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Entrevista
AJE Navarra

Javier Vidorreta Salillas: “No voy a dejar mi empresa para ser un cargo institucional”

Este diseñador industrial de 29 años comparte empresa, casa, oficina y taller, todo a la vez, con su socio, Carlos Pileño, en un chalet pareado de Yárnoz, un pueblo minúsculo en la falda norte de la Higa de Monreal. La alquilaron hace un año para expandir y acercar a Pamplona su firma Txarli Vidorreta Design SL. Desde mayo, han incorporado cuatro empleados

Javier Vidorreta en la sala de visitas de su empresa, y a la vez, casa compartida, con su socio en Yárnoz, pueblo del valle de Egüés.

Javier Vidorreta en la sala de visitas de su empresa, y a la vez, casa compartida, con su socio en Yárnoz.

Actualizada 14/11/2018 a las 08:43
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Se incorporó a AJE Navarra, asociación de jóvenes empresarios que reúne a 170 empresarios de menos de 40 años. Su empresa de diseño industrial había “evolucionado”. “Vimos la necesidad de abrirnos y compartir experiencias, en vez de estar los dos (socios) metidos entre cuatro paredes”, explica. AJE les pareció un club de “gente con inquietudes similares, muy cercana”, alejado del “reparto de roles” y “estereotipos más rancios” del asociacionismo empresarial. Les alentó también el interés comercial: “ampliar clientes”. Pero no solo. “También compartir experiencias y conocimientos en temas de actualidad, participación en foros... O informarnos de subvenciones, que no teníamos ni idea”, explica. Desde este 10 de octubre, preside la asociación, al frente de una junta directiva con otras diez personas más que parecen ir rotándose los papeles cada mandato. No hay otras candidaturas. “Si se van haciendo bien las cosas, supongo que la gente no ve la necesidad de cambiar”, explica. “Tampoco tenemos una ambición de estar por estar. Yo no voy a dejar mi empresa por un cargo institucional”, puntualiza. Su objetivo como presidente es “buscar proyectos interesantes” para AJE: de networking, formación, educación. “Siempre desde una visión dinámica y activa; no es coger una partida presupuestaria y ya está”. Y una apuesta que hace suya: “queremos descentralizar un poco la actividad, ser más visibles fuera de Pamplona”.

Para tener 29 años, he visto muchas referencias suyas en la hemeroteca. Desde sus éxitos en ciclismo a proyectos como diseño de embalajes en la UPNA para Cruz Roja; restauración de cuadros de bicis y ahora, creación de juegos de mesa... ¿Son ganas de emprender o de salir en el periódico?
Nunca he tenido miedo a salir en el periódico. (Ríe). Mientras andaba con la bici, ya me buscaba en las clasificaciones. Siempre en la sección de deportes, en ciclismo y en las noticias de las categorías inferiores. No por afán de protagonismo, pero sí que mi rol natural en el equipo era liderarlo.

¿Le ha ayudado en algo más el deporte como emprendedor?
Sí, sí. En todas las charlas que doy, en institutos o en cualquier otro sitio, mi presentación parte de lo que te enseña el deporte.

¿Charlas?
En la ETI, en la UPNA, fuera... También he dado cursos de dibujo. Cuando empecé de freelance, al acabar la carrera, buscaba cualquier excusa para hablar en público.

¿No le da miedo prescribir recetas de emprendimiento siendo tan joven?
Ah, no, yo no iba a dar lecciones, sino a contar a gente, que está muy próxima a mi edad, como lo había hecho yo. Desde la humildad. A quienes están acabando la carrera les trasmite que vaya alguien que haya pasado por esto. Pero, si el que va tiene 40 o 50 años más, igual ya no es un referente tan directo.

¿Es diferente usted del que monta un bar?
No, no. Montar un bar es emprendimiento, por supuesto. Vas a tener que enfrentar los mismos problemas y necesidades. Lo que cambia es el enfoque de cómo te quieras proyectar luego. Puedes querer autoempleo para ti y satisfacer tu profesión con un trabajo que te gusta. O crear una empresa y seguir contratando gente. Son mentalidades distintas. No creo que sea mejor una que otra.

Un portavoz de empresarios con pendientes. ¡Y coleta! ¿Qué va a decir Garamendi?
Todavía no es oficialmente el presidente en CEOE, pero he coincidido en algunos sitios con él sin problema. En cuanto a la imagen, gracias a las redes sociales y a lo que nos han abierto al mundo, ciertos estereotipos se van superando socialmente. Steve Jobs hacía presentaciones en camiseta.

¿Se ha puesto traje y corbata alguna vez por motivos profesionales?
No. La única vez, en la graduación de la Universidad. Porque estaba mi abuela, que me lo regaló, y me parecía mal no ponérmelo. Lo de los pendientes tiene su gracia. Son palos, unos pinchos de la acacia que tienen mis padres en el jardín en Tudela. Me los corté a medida. De hecho, no me acuerdo ni de que los llevo. De crío, ya comulgué con pendientes. ¡Mire, ahí también llevé traje!

¿Cambiaría su imagen por trabajo?
Nunca digas de este agua no beberé (Sonríe). Pero ésta es la imagen con la que me siento cómodo. Dentro de... Quiero decir, en pijama no he ido a ninguna reunión.

Cita a Steve Jobs. ¿Es su modelo a seguir?
Para mí, echando la vista atrás, mi referente, ya no como empresario, sino en la vida, es mi abuelo. No tenía ninguna empresa; trabajaba en el campo. Pero esa capacidad de sacrificio y esa dedicación y esa entrega...

¿Trabajaba en el campo o tenía tierras?
De terrateniente, nada. Arrendaba unas tierras. Por fortuna para mí. Todos los veranos me tocaba recoger fruta con él y mis padres. Tuve más referentes, pero no son conocidos.

¿Quién más ha sido inspirador para usted?
Como autónomo, cuando decidí empezar esta parte más emprendedora del negocio, fue el padre de mi ex novia. Él sí que tenía empresa, una asesoría contable y laboral, y además, algunas inversiones.

¿El que iba a ser su suegro?
Sí, mi ex suegro. Es de Irún. Conservamos muy buena relación. Por ejemplo, en el paso de la SI (sociedad irregular) a la SL (sociedad limitada) este año para la expansión nos dio su consejo. Siempre en torno a las paelladas donde nos juntamos. Otro es mi padre. Era funcionario, pero se compró una finca -no más grande de un campo de fútbol, no crea- que plantamos de peras entre él, mi abuelo y yo. Ese era el ‘tiempo libre’ de mi padre.

Como hombre de campo, dígame ¿quita la renta garantizada mano de obra?
Nosotros, no hemos tenido que contratar nunca. Tampoco sé los problemas que enfrentan los empresarios agrarios a la hora de contratar. No me atrevo a decir.

¿Tienen problemas con la inmigración en la Ribera? Me refiero a los jóvenes.
El problema es la desigualdad y eso no atiende a nacionalidades. Lo vemos en el fútbol. Nadie mira la nacionalidad. Vivimos en un país donde la economía es global; yo vendo fuera, y si contrato un ingeniero, no miro el origen. Lo que genera problemas es la marginalidad. Si tienes una barrera con el idioma, tu nivel cultural es bajo, tienes poco índice de escolarización, eso no te deja enfrentarte al entorno de la misma manera que los demás. ¿Qué hay que hacer? Reducir esa brecha. La solución, en mi opinión, es sentido común. Se ponen muchos ejemplos de ayudas mal administradas, pues lo que hay que hacer es que eso no ocurra; que se gestionen bien. Pero no por eso hay que demonizar a una persona o un colectivo entero. Si alguien tiene problemas, que pueda optar a una ayuda, como sociedad, creo que es lo mejor que podemos tener.

¿De verdad es tan grande el efecto ‘capitalidad’ de Pamplona que sufren en la Ribera?
La distancia es una realidad. Por otra parte, la centralización de actividad y servicios donde más población se concentra, es natural. Tampoco me parece que la actitud sea el victimismo. Los de Tudela tenemos que subir a Pamplona. Y los de Pamplona tienen que bajar. No se trata de duplicar todo, pero se pueden hacer cosas para acercar.

Como empleador ¿le afecta en sus contratados que suba el salario mínimo (SMI) a 900€ brutos al mes a partir del año que viene?
En nuestro caso particular, no. Porque no nos movemos en esos límites. Y porque, por suerte, o por desgracia, nuestra estructura es pequeña. Pero si nos afectara, tendríamos que encontrar la forma de que salgan los números. Nuestro enfoque como empresa no está en ver cómo podemos rebajar los gastos de personal al mínimo para sobrevivir. Con eso, ya contamos. Nuestra pelea es estrujarnos la cabeza juntos, porque yo soy un trabajador más -si te pones a contar horas, a veces soy como tres- para conseguir más proyectos y que nuestros salarios no sean de mínimos y podamos meter más gente.

Usted empezó como autónomo. ¿Qué opina de las subidas de cuota que se barajan?
Desde mi experiencia como autónomo, sin ser experto, siempre he oído que en otros sitios, por ejemplo, en el Reino Unido, la cuantía que pagan es mucho menor.

¿Y tienen un sistema de pensiones igual?
Claro. Eso no sé hasta donde alcanza.

Creo que el incremento de cotización de los autónomos en España va por ahí: poder tener mejor prestación cuando se jubilen.
No estoy al corriente de los detalles. Pero pagar la cotización es la gran barrera para el que quiere autoemplearse. Ahí es donde surgen los miedos. Tienes que comprometerte sin haber ingresado nada: alta de autónomo, licencia de actividad... Fórmulas más flexibles, asociadas a tu nivel de ingresos, como se piden, pueden ser más estimulantes.

¿Usted aplicó la ‘tarifa plana’?
Sí. Conozco a mucha gente que la ha utilizado. Medidas así son positivas. En mi caso, todo fue bastante natural. Conforme se me iba agotando, la cotización se acompañó con los ingresos que íbamos teniendo. Si hubiera tenido que pagar los 300€ de entrada...

¿Se habría quedado por el camino?
¡Hombre! ¡Espero que no! Pero quizás me lo hubiera planteado.

¿Nunca pensó en la cotización como una contraprestación para su jubilación?
No. Yo empecé en plena crisis y la sensación era que no nos iba a llegar nada. Así que nunca he creído en la jubilación. Me di de alta en la Seguridad Social por la necesidad de estar regulado y facturar. Además, nuestro trabajo cada día es distinto, retos más ambiciosos, escenarios diferentes... Eso es lo que me mueve. Y lo que yo buscaba. Así que intentaré trabajar todo lo que pueda mientras sea capaz. No me gusta estar inactivo. De hecho, me agobia pensar en no poder valerme por mí mismo. Antes, prefiero no estar.

¿Cree que la gente mayor tenemos prejuicios con los jóvenes?
Yo no los he sentido.

Lo de alquilar casa, en vez de comprar, por ejemplo. ¿Es un rasgo generacional?
Desde luego, yo siempre he pensado en alquilar. Por no tener ataduras y porque todos los mensajes de la crisis -los desahucios...- iban por ahí. Aunque, ahora, la empresa necesita que tengamos una estructura sólida en algún sitio, siempre he querido que mi trabajo quepa en una mochila.

¿Qué opina de las políticas de cuota de representación femenina en partidos, empresas o instituciones?
No son cosas que se puedan imponer, sino contribuir a que, de manera natural, las mujeres vayan tomando ese empoderamiento y se sientan cómodas. Que tomen el puesto que quieran tomar. Me parece nefasto que haya un techo de cristal por ser mujer, pero igual de nefasto me parecería obligar a un porcentaje estricto de representación seas hombre, mujer, gitano o musulmán.

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