaje. Ambas fabrican el mismo producto que sale de Marcilla. Otra fábrica, Exkal Concept, en Valencia, fabrica un producto en el que cobra especial importancia la decoración porque van dirigidos a ‘boutiques’ o delicatessen. Además cuentan con fábricas dedicadas a componentes de los muebles frigoríficos, por ejemplo, a vidrio (con fábrica en Pamplona y Marcilla) y a condensadores y evaporadores (con fábrica en Valencia). A ello se añaden filiales comerciales en Portugal, Bélgica y Alemania. Y siguen pensando en crecer, por lo que tienen proyectos de ampliación.
“Ahora Marcilla se nos ha quedado pequeño, ya no cabemos”, dice Alfonso Antoñanzas. Actualmente la fábrica ocupa 80.000 metros cuadrados sobre una superficie de 120.00 metros cuadrados. “Hemos comprado 166.000 metros cuadrados más para construir 80.000 más. “Esto va a suponer una inversión de 25 millones entre 2023, 2024 y 2025”, señala. “En Exkal tenemos 1.300 trabajadores, de los que 850 están en Navarra. Y nuestros clientes son todas las grandes superficies, hipermercados, tiendas de conveniencia, gasolineras, tiendas de pescados, pastelerías, heladerías... Cualquier establecimiento que necesite refrigeración. Y desde Valencia fabricamos para hoteles, restaurantes y cafeterías (horeca). Facturamos 100 millones en 2021 en España, donde tenemos unos 450 clientes, y exportamos el 55% a Europa, África y América del Sur”, apunta.
GABYL, DESDE 1977
Por su parte, Gabyl comenzó a funcionar en 1977 impulsada por cinco socios que dieron las letras al nombre. Jesús Antoñanzas entró con 23 años como socio y empleado, cuando Gabyl llevaba poco tiempo funcionando y hoy el grupo familiar es el único propietario. Se dedican a comprar y vender material eléctrico, de calefacción, fontanería, aire acondicionado, placas solares... Sus clientes, más de 3.000, son instaladores e industrias. Con sede en el polígono de Agustinos, desde 2002, antes estuvieron en la calle Monasterio de Irache y Doctor Fleming. Cuentan con almacenes en el País Vasco, Logroño, Zaragoza, Burgos, Valladolid, Madrid, Extremadura y Valencia. “En Agustinos contamos con 4.000 metros cuadrados construidos y vamos a doblar la superficie después de comprar los terrenos de al lado, lo que supondrá una inversión de 2,5 millones. Tenemos 250 trabajadores, de los que 150 están en Navarra”, añade el directivo.
El desarrollo de Exkal sirve a Jesús Antoñanzas para hablar de la contribución de su hermano: “Exkal es una demostración real del triunfo del conocimiento. Alfonso empezó desde cero. Tenía mucho prestigio entre todos los clientes. Nuestros competidores son diez veces que Exkal, pero nosotros ofrecemos mayor agilidad y en innovación. Dedicamos a innovación el 5% de nuestra facturación”.
Alfonso ofrece la apostilla de su hermano para explicar la razón del éxito: “Desde el primer momento, quien compraba nuestro producto lo amortizaba a los tres años con el ahorro de consumo. Los clientes reponen sus equipos cada 8 o 9 años. Nosotros crecemos en la medida en que lo hace nuestro cliente y porque también aumentamos el número”.

La infancia en la que conocieron el hielo

A los hermanos Antoñanzas fue su madre la que les llevó a conocer el hielo. No fue su padre, como le ocurrió a Aureliano Buendía en el libro Cien años de soledad, de García Márquez. Y, en lugar de en Macondo, ocurrió en Funes, donde María Rosario Aranguren, originaria de Mendigorría, regentaba un pequeño negocio de fabricación de hielo y de helados. En el sótano de la casa familiar se ubicaba la fábrica y en la planta baja se atendía desde la tienda al cliente. En los tres pisos restantes vivía el matrimonio, ya fallecido, formado por María Rosario y Eloy Antoñanzas, con sus cuatro hijos: Maribel (3-11-1947), Alfonso (23-9-1951), Jesús (10-3-1954) y Eloy (19-1-1960).
El padre de familia, de Funes, era electricista y trabajaba en lo que entonces era Fuerzas Eléctricas de Navarra, que luego fue Iberduero para pasar posteriormente a Iberdrola. Las políticas de ayuda de esta empresa, que becaba a los hijos de los trabajadores de manera permanente, les permitió a los hermanos estudiar ingeniería eléctrica y a Maribel, administración de empresa. También fue determinante el tesón de sus padres que, como bromean sus hijos, “por decreto ley” tuvieron que estudiar porque querían que sus hijos tuvieran una vida mejor que la suya. “Nuestros padres no nos querían mandar a trabajar con 14 años como hacían otros nuestras edades. De hecho, de nuestros grupos de entonces somos de los contadísimos que estudiamos”, recuerdan Alfonso y Jesús Antoñanzas.
Estudiaron en el Sario, mientras vivían en casa de su abuela en Pamplona. Y, al terminar, el mayor empezó a trabajar en Norton (hoy, Saint Gobain). Después de año y pico se trasladó a Ibérica del Frío, que fabricaba productos con la marca Koxka. Aquí trabajaba en el laboratorio y en el diseño de la tecnología de las máquinas. Llegó a ser responsable de del desarrollo del producto. Cuando Ingersoll compró la empresa a Husman, Alfonso Antoñanzas pensó que era el momento de marcharse. Y así lo hizo. “Los grandes de la refrigeración consideraban que este producto, el de los muebles frigoríficos, estaba agotado. Para mantener el desarrollo del producto, la innovación y la mejora me marché porque en Ingersoll no podía continuar con mi proyecto”, explica el directivo.
Así fue como, después de 33 años trabajando por cuenta ajena, decidió montar Exkal. “Nos instalamos en Marcilla porque está muy bien comunicado y queríamos colaborar en la lucha para evitar que los pueblos se quedaran vacíos. Y lo queríamos hacer creando empleo de calidad. Es un pueblo que nos quiso. Cuando enseñamos el proyecto al alcalde, se volcaron con nosotros”, explican los hermanos.
Por su parte, Jesús Antoñanzas al terminar sus estudios entró a trabajar como delegado comercial de la empresa Condisa, ya cerrada, que comercializaba productos eléctricos, la mayoría de procedencia alemana. “Me formé allí, contaba con alta tecnología, yo era el delegado en Pamplona”, explica. Aquí estuvo hasta que entró en Gabyl, como socio y empleado, donde fue comprando las participaciones al resto de socios. “En toda mi trayectoria profesional, Alfonso ha sido consejero personal, mi hombro, siempre he contado con su opinión para todos”, detalla.
María Rosario Aranguren tuvo poco tiempo para ver el éxito de su hijos, “aunque estaba orgullosa de nosotros”, explican los dos. Pero su padre, que murió más tarde, hace nueve años, sí disfrutó de las trayectorias de las empresas. “Le llevábamos con silla de ruedas y recorríamos las empresas. Estaba muy satisfechos. Decía: “Yo pensaba que era un gran trabajador. Pero vosotros me habéis ganado”. Es verdad, es que somos muy trabajadores, igual excesivamente. Es un problema”, comenta Jesús Antoñanzas. A lo que añade bromeando su hermano: “O una virtud. Aunque nuestras familias igual no piensan lo mismo”.
Al mirar hacia atrás, Alfonso Antoñanzas casi se sorprende: “No me imaginaba llegar a lo que he llegado. El proyecto inicial era crecer, pero no a tanta velocidad. Quería alcanzar el liderazgo tecnológico global y en cinco años lo conseguimos a nivel nacional. No podía ni pensar que en 15 años iba a llegar a los 100 millones de euros de facturación. La razón está en el liderazgo tecnológico del producto”.
El matrimonio de Eloy y María Rosario dejó huella en sus hijos en muchos aspectos, entre ellos en su profesión. Con un padre electricista y una madre vendedora de hielo casi era obligado que los Antoñanzas se dedicaran a los productos eléctricos y a la fabricación de muebles frigoríficos para el comercio donde conservar el frío y el hielo, el que conoció un día Aureliano Buendía en Macondo.
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