Reportaje
Aprender a vivir de nuevo tras sufrir la amputación de parte de un brazo y ambas piernas con solo 17 años
Con solo 17 años, una sepsis meningocócica le obligó a amputarle parte de un brazo y ambas piernas tras permanecer 137 días ingresado. Hoy, desde su casa de Elbete, afronta una nueva vida marcada por la adaptación y el deseo de volver a caminar


Publicado el 09/08/2026 a las 05:00
Gorka Goñi Mendiburu, vecino de Elbete de 17 años (29 de marzo de 2009), abandonaba el Hospital de la Paz en Madrid el 21 de mayo tras haber estado ingresado 137 días, ochenta de ellos en la UCI. El 3 de enero una grave sepsis meningocócica, la bacteria de la meningitis, atacó todo su cuerpo. Una infección agresiva en la sangre que provocó necrosis en los tejidos de sus cuatro extremidades y, como consecuencia, para salvar su vida y tras someterse a seis operaciones, tuvo que perder parte del brazo izquierdo y la mitad de sus dos piernas. “Se me caía el mundo encima”, relata Gorka sobre el momento en el que le comunicaron que esa era la única solución.
Él, por el colocón que le provocaron los fuertes medicamentos que le aliviaban el intenso dolor que sentía, cuenta que no se acuerda “de mucho”. Pero su madre narra con pena las palabras que su hijo pronunciaba en aquel trágico momento: “No merecía la pena vivir”. El pensamiento de Gorka constantemente era: ¿y ahora qué voy a hacer sin piernas?
Hoy, tras cerca de dos meses en casa, el joven se ve con más fuerzas: “Físicamente estoy mejor y voy avanzando, mentalmente bastante bien. El apoyo de mi familia lo he tenido siempre, pero ahora están aquí mis amigos y es mejor”, dice desde el jardín del hogar familiar. “Ahora son fiestas y mis amigos me han invitado a ir a comer y a estar un rato con ellos”, añade Gorka.
Sus padres, Lourdes Mendiburu Vidart y Joxi Goñi Calayeta, desde el primer día no se separaron de él, por lo que debieron dejar a un lado sus trabajos para poder dedicarse en cuerpo y alma a su hijo. “El 4 de enero nos cogimos los dos la baja y no sabemos cuando vamos a volver”, comenta la pareja. “En ese aspecto hemos tenido mucha suerte”, afirman ambos porque, al ser asalariados, les preocupaba que sus respectivas empresas les pusieran algún tipo de inconveniente. “Han sido muy comprensibles con nuestra situación”, añade Lourdes agradecida.
Ahora, la vida de Gorka ha dado un giro de 180 grados. Su estilo de vida ya no tiene que ver con aquel niño de 16 años que jugaba a fútbol en el equipo de su pueblo, el C.D Baztan, antes de las navidades de 2025. Tampoco es el joven estudiante que en septiembre inició el grado medio de Electromecánica de Vehículos Automóviles en el CIP Virgen del Camino.
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UNA RUTINA COMPLICADA
A día de hoy, para Gorka, tareas tan sencillas como comer, lavarse los dientes o ducharse, que forman parte de la rutina diaria de cualquiera, le resultan muy difíciles de realizar. “El cambio ha sido muy grande. Hay cosas que antes no les daba importancia y que ahora me resulta complicado hacer. Son cosas que antes las hacía sin pensar”, explica melancólico. Tras dos meses en casa y con el aprendizaje de cada día, se ha ido adaptando a su nueva realidad. Continúa: “Ahora hemos creado una rutina y voy bien”.
De todas formas, el joven actualmente requiere de ayuda para todo. “Tal y como está, necesitamos estar siempre dos personas con él. Todavía hay heridas, con lo cual, no puede arrastrarse. El día que no las haya, se supone que será todo más fácil”, cuenta su madre.
CAMBIOS PARA SER PRÁCTICOS
Desde su llegada al hogar familiar en la localidad baztanesa, sus padres han tenido que adaptar distintas partes de la casa para facilitar el día a día de Gorka y favorecer su autonomía en un futuro. “Hemos tenido que poner todo patas arriba”, subraya Lourdes. Por ejemplo, para subir las escaleras, utiliza una camilla de ambulancia. “Jamás habíamos imaginado que necesitaríamos una”, afirma. Pero, hoy en día, no hace falta ingeniárselas mucho para que una persona con dificultades pueda llevar una vida normal. “Para comer, por ejemplo, tengo una pulsera que se engancha al tenedor y me intento apañar con eso”, relata Gorka sobre cómo hace para no ser tan dependiente de sus padres en la poca libertad que ahora tiene.
Una de las partes de la casa que más obras de adaptación han requerido han sido los baños: “Los hemos tirado enteros para que se pueda meter a bañar”, dice Lourdes. Pero todavía Gorka no puede ducharse con normalidad. Las vendas que cubren sus heridas, todavía sin cerrar, tienen que ser cambiadas por las enfermeras dos veces por semana tras tratar las heridas. La mujer dice que, cuando tiene la cura, es cuando se le puede duchar entero, sino, le suelen lavar la cabeza por un lado y el cuerpo por otro.
GANAS DE PODER ANDAR
“Sí que he pensado en el día en que me digan que me puedo poner las prótesis y, también, en el día que vaya y me las ponga”, explica Gorka pensativo e ilusionado. “Yo creo que me voy a caer, pero bueno”, confiesa con una sonrisa tímida en sus labios y compartiendo una mirada confidente con su madre. Sin embargo, todavía hay que esperar. El proceso de cicatrización de las heridas está mejorando pero no ha llegado al final, ni mucho menos. “Hasta que no se curen no podemos hablar de prótesis”, dice Lourdes. “Tengo ganas de empezar a andar otra vez porque, al final, si puedes caminar o levantarte te da mucha libertad”, explica el joven baztanés.
Pero Gorka, por encima de todo, ansía volver a hacer la vida de antes. Salir con sus amigos, ir a fiestas de Elizondo o hacer deporte. “Igual no tanto como antes, pero yo creo que llegará el día que puedas disfrutarlas completamente”, dice convencida su madre refiriéndose a los días festivos de su localidad que, este año, su hijo no va a poder disfrutar del todo. “Sí, va a llegar”, afirma Gorka con una actitud positiva.
LOS ESTUDIOS, EN EL LIMBO
El grado que estaba cursando Gorka este curso pasado era Electromecánica de Vehículos de Automóviles, una formación que requiere de habilidades con las manos y un esfuerzo físico notorio. Debido a la situación en la que se encuentra el joven, por ahora, tendrá que limitarse a cursar asignaturas teóricas . “El año que viene hará algunas asignaturas que hay en todos los grados”, asegura su madre. Él, de momento, no ha pensado en otras opciones: “No he pensado en hacer otra cosa. No he pensado en eso”, subraya Gorka.
El centro, está dispuesto a adaptar lo necesario para que Gorka pueda volver. “La predisposición es buena”, dice Lourdes.
La solidaridad supera todas las expectativas
Familiares de Gorka crearon la asociación Gurekin Zaude Elkartea con el objetivo de ayudar al joven baztanés a hacer frente a los elevados costes de los tratamientos, las adaptaciones necesarias y las futuras prótesis, cuyo precio es muy elevado. Inicialmente, se marcaron como objetivo recaudar 80.000 euros, una cifra que se superó ampliamente hasta alcanzar los 387.224 euros actualmente. Tanto Gorka como su familia se muestran profundamente agradecidos por el apoyo recibido. Este dinero recaudado ya se está destinando a cubrir distintas necesidades. Para poder seguir ayudando a Gorka, puede hacer una donación a este número de cuenta: ES83 3008 0043 11 5750490426.
