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San Urbano, el tesoro de Odieta
La ermita de San Urbano es un enclave muy especial para los 377 vecinos del valle de Odieta. Desde hace décadas, es además lugar de peregrinación para cientos de devotos en el mes de mayo


Actualizado el 08/01/2026 a las 16:27
La ermita de San Urbano en Gaskue y su idílico entorno son sin duda uno de los lugares más queridos por los vecinos del valle de Odieta. Tal y como reza el panel instalado en su fachada, este punto es “un símbolo de identidad colectiva local”.
Robles, hayas y arces, entre otros, rodean esta formidable edificación erigida en un claro entre los montes Chuchurro y Arronamendi, al que se accede desde Gaskue a través de una pista de 2,1 kilómetros.
Se desconoce cuándo se edificó la ermita original, ya que los libros de su archivo desaparecieron. Sí se sabe que fue reedificada a finales del siglo XVI y saqueada por los franceses en 1813. El edificio actual data de 1905 y posteriormente ha sido remodelado hasta en cuatro ocasiones. Tiene una planta de 283 m2 y 405 metros de tejado, sin contar las dependencias aledañas.
En 2015, el edificio pasó a ser propiedad del Ayuntamiento de Odieta, que llevó a cabo obras de restauración del tejado y de la bóveda, así como trabajos para arreglar las grietas de sus muros y adecuar el inmueble a nuevos usos como conciertos, exposiciones y conferencias.


DEVOLUCIÓN A SAN URBANO
Urbano I fue el 17º Papa de la Iglesia Católica, entre los años 222 y 230. El 25 de mayo de ese año, siendo emperador de Roma Alejandro Severo, padeció martirio y su cuerpo insepulto fue inhumado en el cementerio de Pretextato.
No se sabe con exactitud cuándo comenzó el culto a San Urbano en Navarra. En Odieta, la leyenda recoge que la devoción nació tras la milagrosa curación de un pastor cojo al cual se le apareció el santo en un espino y curó su pierna lisiada. A partir de entonces, los vecinos acudieron cada 25 de mayo a ese lugar, donde erigieron una ermita en su honor. La creencia popular concede a San Urbano virtudes curativas sobre el reuma.
Esta gran devoción se refleja en los cientos de personas que acuden cada año a la romería de San Urbano. Actualmente esta se realiza el último domingo de mayo, pero anteriormente se celebraba el mismo día 25. Agustín Ciganda Guerendiáin, de 83 años, recuerda que sobre todo subían a la ermita vecinos de los valles de Odieta, Anue, Atez y Juslapeña, cuyos pueblos se vaciaban y se quedaban solo “con cuatro mayores”. Pero también acudían personas de lugares más alejados, como Urroz o Beintza-Labaien, que venían andando por Eltzaburu (Ultzama). “Estos oían misa y volvían enseguida”, asegura Agustín.
Este vecino de Latasa recuerda que un año en el que el día 25 cayó en domingo, hubo hasta 14 puestos de venta de bebidas. Su familia, que tenía posada, cargaba el género en un carro tirado por bueyes y salía de Latasa hacia San Urbano a las 4 de la mañana. “Se servía sobre todo vino, pero también cerveza y anís y coñac, ‘sol y sombra’. Más tarde también pacharán”, añade. Ellos eran los únicos que vendían comida; un año asaron diez corderos en tres “kerrenes”. También había puestos de “chocheros”, almendras, caramelos e incluso algún trilero. Otros vendían collares de madera para las ovejas, “uztelles”.
Agustín Ciganda recuerda asimismo que “se sacaban muchísimas misas”. “Alguien se ponía toda la mañana en la entrada de la ermita e iba apuntando los nombres y recogiendo el dinero”, afirma. Tras la comida, solía haber baile con un acordeonista en Gaskue.
Agustín ha conocido tres ermitaños en San Urbano. El último era su tío, Mariano Ciganda Ostiz, también de Latasa, que falleció en 2010 a la edad de 100 años. Entre septiembre y marzo, Mariano Ciganda recorría más de 300 pueblos con la reliquia, desde Bera, hasta Lekunberri, pasando por Eugi o Urroz-Villa. Primero lo hacía andando o en bici, y los últimos años, en moto. Además de recoger limosna para la ermita, apuntaba misas con nombre y apellido. Esta visita solo es comparable en su amplitud con la que realiza el Ángel de Aralar.
Resu Mutilva Eguaras, vecina de Ostiz pero natural de Anotzibar, también recuerda que hace unos años subía “muchísima gente” a la romería. En su caso, salían del pueblo hacia las 8 ó 9 h. de la mañana en varias cuadrillas. Se vestían de domingo, ya que el día de San Urbano era una de las fiestas más esperadas por muchos vecinos de la zona.
