Los castaños renacen en el norte de Navarra
El estudio y recuperación de antiguos castañales centran los esfuerzos tanto de instituciones como de particulares que trabajan por que tengan futuro


Publicado el 02/11/2025 a las 05:00
Los castaños están presentes en los montes de la zona norte de Navarra desde hace miles de años, ya que es una especie autóctona de la península ibérica. Han sido testigos de los cambios en los modos de vida ocurridos con el paso de los años.
Los frutos de estos árboles majestuosos, las castañas, han servido de alimento tanto para los vecinos de los pueblos como para los animales, pero también han supuesto una importante fuente de ingresos. Incluso se han llegado a utilizar como moneda de cambio. Sin embargo, desde mediados del siglo XX, por cambios en los usos y tras la aparición de algunas enfermedades, como la tinta o tiña, su importancia ha decaído y la mayoría de los castañales han dejado de explotarse y se han abandonado.
Es por esto que en los últimos años, tanto el departamento de Desarrollo Rural y Medio Ambiente del Gobierno de Navarra como entidades locales y particulares están mostrando un interés creciente por recuperar los castaños antiguos. De hecho, este árbol se ha convertido en una buena alternativa para el emprendimiento agrario en zonas del norte de la Comunidad foral. Es el caso de Laura Martinena y Xabi Azpiroz, vecinos de Itsaso (Basaburua), que están llevando a cabo un proyecto para recuperar un castañal antiguo y plantar árboles nuevos.
En la actualidad, según Mikel Díaz Osés, técnico de Gestión Forestal del Gobierno navarro, entre la comarca cantábrica y la pirenaica la superficie de castaño asciende a 1.380 hectáreas. Se calcula que los castaños más antiguos, distribuidos prácticamente por toda la parte norte de Navarra, pueden tener entre 300-400 años, si bien, según Díaz, “no hay estudios dendrológicos que lo confirmen”. Varios trabajos de investigación han demostrado que existían castaños en Europa desde “al menos el fin del Periodo Terciario” y se sabe también que la península ibérica “fue refugio para la especie Castanea sativa durante la última glaciación”.
NO SOLO UNA FUENTE DE ALIMENTO
Cuando José María Aríztegui, José Irurita y Esteban Aríztegui, vecinos de la localidad de Lantz, hablan de los castaños y de sus frutos, recuerdan inevitablemente las noches de otoño pasadas junto a la familia en torno a un danbolin o padera de castañas. Esta costumbre, sazonada con los ecos de historias del pasado, se mantiene hoy en día, aunque la morfología de las familias ha cambiado mucho en las últimas décadas.
José Irurita, de 83 años y de casa Pertijena, cuenta que era su padre quien, durante el mes de septiembre, se encargaba de limpiar el castañal. “Iba con una hoz y cortaba todos los helechos, zarzas o brotes que había y dejaba todo limpio”, asegura. Después, cuando veían que los morkots estaban más maduros, es decir, habían cambiado el color verde por el amarillo-naranja, subían a varear las ramas para que cayeran los erizos enteros. “No se podía dejar pasar muchos días porque si no el morkots se abría, caía la castaña y costaba más recoger y era más difícil de conservar”, afirma José Irurita. Él solía subir temprano con su padre a varear las ramas de 3 o 4 castaños. Después de almorzar, su padre seguía vareando y él recogía con una pinza de avellano los erizos y los llevaba en espuertas a la borda. “Se extendían en la parte de arriba a lo largo de todo el edificio y cogían una altura de medio metro, más o menos”. Luego, para separar las castañas de los erizos los iban removiendo con una especie de rastrillos. Era bueno que hubiera humedad, ya que así el morkots se pudría y se separaba mejor.
Días después, se metían las castañas en sacos y se bajaban a casa para, entre todos los miembros de la familia, separar las buenas de las zatolas, es decir, “las que no tienen miga”, según Esteban Aríztegui, de 73 años y de casa Simbornia. José cuenta que en su casa “se ponían dos mesas en la cocina, se extendía una sábana y toda la familia se ponía alrededor para seleccionar las que eran buenas para la venta”. En dos temporadas llegaron a entregar hasta 4.200 kilos, cada año. “Era una fuente de ingresos importantísima porque no tenía gasto”, asegura José. Todas las castañas se vendían antes de Navidad y algunas se llevaban a Valencia.
Este trabajo se estuvo realizando hasta finales de los 60 más o menos, según estos vecinos de Lantz. En esos años, muchas familias cambiaron las vacas de carne por las de leche y ya no tenían tiempo para cuidar los castañales. Este abandono ha hecho que broten muchas plantas jóvenes tanto de castaño como de otras especies, algunas de las cuales “ahogan” a los árboles viejos.
Esfuerzos para recuperar los castaños antiguos
Hace ya más de cuatro décadas que el departamento de Medio Ambiente comenzó a trabajar en la recuperación de los castañales con una plantación en Aritzakun (Baztan). Los trabajos se han intensificado en los últimos 5 años en los que se han realizado formaciones, recogida de muestras y entrevistas. Los castaños siguen siendo un recurso económico importante en el norte de Navarra, y, además, aportan beneficios desde el punto de vista ecológico y ambiental para la biodiversidad y son el eje de toda una cultura en torno a ellos.
LA IMPORTANCIA DE LOS INJERTOS
Los injertos son una parte muy importante en el manejo de los castaños. Para hacerlos, en Pertijena cortaban las ramas del año “de un castaño que estaba injertado antes y que tenía buenas castañas”. Lo hacían en noviembre y con luna menguante. Después, esas ramas las guardaban en la arena del río o debajo de un montón de helechos para que “se mantuvieran frescas” y conservaran la savia. Cuando los castaños empezaban a rebrotar en primavera, se injertaban. Se hacía en ejemplares de 5 o 6 años, con un tronco de 10-12 centímetros de diámetro. Se tenía en cuenta que tuviera ramas por debajo para que no se secara si el injerto no tomaba. En la “herida” se ponía zotal o trozo de tierra para evitar que entrara el agua. Los árboles que no se injertan se conocen como txertakabes y según José y Esteban, sus castañas tienen más “camisa” o piel y son más desiguales. Las primeras castañas en madurar son las conocidas como sanmiguelas. Según Esteban Aríztegui, esta variedad de castaña es algo más pequeña que las demás, “tipo al ajo”. Otras variedades presentes en el castañal de Pertijena son Sarobe y japonesa.
José María Aríztegui, de 90 años, recuerda que sobre todo era su padre quien trasplantaba los brotes de castaños. También recogían las castañas con el morkots, que luego conservaban en la borda o junto a su casa, Petrinenia. “Antes se conservaban bien durante meses, en grano también, pero ahora para los 15 días están podridas”, afirma. En su casa comían las castañas asadas o cocidas antes de la cena, otras las vendían y las peores se las daban a los cerdos.


La castaña, un recurso de futuro en zonas rurales
Los castaños centran este año las actividades del proyecto Sustraiak, surgido en 2016. Esta iniciativa, que implica a toda la comunidad educativa de Larrain-tzarko Ikastetxea, busca que los alumnos conozcan fuera del aula diferentes aspectos, lugares y entornos de la zona de Ultzamaldea y se acerquen al modo de vida local y a sus vecinos.
Una de las acciones que se han desarrollado en estos últimos meses ha sido la visita en junio a las dos fincas de castaños que Xabi Azpiroz y Laura Martinena tienen en Igoa (Basaburua). Una de ellas es de castaños antiguos, mientras que en la otra están recuperando un antiguo castañal que fue sustituido por alerces y que, tras la tala de estos, ha vuelto a rebrotar.
Esta pareja reside en Itsaso, donde, además de castaños jóvenes, tiene también una plantación de avellanos. Xabi, guarda forestal de profesión, y Laura tratan a sus árboles con mimo; los cuidan, los observan y ven cómo evolucionan los injertos. “Los castaños no se tratan con productos fitosanitarios. Lo importante es cuidarlos mediante el manejo”, asegura Xabi, quien recuerda que fueron los romanos los que trajeron la sabiduría de la gestión del castaño como fruto.
En la zona de Basaburua se mantiene el castaño europeo, el de Sátiva. Hace algo más de un siglo muchos de estos árboles murieron por la ‘tinta’ y desde el Cantábrico se introdujo otra variedad de castaño, la crenata, procedente de Asia. Según estos castañicultores, esta variedad tiene el fruto más grande, pero las castañas son “algo más sosas”.
En algunas localidades se han hecho comunales con los castañales. En Itsaso, por ejemplo, se va a recuperar parte de un castañal. Entre los vecinos se ha quitado toda la competencia a los castaños viejos y también se va a desbrozar y replantar en los huecos. Asimismo, en localidades como Ihabar, Irañeta y Bakaiku, de la mano de Sakana Garapen Agen-tzia, se están realizando proyectos similares.
Laura cree que “es imposible recuperar los castañales si no hay un interés por la castaña”. “Los castañales necesitan un mantenimiento, si no hay nadie que tenga una economía en torno a esto, se van a volver a dejar”, asegura. En línea con esta idea, el proyecto iniciado por Laura y Xabi tiene una segunda fase que es poner en marcha en los próximos meses un obrador. Su hija, Garazi, de 21 años, descascarará y tostará las castañas y las avellanas y también hará harinas. Después, Laura se encargará de elaborar turrones y cremas.
JORNADAS TEMÁTICAS EN JAUNTSARATS
El creciente interés por el castaño centra las jornadas temáticas que se llevarán a cabo en Jauntsarats (Apeztegiberri) el viernes 31 de octubre y sábado 1 de noviembre. El viernes por la mañana habrá sesiones de carácter técnico sobre variedades e impacto del cambio climático. Por la tarde será el turno de las experiencias de recuperación de castañales, un manual de buenas prácticas, un documental sobre cestería de castaño y se presentarán unas ayudas de Caja Rural. El sábado tendrá lugar una mesa redonda en torno a técnicas de recolección y cuidado de la castaña y sobre la venta en canales cortos. A las 18.30 horas, se proyectará el vídeo sobre los castañales de Ultzamaldea realizado por la apyma de Larraintzarko Ikastetxea. Estas jornadas cuentan con la colaboración del Gobierno foral, INTIA, Foresna-Zurgaia, Cederna Garalur y Montes Vivos-SEO BirdLife, entre otros. El domingo 2 se celebrará también en Jauntsarats la II Feria de la castaña. Incluye una exposición sobre la cultura en torno a este árbol, venta de planta y muestra de injertos, productos hechos con castañas y un taller de cestería.


