Nevada
Incomunicados en San Miguel
Un manto de nieve de 30 a 40 centímetros cortó los accesos al santuario de Aralar durante más de 12 horas. La “calma y el silencio” acompañaron al matrimonio que regenta el servicio hostelero


Publicado el 22/11/2025 a las 08:37
Los intentos por acceder a primeras horas de la tarde de este viernes al Santuario de San Miguel de Aralar resultaron baldíos. Una furgoneta de los servicios de mantenimiento de carretera y después un cartel con el lema de carretera cortada, colocado a la altura de Baraibar, deshizo cualquier tentativa.
Arriba, a 1.300 metros de altitud, el matrimonio formado por Miren Zulacia Setién y Manuel Salah Domínguez, a la sazón gestores del servicio hostelero en el edificio del antiguo refugio, permanecían tranquilos. “Estamos aquí -decía ella- porque queremos. Podíamos haber bajado a Lekunberri” en la víspera, cuando la intensa precipitación de nieve no dejaba de ser una amenaza en los pronósticos meteorológicos.
La sensación de “calma” abrazaba su descanso después de 12 horas incomunicados. Un manto de “30 a 40 centímetros” de espesor se interponía en su desplazamiento hacia cualquier otro lugar. Cuando, fueron despejándose los caminos a menor cota, un quitanieves limpió la subida hasta el aparcamiento.
Atrás quedaba una noche de nevada copiosa, con el termómetro congelado a “menos cuatro grados” de temperatura.
La voz de Miren Zulaica no transmitía la mínima inquietud en su comunicación con el exterior, vía telefónica. “Tenemos comida, bebida, gasoil y leña”, confesaba sin el menor atisbo de preocupación. “También es bonito vivir esto”, añadía.
Por precaución, por la mañana, antes de la limpieza de la carretera, ella y su marido hicieron llegar a las trabajadoras que se incorporan los fines de semana un mensaje de tranquilidad porque igual “el sábado (por hoy) no pueden subir. No es cuestión de ponerse en riesgo ni de andar con prisas”. La hostelera recurría al sentido común y a la prudencia para evitar contratiempos y sustos que lamentar.
La situación de este viernes le devolvió la imagen de un confinamiento en su primera de las dos etapas en San Miguel de Aralar. “Fue el primer fin de semana después de Reyes, en el año 2017. Cayó una gran nevada. Entonces se utilizó el polideportivo de Alsasua para acoger a conductores que se quedaron retenidos en la carretera”. Su memoria viaja a esas fechas concretas, grabadas como una experiencia única e inolvidable. Al salir por la puerta del que fuera refugio, hoy habilitado como bar-restaurante, sintió algo especial. “Ese fin de semana -dice- descubrí lo que es el silencio”.
