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Directora de desarrollo de negocio de IAR

Directora de Desarrollo de Negocio de IAR: “Tiendes a pensar que todo está inventado. Por eso no te lanzas y eso es un error”

iAR, dedicada a a la realidad aumentada para la industria y nacida en 2014, factura más de un millón de euros y tiene 27 trabajadores, la mayoría, ingenieros informáticos

La plantilla de iAR en las oficinas de la empresa.

La plantilla de iAR en las oficinas de la empresa.

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20/01/2019 a las 06:00
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El especialista médico se coloca una gafas Hololens y puede visualizar en realidad aumentada el material que tiene que utilizar para una intervención. Por voz y gestos puede ir consultando la información que requiere. Es solo una de las aplicaciones desarrolladas por Industrial Augmented Reality (iAR). Ahora está desarrollando otro proyecto, también con la UPNA, para poder ver en realidad aumentada la anatomía interior de una cadera (estructura ósea, vasos sanguíneos...) superpuesto en un maniquí para formación en enfermería. Más cosas. Sus aplicaciones permiten a un experto ver en tiempo real lo que un técnico a pie de máquina está viendo, y hablar con él, con lo que se evita su desplazamiento al lugar y permite realizar indicaciones a distancia en realidad aumentada.

 

iAR, constituida en 2014, con tan poco tiempo de historia, ha cosechado ya diferentes premios, entre ellos, uno procedente de ERDF, de Atana, Impulso Emprendedor de CEIN... El último ha sido el otorgado recientemente a la innovación por la Cámara Navarra de Comercio. Ana Monreal Vidal (Pamplona, 22 de marzo de 1984), socia y directora de desarrollo de negocio de iAR, con pareja y madre de un bebé de 14 meses, ingeniera industrial por la UPNA y máster en energías renovables por la Universidad San Pablo CEU de Madrid, trabajó cinco años en CENER. Después, constituyó la filial de Sirea en España en enero de 2014. Sirea es un pyme francesa, con 40 trabajadores en total, con una filial en Burkina Faso y dedicada al control y automatización industrial. Poco después de la constituir la filial, Ana Monreal pone en marcha iAR junto con Miguel Ángel Llorente y Jon Navarlaz. La empresa se dedica a hacer software a medida para la industria y, para ello, utiliza tecnologías inovadoras como la realidad aumentada y la visión artificial. Entre sus clientes figuran Acciona Energía, Volkswagen, EDF, Enedis (del grupo EDF) y Bessac (fabricante de tuneladores.

 

¿Cómo fue lo de montar una delegación en España de Sirea?

Conocí en un encuentro de Cabo Verde al gerente y fundador de Sirea. Congeniamos y me comentó que buscaba un socio para montar una filial en España. Me lo propuso y me lancé. Yo soy socia de Sirea y llevo su delegación en España desde Pamplona.

Además de esto, decide montar una nueva empresa. ¿Por qué?
Porque vimos (mis dos socios y yo) que había un nicho muy interesante que no se conocía en aquel momento y que era muy complementario a la actividad que tenía Sirea. De hecho, hacemos muchos proyectos conjuntos con Sirea.

Ya, pero, ¿cómo, cuándo y dónde se ve que hay un nicho de mercado? ¿Qué hace falta para verlo?
Yo no tenía ni idea de qué era la realidad aumentada, jamás había oído hablar de ella. En la oficina de coworking donde trabajaba en ese momento para Sirea (Optimus coworking, que ahora es Fab Lab coworking, en la calle Tafalla), un compañero, Sergio Corcín, arquitecto técnico, me enseñó sus aplicaciones en arquitectura. Me dijo que había una charla en Pamplona donde presentaban esta tecnología. Allí conocí a Miguel Ángel Llorente, ingeniero industrial, que sabía del tema. Al ver lo que explicaban y viendo el ámbito en el que yo me movía y sus posibilidades empecé a imaginar cómo se podría aplicar al mundo industrial. Invité a Miguel Ángel al coworking, donde también esta Jon Navarlaz.

Así que el coworking es útil.
Cuando te haces autónomo e inicias una actividad, el coworking es una opción y muy buena porque encuentras una oficina más económica y se producen sinergias del mismo sector y de otros. Me parece algo buenísimo. Si al final lo dejamos fue porque íbamos creciendo y necesitábamos más espacio. Pasamos a unas oficinas en Sancho el Fuerte. Ahora estamos en la calle Ermitagaña y hemos cogido otra oficina en Barañáin. La idea es ir a medio plazo a otro lugar todos juntos.

¿Qué pasó después de la presentación de Miguel Ángel Llorente?
Nos juntamos los dos con Jon Navarlaz, que venía del mundo del mantenimiento y de mejoras de proceso y conocía el tema. Hablamos y vimos que había mucho potencial para aplicar la realidad aumentada en el sector industrial.

¿Cuál fue el siguiente paso?
Decidimos hacer un prototipo autómata para testear el interés en las empresas y empezamos a visitarlas. Utilizábamos el autómata de Sirea y la aplicación de realidad aumentada que hicimos nosotros.

¿Cuál fue el resultado?
Nos dimos cuenta de que a todo el mundo le parecía genial, pero...

¿Pero qué?
Nos preguntaban que dónde lo habíamos instalado y en realidad lo que teníamos era solo una idea. Así que contactamos con Perfinasa, en Olave, donde conocían a Jon, y pusimos un prototipo en sus instalaciones. Cuando se vio que tenía aplicación y constatamos ya el interés nos constituimos como iAR (Industrial Augmented Reality).

¿Cómo se da uno cuenta de que está ante algo no inventado?
Tiendes a pensar que todo está inventado y no te lanzas por eso. Pero es un error. Lo primero que hicimos fue ver que en internet no había nada realmente. Solo se hablaba de ideas. Cuanto te das cuenta de que lo que se está ocurriendo va a ahorrar tiempo y facilitar la vida, la pregunta es ‘cómo no voy a hacerlo’. Y lo nuestro facilita a la industria, pero también se podría extrapolar al ciudadano de a pie.

Y se lanzaron.
Nuestra primera idea era hacer una aplicación y licenciarla, pero vimos que cada uno tenía unas necesidades muy concretas. Por eso hacemos aplicaciones a medida, aunque hemos empezado a hacer producto propio.

¿Qué impresión tiene cuando mira hacia atrás y ve el recorrido de cuatro años?
Vértigo. Es una locura. Pero hemos tenido la suerte de contar con el apoyo del CEIN, gracias al que participamos en el programa Impulso Emprendedor, donde contamos como mentores con MTorres y Correos. Nos ayudaron mucho a definir la empresa y el modelo de negocio. Cuando ya vimos que necesitábamos contratar gente, Sodena, que nos había conocido en la Innovation Week, nos ayudó y nos concedió un préstamo participativo de 100.000 euros. Los socios aportamos otros 100.000 euros. El primer año ya cubríamos costes. El segundo año, pocos, pero tuvimos beneficios. En 2017 facturamos más de 400.000 euros y en 2018 más de un millón de euros.

Con una plantilla joven.
Somos 27 trabajadores incluidos los tres socios. Prácticamente todos son ingenieros informáticos. La edad media de la plantilla es inferior a 30 años.

¿Es fácil encontrar trabajadores?
Complicadísimo, La mayoría viene de la UPNA y entra con becas. No hay informático libre, salen de la universidad colocados.

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