Encuentro BBVA - DN
Una edad de jubilación flexible, entre las claves para salvar el sistema
La decisión sobre la edad de retiro recaería sobre el trabajador que sabría cuál sería su pensión en cada momento


Actualizado el 10/12/2020 a las 06:00
En el laberinto de las pensiones se conoce muy bien cuál es la puerta de acceso y las condiciones de entrada, pero sigue existiendo una gran incertidumbre sobre lo que nos vamos a encontrar a la salida. Y de ahí que, al margen de la pandemia y de los posibles efectos que pueda tener demográficamente sobre el sistema público de pensiones, la pregunta sobre la edad a la que nos vamos a jubilar y en qué condiciones siga siendo una de las más recurrentes a la hora de abordar su sostenibilidad. La preocupación está en la calle y no afecta sólo a los trabajadores de mayor edad aunque cuando lean estas líneas a muchos les puedan venir a la cabeza las manifiestaciones de jubilados del año 2018. Así lo puso recientemente de manifiesto la novena encuesta del Instituto BBVA Pensiones que este año se centró en la generación de jóvenes nacidos entre 1978 y 1999, los denominados ‘millennialls’: a uno de cada tres ‘ le gustaría jubilarse “tan pronto como puedan” pero lo más inquietante es que solo el 53% cree que recibirá una pensión pública cuando se jubile.
La opinión de los tres expertos que ayer participaron en el encuentro telemático sobre pensiones BBVA-Diario de Navarra fue coincidente. La resumió Javier Díaz-Giménez, profesor del IESE Business School e investigador en el campo de la macroeconomía: “Los trabajadores deberían poder jubilarse cuando quieran y cuando puedan”, apostilló. Pero para que eso sea posible, debería establecerse una edad de jubilación flexible, que vaya por ejemplo desde los 60 a los 75 años, y permitir que la decisión de la edad de retiro recaiga sobre el trabajador. Y en esa jubilación flexible radica precisamente una de las claves para salvar el sistema adaptándolo a las nuevas realidades sociales y económicas.
Díaz-Giménez debatió de la mano de Rafael Doménech, responsable de Análisis Económico para España de BBVA Research, y Mercedes Ayuso, miembro del Foro de Expertos del Instituto BBVA de Pensiones con el ánimo de ofrecer algunas de las claves que se deben tener en cuenta para salvar un sistema público que, aseguran, “si cambia y se adapta a los cambios (demográficos, sociales y económicos) será perfectamente sostenible”. “Partimos con una ventaja enorme. Pertenecemos a la UE y podemos aprender de las buenas prácticas que han hecho otros países que nos han precedido”, defendió Doménech.
EL MODELO SUECO
Entre esos referentes esta Suecia que cuenta con uno de los sistemas de pensiones más reconocidos tras la reforma que llevó a cabo en los años noventa. Allí los trabajadores puedan jubilarse en cualquier momento a partir de los 61 años de edad, sin edad límite, sabiendo que su pensión anual será el resultado de dividir el saldo de su cuenta entre la esperanza de vida que se le estime en el momento de retirarse. El sistema sueco se basa en un modelo de cuentas nacionales que dota a cada trabajador de una cuenta ficticia en la que se van anotando las cotizaciones que realiza. Anualmente, se les informa del saldo en su cuenta y, en el momento de jubilarse, su pensión se calcula directamente a partir del saldo acumulado.
“Sería una forma adecuada de ir hacia un sistema justo y equitativo que permitiría garantizar medidas conocidas, anticipadas y muy detalladas para todos los trabajadores”, defiende el responsable de Análisis Económico para España de BBVA Research. “El sistema de cuentas nacionales es la manera más transparente para calcular los derechos de cada trabajador y a partir de ahí rediseñar las pensiones”, completa Díaz-Giménez.
La reforma que se aborde deberá tener muy en cuenta la esperanza de vida, algo fundamental, razona Ayuso, en sociedades “muy envejecidadas como la nuestra. Estamos ante un aumento significativo de longevidad en personas de edad avanzada”, apunta. Entre las líneas de investigación más relevantes de esta catedrática destaca el análisis del riesgo de longevidad y dependencia. Un conocimiento que le lleva a considerar “insuficientes” las referencias que se hacen a los indicadores ligadores a la esperanza de vida dentro de las recomendaciones del Pacto de Toledo a las que el Pleno del Congreso dio luz verde en noviembre para abordar la reforma de las pensiones.
“Me preocupa que la palabra esperanza de vida no salga de forma más patente”, remarca. Las recomendaciones llegaron tras cuatro años de discusiones y en opinión de los tres expertos son “un buen punto de partida, pero insuficientes para garantizar la sostenibilidad del sistema”. “Si algo es crucial en el sistema de pensiones de reparto es la esperanza de vida. En todas las recomendaciones del Pacto de Toledo sólo aparece mencionado dos veces y parar referirse a determinados colectivos”, apunta Doménech quien asegura que si apostamos por una edad efectiva de jubilación se tienen que introducir mecanismos automáticos de compensaciones”. Javier Díaz-Giménez fue especialmente crítico con un Pacto de Toledo “inoperativo” que “ha tardado décadas en ofrecer cuatro obviedades que no aportan nada”. “La edad de jubilación es esencial para determinar el coste de las pensiones y podría ser voluntaria con tal de que estuviera calculada en base al número de años que va a vivir como pensionista”.
Para los tres expertos, resulta crucial empezar a pensar en una “reforma fundamental” de las pensiones públicas que, para tranquilidad de todos, “están garantizadas en cuantías suficientes” por una mera razón demográfica. Lo explicó de forma muy gráfica el profesor del IESE que habló de una sociedad “capturada por los de 50 años años o más que son mayoría. Eso garantiza las pensiones”. En todo caso, Mercedes Ayuso incide en que también “los jóvenes están ahí y se les debe tener mucho más en cuenta para ver cómo piensan. Deben sentirse involucrados en el cálculo de la pensión y tienen que tener una garantía”.
EL IMPACTO DE LA PANDEMIA
Los expertos se mostraron durante el debate optimistas con el “aprendizaje forzoso” que ha traido la pandemia de la covid. Porque aunque el primero de sus efectos, dicen, ojalá no hubiera ocurrido (la caída por vez primera del número de pensiones), también hemos asistido a una aceleración notable de nuevas modalidades de trabajo. “La tecnología nos obliga a adaptarnos y así como necesitamos pensiones más flexibles, también un mercado de trabajo que lo sea y una educación más actualizada que no pierda la carrera de la tecnología”, defiende el profesor del IESE. En su opinión, las pandemia nos va a dar un empujón que va por el buen camino y nos ayudará a valorar “la nueva flexibilidad” y a aprovechar las oportunidades que conlleva cambiar de mentalidad a la hora de organizar nuestra jubilación. “Debemos ser más previsores y aprender a ahorrar”.
La jubilación de la generación del ‘baby boom’, una explosión de la natalidad derivada de la Segunda Guerra Mundial (llegó a España algo más tarde) y a la que sucedió un desplome de los nacimientos, que empezará a retirarse a partir de 2022, y el incremento de la esperanza de vida sume al sistema de pensiones ante nuevos retos y un previsible incremento del déficit. “Lo peor que puede pasarnos es que quiebre el Estado español y necesitemos un rescate. Debemos prepararnos para que eso no ocurra y para ello es necesario garantizar la sostenibilidad del sistema. Es urgente tomar medidas y los españoles nos merecemos unas pensiones mejores. Técnicamente no es complicado. Es un problema político. ¿Por qué queremos esperar a que las cosas se pongan críticas para tomar una decisión?”, concluye Javier Díaz-Giménez.
“Sabemos lo que funciona, hagámoslo”. Así de concluyente se mostraba ayer Rafael Doménech cuando fue preguntado por la moderadora del debate, la directora de Comunicación del Grupo La Información, Belén Galindo, acerca de las lecciones que podemos aprender de otros países a la hora de abordar una reforma del sistema de pensiones que sea sostenible en el tiempo. “Podemos aprender de lo que se hace en otros países, no nos obcequemos en no reformarlo y tener un sistema peor porque eso provocará que los jóvenes mejor preparados y con mejores opciones terminen yéndose. Somos una región más dentro de un proyecto más amplio y si no hacemos bien las cosas, muchos trabajadores se irán y será un lastre adicional que provocará salarios y pensiones más bajos”. El responsable de Análisis Económico para España de BBVA Researh recuerda en este punto que la UE ya ha establecido que para poder beneficiarnos del paraguas de los fondos Next Generation “uno de los criterios es asegurar a largo plazo la sostenibilidad del sistema de pensiones. La urgencia es doble”.
Gran conocedor del sistema de pensiones y estudioso de las reformas de la política fiscal, el economista Javier Díaz-Giménez, define la longevidad como “un regalo” que puede estar envenenado si no se toman medidas a tiempo. “La sociedad no puede permitirse 30 años de vacaciones al final de la vida laboral”, asegura convencido para a renglón lanzar su pronóstico: “Trabajaremos más años pero menos horas a la semana. Tendrán vidas más largas, pero también más flexibles. Acumular 20 años de vacaciones al final de la vida no tiene muchos sentido. Veremos muchos cambios en la organización de las vidas y en la distribución del trabajo, el ahorro y el consumo. Se va a acabar la obsesión de ¡cuándo me jubilo!”. También puso fecha, más bien dijo con la que sueña, para la esperada reforma del sistema de pensiones: “Pronto. Sería ideal terminar la legislatua con un sistema de pensiones reformado y mejorado. Le pediría a la sociedad y al Pacto de Toledo que sean valientes. No hay razón por que debamos ir tan retrasados en una cuestión que nos compete a todos. Llevamos 20 años avisando de esto. ¿Por qué queremos esperar a que las cosas se pongan críticas para tomar una decisión’”, se pregunta.
Mercedes Ayuso alberga pocas dudas sobre la sostenibilidad del sistema de pensiones de España. “Hay que hacer que sea sostenible”. En su opinión, “las pensiones van a seguir existiendo y deben hacerlo”, pero juzga fundamental abordar un nuevo diseño de las pensiones “que toque todas las teclas”. “Los jóvenes tiene que sentirse involucrados en el cálculo de la pensióny tienen que tener una garantía. Entra en juego la equidad y la igualdad entre generaciones. Quizá no estemos haciéndolo bien”. Quiso aludir con estas palabras a los resultados de la novena encuesta anual del Instituto BBVA Pensiones centrada este año en la generación de jóvenes nacidos entre 1978 y 1999 y que reveló aspectos como que el 47% de los millennials no cree que reciban una pensión pública cuando se jubilen. “Es muy importane cambiar el concepto que teníamos de jubilación. Ya no es una categoría. Son personas que tienen por delante un periodo muy largo de su vida y pueden afrontarlo de manera muy diversa. 25 años son muchos años y los mayores son miembros de la sociedad. Deben existir fórmulas flexibles que permitan recoger diferentes perfiles”.