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Desahucios

Raúl García, desalojado de la ladera junto al embalse que se deslizó

  • “La actuación del Estado en Yesa me ha arruinado la vida”, afirma este vecino, que trabaja de peluquero en Pamplona

Raúl García Muñoz, en su peluquería con sus empleadas
Raúl García Muñoz, en su peluquería con sus empleadas
Calleja
  • Aser Vidondo. Pamplona
Actualizada 26/10/2014 a las 06:00
Habla con entereza, con la cabeza alta, pero la procesión va por dentro. Y no es una procesión cualquiera. Raúl García Muñoz, de 42 años y peluquero en Pamplona, es uno de los vecinos desalojados desde febrero de 2013 de las urbanizaciones de la ladera derecha del embalse de Yesa que se deslizó. Ha perdido su casa, pero debe seguir afrontando la hipoteca y otros gastos; la situación ha llevado a la ruptura de su matrimonio; ha agotado todos sus ahorros y vendido sus principales pertenencias; y hoy, sin concretarse aún las indemnizaciones, se ve incapaz de seguir afrontando las deudas y prácticamente abocado a cerrar su negocio y a despedir a sus cuatro empleadas. Tras 18 meses de angustia, y próxima en principio la expropiación forzosa de las 102 casas de esa zona por parte del Estado y la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE), lanza un grito de rabia y censura la actuación de la Administración. “Me han arruinado la vida”, afirmó.

Un simple dato para empezar. Frente a una letra mensual de 1.200 euros de la hipoteca de su vivienda de la urbanización Mirador de Yesa a la que ya no pueden entrar, Raúl García y su exmujer reciben de la CHE una ayuda para alquiler de 600 euros al no contar con otra vivienda. “Yo tenía una casa de 300 metros y ahora estoy en un piso de 50, y mi ex tiene otro”, comparó. Pero no es el único gasto. Siguen pagando en Yesa la contribución, la luz, la alarma... “Es de locos. Y el agua no nos la pasan porque las redes están rotas”. A todo ello se suman el gasto en abogados y expertos para demostrar que la ladera está fracturada y que las causas fueron “las obras para recrecer el embalse, una obra pública mal hecha”. 

Raúl García, que trabaja desde hace 27 años como peluquero y desde hace 8 regenta un negocio propio de nombre Zhoe en la calle Calderería de Pamplona (cuya hipoteca también debe afrontar), aseguró estar pasándolo “muy mal”, y a punto de cerrar su negocio porque “los gastos han superado ya con creces lo que se puede aguantar”. “Era sostenible hasta ahora, pero si en una empresa pequeña como ésta le metes 2.500 euros más de gastos mensuales, que es lo que ha ocurrido durante 18 meses, todo se vuelve imposible. Y encima en peluquería nos aumentaron el IVA al 21%”, afirmó.

“Esta situación me va a conllevar cerrar un negocio con 4 empleadas, con sus hipotecas e hijos, que cuentan con estos ingresos. No se lo merecen, pero a la Administración le da igual. No nos entienden y no tienen prisa. ¿Por qué pudieron sacar hasta 25 millones para la obra de contención de la ladera en tres semanas y no el dinero justo para nosotros en dos años?”, censuró. 

DE SUEÑO A PESADILLA

La compra de su casa de Yesa, en construcción, se produjo hace casi 7 años, y apenas 3 han vivido allí. Buscaban tranquilidad, naturaleza, ocio y deporte. La compraron por 300.000 euros, e invirtieron 80.000 en amueblarla. “Los ahorros de toda la vida. Era la casa de nuestros sueños y primera vivienda, no como otros vecinos que sólo iban en fines de semana”, afirmó. 

Pero de la noche a la mañana, los sueños se tornaron en pesadillas. “Al desalojarnos nos dijeron que era algo preventivo, para 4 días... Y mira dónde estamos todavía”, señaló, y aseguró que tiene hipoteca “hasta los 69 años”

Representado ante la CHE por el abogado colectivo de la urbanización Mirador de Yesa, indica que “las mejores negociaciones fueron las iniciales, no en el sentido de grandes indemnizaciones, sino en cuanto a que te den lo que tú te has gastado”. “Todo desapareció cuando se optó por la expropiación forzosa y el justiprecio”. 

“No pido una indemnización millonaria: yo quiero lo que me costó mi casa y los gastos que llevo acumulados en 18 meses. Pero veo difícil conseguirlo. De hecho, ya me han dicho que ya no vale lo que hace 7 años, ¡pero es que yo no me quería ir de mi vivienda! Es un problema que han causado ellos, así que deberían responsabilizarse, pagar justamente y cuanto antes, y dejarnos vivir en paz”, cree.


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