Día Internacional de las Mujeres Rurales
"La ganadería me ha dado la libertad para atender a mis hijas"
Profesora de formación, Hodei Flores Galarza descubrió en Etxarri Aranatz un sector desconocido, que hoy es fuente de sustento familiar


Publicado el 11/10/2026 a las 05:00
Hodei Flores Galarza no llegó a la ganadería porque soñara con ser pastora. De hecho, hoy a sus 41 años de edad cuando habla de sus comienzos reconoce que, en realidad, ella “no pertenecía a este mundo”. Era profesora, una profesión vocacional, y aunque siempre había vivido en un entorno rural, la ganadería no formaba parte de sus planes. Hasta que la vida, sin preguntarle demasiado, la llevó precisamente hasta allí para demostrarle lo contrario.
Casarse con un ganadero fue haciendo que aquel mundo dejara de resultarle completamente ajeno. Primero fueron los domingos acompañándole mientras ordeñaba las tardes en la quesería. Aprendió a hacer queso y ayudaba cuando tenía tiempo. Poco a poco, casi sin darse cuenta, fue entrando en una actividad que inicialmente no era la suya pero que acabó dominando. Pero el verdadero cambio llegó con la maternidad. El nacimiento de su hija pequeña y las necesidades que surgieron entonces hicieron que continuar con su trabajo como profesora resultara complicado. Y fue precisamente la ganadería, aquella actividad a la que nunca había pensado dedicarse y que incluso consideraba esclava, la que acabó demostrándole que estaba equivocada. “Lo que me ha dado la ganadería es la libertad de poder atender a mis hijas y, sobre todo, a la pequeña de la forma que necesita en este momento”, ofrece por explicación.
Hodei no empieza la mañana entre ovejas. Comienza con el desayuno y el ordenador. Hay facturas, portales, papeles, cosas que hacer. Porque una ganadería también se sostiene delante de una pantalla, aunque, desde fuera, sea más difícil verlo. “Que yo no esté todo el día metida en la granja no quiere decir que no esté trabajando porque una ganadería tiene mucho más que ovejas y sobre todo ahora que la administración nos está ahogando por todas las esquinas y tienes que entender de todo” recuerda. Y también ha aprendido que trabajar con su pareja significa aprender a separar la vida personal de la profesional. Los dos son socios y comparten una empresa, pero también comparten una casa y dos hijas. Eso puede hacer que o bien el trabajo termine ocupando el espacio de casa o viceversa. Por eso han establecido incluso sus propias reuniones de empresa. Una vez al mes se sientan los dos, con el cuaderno y el ordenador, y hablan de lo que ocurre en la explotación.
EL TRABAJO OCULTO
Al recordar sus inicios piensa en qué le decían cuando aparecía en los medios pues había quien pensaba que no sabía ni lo que era una oveja. “La gente no sabe mi realidad dentro de casa ni todo el trabajo que hago en la granja”, dice. Pero si alguien le preguntara hoy si merece la pena dar el paso, respondería que sí. “A una joven que quisiera convertirse en pastora le diría que se anime, porque si yo, que vengo de un mundo desconocido a este, lo he conseguido, cualquiera puede. Eso sí, pediría más ayudas al Gobierno para quienes empiezan desde cero”.
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Quizá, después de todo, lo importante ya no sea preguntarse de dónde venía Hodei, sino darse cuenta de que, desde hace tiempo, la ganadería también era suya.
