Mercado laboral
La covid trunca la creación de empleo y este año podrían perderse 10.000 puestos de trabajo
Para 2021 augura un repunte del 2,1% que dejaría en el aire el 40% de los empleos que se destruyan este año


Actualizado el 13/12/2020 a las 06:00
La pandemia de la covid-19, difícil de imaginar hace tan sólo un año, ha terminado llevándose por delante miles de puestos de trabajo en la comunidad. Algunos, hasta 5.000, eran sólo una expectativa en el borrador de previsiones de empleo que el Gobierno foral había realizado para este año. Pero otros tantos, también miles, se han destruido o lo harán en las semanas que restan del año. En diciembre de 2019, con la covid aún lejos de nuestras fronteras, se perdieron nada menos que 5.000 empleos-afiliados y este año la cifra podría superarse en un mes en el que se suelen registrar bajones en el empleo por la finalización de contratos.
El empleo es el indicador social más claro para tomar el pulso a la economía y a tenor de la previsión que el Ejecutivo de María Chivite ha incluido en los presupuestos de 2021 parece evidente las cosas no van bien. El documento de previsiones de empleo, para el que se sigue un planteamiento similar al del PIB, no basado en técnicas econométricas sino en escenarios de simulación, recoge que en este 2020 podrían perderse hasta 10.000 empleos. Lo peor es que recuperarlos podría llevar años.
El repunte previsto para 2021 sólo permitiría rescatar el 60% de los puestos de trabajo que se pierdan este año. Entre el 12 de marzo y el 30 de abril la parálisis casi absoluta de la actividad económica derivada de la pandemia llevó a Navarra a destruir casi 7.700 empleos, 7.691 para ser más exactos. En mayo casi 51.000 navarros (50.999) percibieron algún tipo de prestación de desempleo, el 84% de carácter contributivo y donde se incluyen las personas en ERTE.
Aunque el final de la primavera y el verano permitieron una recuperación importante del empleo, los datos de afiliación a la Seguridad Social de noviembre, los más fiables para medir la creación de empleo, dejan 2.435 afiliados menos que en el arranque del año y 2.819 si se compara el dato con el registrado en el mismo mes de 2019. A la habitual caída de la afiliación en este mes se ha sumado este año el impacto de la segunda ola de la pandemia.
En todo caso, conviene tener en cuenta que se trata de una cifra de afiliación un tanto maquillada ya que de los 288.406 afiliados de noviembre, 10.560 estaban afectados por un ERTE, ya sea total o parcial, y, por tanto, cobrando un subsidio de desempleo. Y ahí radica la gran incógnita. Qué pasará el año que viene con esas miles de personas que están en ERTE. El devenir de los expedientes en los que se encuentran inmersos va a resultar clave para el empleo. En la peor de las proyecciones acabarán convirtiéndose en ERE, un opción que cada vez parece más viable en las ramas que están siendo más afectadas por las medidas de contención. Esta es la secuencia que ha vivido el empleo en Navarra en el año de la covid y las gráficas que explican su evolución.
1. Un tsunami que dejó 3.390 parados en sólo dos semanas
Nunca antes una crisis se había llevado por delante tantos puestos de trabajo en tan poco tiempo. El tsunani que la de la covid-19 desató en marzo, de origen bien distinto a la de 2008 y que llegó cuando aún se estaban pagando las facturas que ésta dejó en el mercado laboral, desvió a la comunidad de la senda de la creación moderada de empleo con la que se inició un ejercicio que arrancó con la expectativa de crear entre 4.500 y 5.000 empleos, frente a los 6.200 de 2019. El incrementó que experimentó el desempleo en marzo, un mes que suele mostrar una tendencia positiva, pese a recoger el impacto de tan solo dos semanas de parón económico se aproximó con 3.390 nuevos parados, un 10,90% más, al registrado en el peor mes de la anterior crisis económica.
El paro aumentó sobre todo en la rama de los servicios a empresas (+22,3%), hostelería y servicios de alojamiento (+15,2%) y construcción (14,1%). Ese mes la Seguridad Social perdió 1.859 afiliados, lejos de las 5.923 afiliaciones que se llegaron a perder en enero de 2009, y se firmaron casi 3.000 contratos (2.971) menos debido en buena medida al freno de determinadas actividades económicas que se estableció con el primer estado de alarma inicial (actividad comercial, equipamientos culturales, establecimientos, actividades recreativas, de hostelería y restauración... ) y el desarrollo excepcional de otras (teletrabajo, reorganización de jornada por conciliación...). A final de marzo se registraron 25.208 contratos, de los que solo el 26% tenía fecha de inicio a partir del 15 de marzo. Ya ese mes, la cifra de personas beneficiarias de prestaciones contributivas, que incluye a las personas en ERTE, empezó a dibujar una curva ascendente con 11.830 personas cobrando esa prestación, frente a las 10.575 de febrero.
2. La prestación por desempleo llegó en mayo a 51.000 personas
Si algo hemos aprendido de la crisis de la covid es que las lecturas del desempleo registrado no son suficientes para analizar lo que en realidad está sucediendo en el mercado laboral. Porque esta crisis, además de desempleados, ha dejado a miles de trabajadores sumidos en expedientes de regulación temporal de empleo, muchos de futuro incierto. En mayo el paro llegó a afectar a 41.137 personas y tuvo un comportamiento desigual por sectores. El aumento de actividad de las empresas agroalimentarias ante el crecimiento de la demanda y la vuelta a la actividad de la construcción provocó una descenso del desempleo tanto en el sector de la agricultura como en la construcción. Ese mes, la cifra de afiliados a la Seguridad Social (puede verse en el gráfico que acompaña estas páginas) lograba recuperarse de las caídas registradas en los dos meses precedentes. Una cifra, en todo caso, un tanto maquillada toda vez que ese mes un total de 50.999 personas se beneficiaron de algún tipo de prestación por desempleo, el 84% (42.950) de carácter contributivo en las que se incluyen las personas en ERTE, que no figuran como paradas en las estadísticas y de ahí que haya más beneficiarios que parados. La reactivación de actividades como la hostelería, los servicios de alojamiento y las actividades en hogares provocó un incrementó mensual de las cifras de contratación, un fenómeno en todo caso que no se contradice con el incremento del paro porque una misma persona puede acumular varios contratos temporales y cortos durante un mes.
A partir de mayo el desempleo inició una senda descendente que se rompió en octubre, con la llegada de una segunda ola que nadie esperaba tan pronto.
3. El empleo se recupera tras la primera ola
Tras la vertiginosa destrucción de empleo que se vivió en la comunidad durante los meses de marzo y abril y el “stand-by” de mayo, reflejo de la intensa contracción económica producida, el desempleo empezó a bajar. Pero, como razona el Observatorio de la Realidad Social en uno de sus informes sobre el mercado laboral, más por motivos estacionales que por la reactivación de las actividades económicas registrada a lo largo del mes de junio. Una tendencia que continuó en julio y que se debió en buena medida a sustituciones en periodos vacacionales en determinadas actividades y al inicio de campañas de la industria agroalimentaria que a pesar de superar en volumen la destrucción de empleo que supone este momento del año en otro tipo de actividades como, por ejemplo, las educativas, tiene, advierten desde el Observatorio, un marcado carácter temporal. De forma paralela, se produjo un crecimiento de la afiliación. Hechos que aun siendo positivos se enmarcaban en un contexto todavía adverso e incierto.
EL IMPACTO DE LOS REBROTES
El control de los diversos rebrotes que fueron surgiendo a partir del mes de julio terminaron por condicionar la extensión e intensidad de la recuperación socioeconómica. Su incidencia fue especialmente dura en la hostelería, que vivió el verano lejos de la ansiada de normalidad, así como el sector hotelero y los ámbitos referidos al turismo, en clara congelación.
Pero los datos de contratación registrados en julio, un 31% superiores a los del mes precedente, sí mostraron el repunte de la actividad en ramas como la industria de la alimentación (con 1.168 contratos más), los servicios de comidas y bebidas (869 más), educación (796 más), los servicios a edificios y actividades de jardinería (441 más), la fabricación de vehículos de motor, remolques y semirremolques (421 más) y el comercio al por menor (324 más).
Los datos de afiliaciones a la Seguridad Social, que en julio sumó 1.834 altas más que el anterior, corroboraron esa todavía incierta reactivación. Agosto cerró el atípico verano con un nuevo repunte de empleo (contratos) cuando lo habitual en este mes en años anteriores era la pérdida del mismo. Optimismo con cautelas e importantes elementos de distorsión como las aproximadamente 7.000 personas que terminaron el verano incursas en expedientes temporales de regulación de empleo, los riesgos de rebrotes y la vulnerabilidad de sectores como el hostelero.
4... pero con la segunda miles de trabajadores regresan al ERTE
Mientras que el final de la primavera y el verano permitieron una recuperación notable del empleo, su salida, como viene siendo habitual, llegó con un comportamiento adverso: aumentó el desempleo, se estancó la contratación y bajó la afiliación. Una tendencia marcada en buena medida por el límite impuesto al desarrollo de determinadas actividades, especialmente la hostelería. Desde marzo y hasta noviembre (último mes con datos disponibles), las ramas que más empleo han destruido en el régimen general han sido la hostelería (con 1.707 afiliados menos) y las actividades artísticas, recreativas y de entretenimiento (507 menos).
Con la entrada en vigor el 1 de octubre de las nuevas condiciones de los Expedientes de Regulación temporal de Empleo se volvieron a dar de alta las prestaciones de las personas que continúan en ERTE y los expedientes de reducción se transformaron en expedientes de suspensión. Las restricciones impuestas a la hostelería dejaron en noviembre 448 parados más en los servicios a pesar del ‘colchón’ que para miles de personas han vuelto a suponer los ERTE. El penúltimo mes del año dejó nada menos que 6.013 afectados más que octubre lo que elevó a 10.560 el número de personas incluidas en alguno de estos expedientes. Y de ahí que la evolución que estos ERTE tengan en los próximos meses resulte crucial para el devenir del empleo. En la peor de las proyecciones, estos expedientes acabarán convirtiéndose en ERE, opción que cada vez parece más viable especialmente en las ramas de actividad que están siendo más afectadas por las medidas de contención.