Bera

En la cima de la vida

  • Juanito Peña Perugorria mantiene con 90 años la ilusión con la que abrió en 1947 la venta fronteriza del monte Larun
  • A 900 metros de altura, Larun-Gain fue la primera venta de Larun, nacida para aprovechar la afluencia de turistas del tren cremallera que llegaba desde Francia

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Natxo Gutiérrez. Pamplona

Actualizado el 08/10/2013 a las 13:40

A 905 metros de altura, en la divisoria, la costa francesa aparece como una imagen de postal y se distingue la barrera montañosa que delimita Cinco Villas. Desde la cima, Juan Peña Perugorria, Juanito como se le conoce en Bera, respira con aire de satisfacción por el resultado benévolo que se extiende ante sus ojos seis décadas después de aventurarse a abrir la primera venta de Larun.


Apoyado sobre un bastón en el helipuerto habilitado junto a su establecimiento de Larun-Gain, esboza una sonrisa al repasar su vida desde la cima de sus 90 años recién cumplidos. Con la intuición por los negocios aprendida en su hogar de Otxuenea, en la plaza Altzate de Bera, no pudo resistir la oportunidad que le brindaba la afluencia a Larun de los turistas que transportaba el tren cremallera desde la vertiente francesa. "Con 50.000 pesetas" prestadas por su padre abrió la venta con tanto acierto que al cabo de un año devolvió a su progenitor el adelanto metálico. 


La anécdota es recuerdo consagrado de su memoria privilegiada para su edad, acorde con la vitalidad que rezuma y que le fue siempre sostén de apoyo para sortear trabas y asegurar llanuras de la vida.


Su inversión a 900 metros de altura fue certera con los ecos recientes de la contienda europea y los rescoldos sin apagar de la guerra fraticida en España. Seis décadas después de abrir la venta, un reguero de más de 3.000 personas hallan en sus paredes o su terraza un remanso donde degustar un plato o sorber un refrigerio a lo largo de la temporada de verano.


En su caso, mientras las fuerzas aguanten seguirá ascendiendo, acompañado en un vehículo, por la pista que serpentea las estribaciones de Larun hasta su desembocadura en las alturas. El acceso está restringido, de normal, a la circulación y sólo se permite el paso bajo posesión del oportuno permiso.


Viudo, padre de una hija y con dos nietas -con una de las cuales celebró la semana pasada su 90 aniversario-, Juanito Peña mantiene vivo el ánimo por el trabajo. Por su propia experiencia, confirmada en su dilatada trayectoria vital y profesional, dice que "el trabajo es bueno para la salud".


MANTEQUILLA DE CASA

    

Las limitaciones propias de su edad no son obstáculo para, llegado el caso y si la necesidad apremia por la afluencia de clientes, remangarse y ponerse detrás del mostrador. "Si hace falta, no me importa echar una mano en el mostrador" confiesa con una voz de hombre seguro que se ha hecho a sí mismo a base de humildad y esfuerzo cotidiano.


En el repaso a su vida que realizó antes de apagar las velas de su 90 cumpleaños, no pudo menos que evocar las imágenes del trajín que, cuando era niño, contemplaba en su hogar para elaborar productos lácteos.


"En mi casa se hacía mantequilla, y un comandante alemán enviaba un chófer a recogerla en la época en que Francia estaba ocupada", rememora. Con el comandante alemán entabló contacto en su época del servicio militar en San Sebastián. Entonces, al volante del coche de un alto mando español, Juanito Peña cruzaba la frontera de barreras y alambres colocados por efecto de la II Guerra Mundial.


El baúl de sus recuerdos es como una enciclopedia ordenada, que revisa para no olvidar los peldaños que le han llevado hasta la cima de la vida en Larun.

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