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Carnaval txiki de Lantz, gigante en ilusión

El Carnaval que protagonizan los vecinos más pequeños de Lantz nació tal y como lo conocemos hoy a finales de los años 70. Lo hizo de forma espontánea y sencilla pero con una ilusión enorme

LANTZ CARNAVAL TXIKI
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Una niña de Lantz sonríe en el ‘sabai’ de la Posada en el año 2013JESÚS GARZARON
LANTZ CARNAVAL TXIKI

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María Lizaso

Publicado el 31/01/2026 a las 13:54

ADEMÁS de la entrada de las mujeres en la comitiva carnavalesca, el final de los años 70 trajo consigo otros importantes cambios, como fueron el Carnaval txiki y la forma de costear los gastos de los actos festivos, que hasta entonces corrían a cargo casi exclusivamente de los mozos. Fueron unos años de profundas transformaciones sociales, que se reflejaron en un interés creciente por las tradiciones y el folclore rural. El pueblo empezó a recibir cientos de visitantes, periodistas, equipos de televisión y fotógrafos deseosos de conocer de primera mano esta popular fiesta. 

Antiguamente eran tan solo uno o dos menores los que perseguían al resto de niños del pueblo que iban a la escuela. Sin embargo, tras recuperarse el Carnaval gracias al documental de los hermanos Caro Baroja en 1964, esta carrera cambió y desde entonces eran los niños, vestidos de ‘txatxu’, quienes corrían detrás de las niñas. Según cuenta Nieves Aríztegui, recorrían varias calles del pueblo y después las chicas se escondían en sus casas y les cantaban desde la ventana la siguiente canción:

- Txatxu murrunero /que no vales un dedo

- Txatxu valiente / que no vales un diente

No se representaba ningún otro personaje del Carnaval. José Echaide, de 68 años, asegura que eran muy pocos ‘txatxus’, “unos diez o así”, y salía cada uno de su casa porque los niños no entraban en la Posada. Recuerda que hubo varios años en los que su tío Martín les ayudó a elaborar una ‘Miguelotxina’, que se hizo muy popular en el pueblo a finales de los años 60. “No llevaba ni guantes, ni botas y le caía la hierba del palo hacia abajo. En la cabeza tenía un pañuelo con sombrero y la quemaban”, recuerda. “Juantxo, otro vecino del pueblo, tocaba la música con un ‘do-re-mi’ y los demás cantaban”, añade este vecino de casa Lerdenea.

Los primeros años en los que los niños de Lantz recrearon todos los personajes del Carnaval fueron los años 1978 o 1979. Se vistieron en Juanzarnea ayudados por los jóvenes del pueblo y con prendas y cachivaches que tenían a mano. Como no había música, utilizaron un magnetofón que les dejó una vecina. La cabeza de Miel Otxin la hicieron con un pañuelo pintado.

Los años siguientes, la música corrió a cargo de unos txistularis y después tomó el relevo el acordeonista Jesús ‘Txus’ Román, que llevaba ya unos 20 años yendo a carnavales de Lantz. Pasaron de vestirse en casa Juanzarnea a hacerlo en Martinenia y, posteriormente, en la Posada. Nieves Aríztegui recuerda que los chicos y chicas del pueblo salían de misa el domingo e iban a buscarle para que les ayudara a vestirse.

Hasta 1983, el Carnaval txiki se hacía el domingo de la semana anterior, pero ese año se celebró un funeral ese día y la fiesta se pasó al domingo siguiente, tal y como se realiza en la actualidad.

CARNAVAL TXIKI LANTZ 1985
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Un grupo de niños baila el zortziko en el frontón de Lantz en los Carnavales de 1985ARCHIVO/MENA
CARNAVAL TXIKI LANTZ 1985

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Miren Urriza Erviti y Oihana y Saioa Oiz Olagüe se sumaron a esta fiesta cuando ya estaba consolidada. Oihana, de 46 años, recuerda que era “muy importante y especial” para los txikis del pueblo. Rememora con cariño la merienda de la tarde y el posterior baile con el acordeonista.

Los niños de Lantz vivían el Carnaval desde muy pequeños, tanto en casa como en la escuela del pueblo. Oihana recuerda que, cuando acababa la Navidad, recogían el Belén y la profesora, Pili Urriza, también de Lantz, les enseñaba a bailar el zortziko. Además, cada uno ensayaba también con la familia. “A nosotras nuestra madre nos ponía en el paso de casa y las dos hermanas bailábamos detrás de ella”, afirma.

Lo que no ha cambiado desde entonces es que a los txikis de Lantz los tres días de Carnaval les saben a poco y, cuando terminan los festejos, siguen recorriendo las calles simulando que son herreros, ‘txatxus’, Ziripot, Zaldiko y Miel Otxin.

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