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Opinión

Gestión de pymes: la humildad conduce al éxito

Carlos Medrano.
Carlos Medrano.
  • Carlos Medrano
Actualizada 14/04/2021 a las 09:53

El pasado mes de marzo presenté mi libro “Cómo consolidar el crecimiento de tu empresa”. Unas semanas antes este periódico me dedicó una entrevista titulada “El empresario pyme peca demasiadas veces de falta de humildad” Por mi parte muy de acuerdo, pero cuando abrí el email me encontré con un correo de un asesor de empresas que decía así “…tengo que decirte, que estoy absolutamente en desacuerdo con el artículo que has publicado. No solo me parece incierto, sino que denigra a los empresarios fundamentalmente de la pequeña y mediana empresa…” Me dejó perplejo su comentario, que luego aclaré con él, pero esto me reafirma en que no se valora suficientemente la humildad como un valor esencial para el éxito empresarial.

 

El término humildad tiene varias acepciones; bajeza de nacimiento, sumisión y también la virtud que consiste en el conocimiento de las propias limitaciones y debilidades. Probablemente el asesor de empresas se quedó con las dos primeras, aunque yo iba por la tercera, como así se aclaraba en la propia entrevista; “mis clientes suelen ser hombres hechos a sí mismos. Son personas muy especiales que viven para trabajar y con capacidad de lidiar con cualquier problema. Pero en esa fortaleza también reside su debilidad”. Y es que se han acostumbrado a afrontar dificultades muy grandes con su coraje y atrevimiento. Pero ese empuje y su capacidad para sortear los azares del destino profesional le crean una falsa sensación de seguridad, y caen en el antónimo de la humildad que es la soberbia. Se creen superiores y ese es el comienzo del fin, si no lo corrigen a tiempo. Ricky Rubio, MVP del pasado mundial de baloncesto que ganó nuestra selección española, tiene una frase inspiradora que viene bien recordar “No soy el mejor en nada, pero puedo mejorar en todo”. También me acuerdo de Zabalza, histórico entrenador de Osasuna cuando decía “cuando nos confiamos somos muy malos”.

 

El empresario hecho a si mismo, el de primera generación, debe ser humilde para ponerse a un lado y delegar el liderazgo de partes de su empresa a las personas más idóneas. Si no sabe hacerlo, y esto es muy habitual, se convierte en un cuello de botella que constriñe el crecimiento de su empresa. Con el tiempo tendrá que delegar también la dirección de la empresa y ser lo suficientemente humilde para pensarlo mucho tiempo antes de que llegue ese día, porque la abdicación requiere de un proceso de varios años para que fructifique. No tiene que buscar a su clon. A veces el empresario confunde la empresa consigo mismo. Pero la empresa tiene su personalidad y es distinta a la de su creador. Debe ver su empresa y el mercado en el que opera en perspectiva y pensar en qué tipo de líder será necesario para los retos que les deparará el futuro. Asesorarse bien, pensarlo con calma, y decidirlo con mucha antelación. Para hacerlo deberá partir de la humildad, virtud clave para el éxito.


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