Solidaridad
Lesaka acoge los campos de voluntariado juvenil para recuperar los antiguos búnkeres del franquismo
La vicepresidenta Ollo ha trasladado a los jóvenes participantes en esta iniciativa organizada por el Instituto Navarro de la Memoria y el Instituto Navarro de la Juventud la importancia de aprender del pasado para construir un futuro en paz en libertad con la frontera como “punto de encuentro, no como una barrera”


Actualizado el 07/08/2026 a las 14:29
La frontera navarra está salpicada de casi 2.000 fortificaciones -más de 10.000 en toda la cordillera pirenaica- levantadas por el régimen franquista en prevención de una invasión aliada o republicana por los Pirineos que nunca llegó. La vicepresidenta y consejera del Departamento de Memoria y Convivencia, Acción Exterior y Euskera, Ana Ollo, ha visitado esta mañana los trabajos de recuperación de búnkeres del franquismo que 25 jóvenes están llevando en el monte Aguiña de Lesaka desde el día 1 de agosto en el marco del amplio proyecto ‘Fronteras de Hormigón’. La programación de 2026 contempla una segunda tanda entre el 16 y el 30 de agosto en Baztán (Alkurrantz). Como novedad este año también se incluye la recogida e inventariado de escritos en las paredes de los búnkeres y la mejora de la señalización de los senderos que dan acceso en colaboración del CI Donibane.
Desde su puesta en marcha en 2017 el trabajo voluntario de más de 400 jóvenes de diferentes autonomías y países ha permitido la recuperación de una treintena de fortificaciones en Auritz, Igal, Erratzu, Bera, Lesaka, Eugui o Isaba, entre otros emplazamientos. El proyecto incluye estos campos de voluntariado juvenil organizados y cofinanciados entre el Instituto Navarro de la Memoria de la Dirección General de Memoria y Convivencia y el Instituto Navarro de Juventud del Departamento de Vivienda, Juventud y Políticas Migratorias en colaboración también con las entidades locales de cada zona, en esta edición los Lesaka –cuyo alcalde, Ladis Satrustegi- también ha estado en la visita- y Baztan.
Como es sabido, el dictador Franco quería evitar una posible invasión de las fuerzas aliadas o de la resistencia antifranquista tras la guerra civil y la segunda Guerra Mundial. Estas edificaciones (que incluían desde los elementos para ametralladora, para cañón anticarro, mortero, refugios, etc..) se construyeron en lo que es el territorio foral en dos tandas. En la primera fase, hasta 1940, se hicieron un total de 115. De la segunda fase (hasta 1955 aproximadamente) 1.836. De esta segunda fase se planificaron 2.884 por lo que 1.047 se quedaron sin construir.
La consejera y vicepresidenta Ana Ollo ha transmitido a los jóvenes participantes en este campo de voluntariado la importancia del compromiso de la juventud para mantener viva la memoria de la violencia injusta del régimen franquista, en un contexto como el actual de auge de fascismos y posfascismos que de nuevo amenazan la democracia cuestionando, e incluso negando, lo sucedido. “La convivencia en nuestra sociedad no puede basarse en el olvido ni la negación, sino en la memoria crítica”, ha afirmado durante su visita en la que ha animado a las nuevas generaciones a levantar “puentes y abrir caminos en lugar de muros o búnkeres” y a contemplar la “frontera como un espacio de encuentro y colaboración no de separación y de barrera”.
Y no solo por razones éticas y políticas, sino porque “la historia ha demostrado la inutilidad práctica de este tipo de edificaciones megalómanas que además detrajeron recursos económicos y humanos (en ocasiones en forma además de trabajos forzados) muy necesarios para la sociedad civil en la dura época de la posguerra. La mejor manera de frenar la intolerancia y el fascismo –antes y ahora- es la construcción de un mundo basado en la democracia, los derechos humanos, la justicia y la libertad”, ha afirmado. La consejera ha estado acompañada por los responsables del Instituto Navarro de la Memoria, Josemi Gastón y César Layana, en una visita en la que también ha participado por parte del Instituto Navarro de la Juventud su vicedirector Carlos Amatrian.
Amatrian ha puesto de relieve “el valor transformador del voluntariado joven. Este campo no solo recupera elementos físicos de nuestra historia y patrimonio, sino que construye un espacio de convivencia, aprendizaje y trabajo colectivo. Queremos que los campos de voluntariado sean eso: experiencias vitales donde hacer amistades, aprender en equipo y dejar una huella positiva en Navarra. Gracias a su esfuerzo, recuperamos nuestro pasado para ofrecerlo a toda la ciudadanía. Por eso, seguiremos apostando por estas iniciativas que unen memoria, trabajo comunitario y valores democráticos”.
TRABAJOS DE RECUPERACIÓN DE ESCRITOS Y MEJORAS EN LA SEÑALIZACIÓN
En esta ocasión, además de limpiar algunos de estos elementos tanto en el entorno del monte Agiña, en Lesaka ahora (y más adelante en el de de Alkurruntz, en Baztan), es que se están llevando a cabo labores de mejora de señalización de las rutas ya existentes que se fueron desarrollando con los campos previos. Con el fin de facilitar la accesibilidad, mediante un trabajo conjunto con el CI Donibane, alumnos de dicho centro fabricaron una serie de postes de señalización que se irán colocando en las diferentes rutas existentes. Durante los campos de voluntariado está previsto señalizar en concreto las rutas de Lesaka-Oiartzun y Otsondo.
Además de la propia limpieza de las estructuras, retirando vegetación y tierra que haya podido ir sellando los accesos y mirillas, una labor destacada, es la de recopilar e inventariar los escritos que puedan conservarse de muchos de estos búnkeres. En muchos casos se trata de nombres propios, fechas, etc…, relacionados con aquellos hombres implicados en su construcción. Como se ha señalado, las primeras construcciones hasta inicios de los años 40 fueron llevadas a cabo por prisioneros y represaliados encuadrados en Batallones de Trabajadores, mientras que la segunda fase se llevó a cabo con soldados de reemplazo.
“Estos escritos a veces representan verdaderos tesoros que nos permiten poner nombre y apellido o acercarnos a la dura vivencia de estos verdaderos esclavos del franquismo. Su progresiva catalogación permitirá generar una rica base de datos que nos ayude a recuperar y divulgar la memoria olvidada de estos miles de hombres. Será un grano más en la construcción de esta memoria”, explican desde el Instituto Navarro de la Memoria, quien irá incorporando ese material a su archivo digital Oroibidea.
