Conciertos

Un evocador Ludovico hechiza a Pamplona

El pianista italiano abrió anoche su gira de verano ante 7.000 personas en el Navarra Arena, convertido en territorio de emociones y sensaciones

Fotos del concierto de Ludovico Einaudi en el Navarra Arena

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Fotos del concierto de Ludovico Einaudi en el Navarra ArenaJ.P. URDIROZ

Santi Echeverría

Actualizado el 13/06/2026 a las 23:20

Pamplona ha sido una de las tres ciudades afortunadas, junto a Madrid y Barcelona, en la visita de Ludovico Einaudi a España con ese nuevo proyecto tan interesante que es Einaudi versus Einaudi, un trabajo en el que repasa toda su obra compositiva. Con la ayuda de su hijo Leo, ha ido arreglando los temas para que le puedan acompañar una pequeña orquesta de cámara pero con un enfoque contemporáneo. Dos horas y 40 minutos sobre el escenario fue lo que duró el concierto.

Recordemos que su anterior gira, Solo Piano, la desarrolló principalmente en teatros y fue un rotundo éxito porque vendió todas las localidades de aquellos lugares que visitó. Ahora Ludovico regresaba a la vieja piel de toro con una propuesta en la que gracias al acompañamiento de diez músicos logró que el sonido subiera otro peldaño en su propuesta épico-lírica.

Así aparecieron en el Navarra Arena con la mística de siluetas recortadas que se desplazaban contra un fondo que se asemejaba a una auténtica noche de niebla. Todo bajo la premisa de un hermoso formato acústico, con el permiso de algunos instrumentos eléctricos como la guitarra y los teclados.

En el escenario del Arena estuvieron Federico Mecozzi (violín), Redi Hasa (cello), Francesco Arcuri (percusión), Rocco Nigro (acordeón), Alberto Fabris (bajo) y Gianluca Mancini (teclados), componentes de su banda habitual, a quienes se sumaban para esta gira especial Veronica Conti (cello), Klest Kripa (violín) y Sharipa Tussupbekova (viola). Todos vestían de negro, salvo Ludovico, que llevaba camisa negra con filas de pequeños lunares claros y su habitual sombrero caqui de ala media.

Con los colores básicos dominando las claves de iluminación, fuimos pasando del blanco grisáceo de la niebla a los naranjas y rojizos para acercarnos a momentos más pasionales. Desde la espalda de los músicos y del fondo del escenario, las luminarias lanzaban decenas de diáfanos chorros de luz que recordaban a los músicos logrando un efecto tan elegante como conmovedor.

La realización audiovisual centraba su esfuerzo en dos enormes pantallas de altísima calidad de imagen, situadas en los laterales del escenario, y en sus proyecciones iba repartiendo tiempos, seleccionando primeros planos de todos los músicos. Y para Ludovico fueron varias las cámaras que despejaron diferentes ángulos incluso hasta un plano cenital.

Esta formación profunda y extendida permitió a los presentes en el Arena acercarse en una mayor medida al concepto cinematográfico de la música que ha desplegado Ludovico a lo largo de toda su trayectoria artística.

Después de las cuatro primeras composiciones, Ludovico se animó a tomar el micrófono para presentar esta nueva gira en el primero de sus conciertos de verano y agradeció a su hijo Leo -uno de los músicos de la formación en el Arena- porque no solo le ha ayudado a componer las nuevas canciones, sino también a realizar los arreglos musicales para gran banda de otros temas suyos muy conocidos.

Hubo ocasiones en las que Ludovico se levantó para dirigir físicamente a sus músicos. Otras veces, su mirada era suficiente. De esta manera fue convirtiendo al Arena en un territorio plagado de emociones y de sensaciones que nos iban evocando infinidad de imágenes. El público premió con sentidas y profundas ovaciones que respetaban escrupulosamente, hasta el último segundo, a que terminara la reverberación sonora de la última nota flotando en el espacio del Arena.

Nomadland, The Father, Experiencia, Oltremare, Nuvole bianche, la conocidísima Una mattina, I giorni o Nefeli fueron la corona central de los temas que interpretó en el Arena. Material sonoro altamente sensible, desarrollado no ya solo por esa pulsación elegante que domina tantísimo y con tanta sabiduría el tempo, sino también por el talento de sus músicos para este mundo tan mágico, magnético y personal con sello Einaudi. Ludovico, por fin en Pamplona, nos llevó de la mano de múltiples emociones de manera elegante y ejemplar.

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