automoción
La mitad de las empresas del sector auto en Navarra tiene menos de 50 empleados
El clúster del sector presentó ayer un estudio sobre la cadena de valor de la industria auxiliar


Actualizado el 25/05/2018 a las 06:00
Las empresas de capital mayoritariamente navarro del sector de automoción se están quedando atrás. Son demasiado pequeñas, no aportan suficiente valor añadido, apenas colaboran entre sí y no invierten lo necesario en I+D. Es el sombrío panorama que arroja el estudio sobre la cadena de valor de este sector elaborado por la Asociación Clúster de Automoción de Navarra (ACAN), en colaboración con la consultoría Minsait y con Sodena, un documento presentado este jueves en Civican y que trataron de digerir algunos representantes del tejido industrial del auto en la Comunidad foral. Tras una breve presentación realizada por el presidente de la ACAN, Roberto Lanaspa, en la que recalcó que “competitividad y cooperación van de la mano”, el encargado de resumir las principales conclusiones fue Eduardo Inchaurza en representación de Minsait.
Según las explicaciones de este experto, la cadena de valor está compuesta en su base por los suministradores de materias primas, multinacionales extranjeras en su totalidad, seguidas por las empresas de tercer, segundo y primer nivel según su aportación de valor a dicha cadena. Y en la cúspide, por encima de las de primer nivel, están los fabricantes. Con este esquema en mente, la mayor parte del tejido de automoción de capital navarro se encuadra en los dos niveles más bajos, mientras que las de primer nivel son multinacionales de capital extranjero. Inchaurza destacó que de las 116 empresas navarras que formarían parte del hábitat de la automoción, la mitad tendría menos de 50 empleados, un tamaño insuficiente para generar los recursos necesarios para sobrevivir en un sector cada vez más competido y globalizado.
Estas empresas pequeñas, en su inmensa mayoría de propiedad navarra, son las que afrontan un futuro más incierto. Un dato revelador es que estas fábricas tienen una facturación media cinco veces menor que las plantas ubicadas en la Comunidad foral pertenecientes a multinacionales. Pero lo que es peor, el estudio constata que el bajo nivel de colaboración entre las empresas navarras está condicionando su propio desarrollo y el del conjunto del sector. “Aquellos que no apuesten por la ingeniería y el I+D, van a vivir mal”, expuso el representante de Minsait.
COOPERAR COMO ANTÍDOTO
A pesar de esta cruda descripción, desde la ACAN insistían en que existe un antídoto, la cooperación, que es precisamente el principal objetivo que persigue el clúster de automoción de Navarra. Concebido como una red de cooperación entre empresas para impulsar la competitividad y fortalecer el tejido industrial, aúna intereses e intenta fomentar la colaboración. Según Inchaurza, facilita el crecimiento de las empresas pequeñas a través de proyectos comunes gracias a los que pueden alcanzar metas que individualmente resultarían implanteables. Y su desarrollo también seduce a las grandes compañías, que se han dado cuenta que disponer de un tejido industrial a su alrededor les reporta “una ventaja diferencial”.
En ese sentido, Inchaurza mencionó varias áreas sin explotar en la que las empresas navarras podrían crecer, como en la fabricación de ejes delanteros, sistemas de iluminación, brazos se suspensión, piezas de acero de estampación en caliente, sobreinyección o materiales compuestos. Este experto advirtió también la importancia de no perder de vista las tendencias que apunta el sector, principalmente aquellas relacionadas con el cuidado por el medio ambiente, la electromovilidad o el coche autónomo. “Algunas llegarán antes que otras. En mercados como Europa, lo primero que llegará es el coche eléctrico”, sintetizó.
Inchaurza recomendó a las empresas que analizaran desde esa perspectiva su actividad y cómo podrían desarrollarse a partir de ahí. No obstante, matizó que, según las previsiones de las principales marcas, todavía existe una “ventana” de tiempo para reaccionar, ya que en 2030 el 70% de las ventas seguirán correspondiendo a coches con motor de combustión interna.
La lentitud con la que avanza la implantación de la cultura de los clústeres en Navarra está lastrando la competitividad de la Comunidad foral respecto a otras regiones españolas. “Hay que recuperar el tiempo perdido”, se repetía ayer durante la presentación del estudio sobre la cadena de valor de este sector elaborado por la Asociación Clúster de Automoción de Navarra (ACAN), en colaboración con la consultoría Minsait y con Sodena. En la jornada, organizada con la ayuda de Navarra Capital, quedó en evidencia que las empresas del sector auto en la Comunidad foral comparten muchas características y debilidades. Pero es el reducido tamaño, que condiciona su capacidad para vender fuera de España o invertir en I+D, el principal problema que afrontan. Y precisamente el clúster pretende paliar estas limitaciones.
El germen de ACAN, compuesta por una red de empresas que colaboran en proyectos de interés común, se remonta a 2008, cuando arrancó con el apoyo del Gobierno foral y la aspiración de copiar un modelo de éxito en otras comunidades autónomas. No obstante, este proyecto languideció por la falta de interés de las empresas navarras y, pese a los intermitentes intentos de revitalizarlo, sigue sin cuajar. En 2013 reunía solo a seis de las más de un centenar de compañías que configuran el sector y solo tras la integración de Volkswagen Navarra en 2016 ha conseguido crecer para aglutinar a 35 empresas en la actualidad. Pero este logro sigue lejos de la meta que el propio presidente de ACAN, Roberto Lanaspa, puso en 2013 como un mínimo para garantizar la efectividad del ente, que cifró en torno a las 50 empresas.
Salir del día a día
La clave para que los clústeres funcionen es vencer la desconfianza entre unas empresas y otras. Esa es la ardua labor que los promotores de ACAN afrontan a diario. La hemeroteca acumula los reiterados esfuerzos para relanzar el clúster sin los resultados deseables. Tampoco facilita las cosas que la prioritaria y absorbente actividad diaria suele llevarse por delante los buenos propósitos de las empresas que son persuadidas para participar. La presencia de una nutrida representación de la industria navarra del auto en la jornada de ayer demostraba la inquietud del sector, que no eran ajenos a estos temores, y dejaba claro que hay disposición para cambiar las cosas. “Espero que esto no se convierta en una excusa para vernos de vez en cuando”, expresaba espontáneamente uno de ellos.
Los testimonios compartidos por los participantes dejaban en evidencia la complicación de conseguir la cooperación entre viejos competidores o de quienes creen que la colaboración con empresas semejantes les descapitalizaría de su saber hacer o, utilizando el anglicismo al uso, su know-how. “Nadie podrá decir que no nos avisaron”, reconocía uno de los intervinientes respecto a la labor divulgadora de ACAN y los inminentes peligros. “Todavía faltan muchas empresas en el clúster”, añadía otro con franqueza. Un tercero destacaba que, a su parecer, no se había aprovechado suficientemente la presencia de Volkswagen en Navarra.
La esperanza de los promotores de ACAN expresada este jueves era que la cultura de la cooperación entre empresas termine por prender entre sus socios, hito tras el que los resultados deberían llegar por sí solos “tarde o temprano”.