Verano en mi pueblo

Resaca emocional de una tarde nostálgica en Etxalar

Tras el apogeo de las fiestas patronales, Etxalar retomó la calma tan característica de su verano

Fotos del verano en Etxalar./
Fotos del verano en Etxalar./IRATI AIZPURUA

Abraham Del Pozo Zabaleta

Publicado el 30/08/2025 a las 05:00

Etxalar amanecía en silencio el martes 19 de agosto. Apenas una figura cruzando la plaza, una persiana a medio subir, el eco de los pasos sobre las piedras del casco antiguo. “Hoy no hay nadie, porque ayer fue el día grande: el del Asau y el de los jubilados. Hoy el pueblo duerme”, explicaba Miren Vicente, técnica de la Oficina de Turismo, situada en la Casa de Cultura Pello Apezetxea. Las fiestas patronales, celebradas del 14 al 18 en honor a la Virgen, acababan de concluir, y el municipio se sumía en esa calma que solo los pueblos conocen tras varios días de música, comidas populares y muchas horas de baile.

Desde el mostrador, Miren describe con detalle lo que no se ve a simple vista: “Muchos vienen por el entorno, por la naturaleza, pero se sorprenden con el cuidado del casco histórico. Etxalar no solo se ve bonito, está vivo”. El pueblo, encajado entre montes suaves y espesos, conserva con esmero su arquitectura tradicional: caseríos de piedra, balcones de madera y calles empedradas que giran en torno a la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, con su portada gótica y su retablo barroco. En su jardín, una colección de estelas discoidales del siglo XVII al XIX recuerda la memoria funeraria del valle.

La actividad no desaparece del todo. A media tarde, Iñaki, vecino de toda la vida, se asoma a su portal: “Lo mejor viene en octubre, cuando empiezan las palomeras. Eso sí que es tradición de verdad”. Se refiere al antiguo sistema de caza con redes, vigente desde el siglo XV y hoy declarado Bien de Interés Cultural. La caza de palomas, entre ritual y espectáculo, reúne cada año a vecinos y visitantes. Fuera de temporada, el entorno sigue ofreciendo opciones para el turismo activo, con senderos entre bosques, rutas ciclistas y alojamientos rurales que invitan a desconectar.

Por sus tranquilas calles caminaba la pareja formada por Iñaki Fernández y Teresa Gómez, junto a su hijo Pablo. La familia, que reside durante el año en Logroño, disfruta del verano en Etxalar al ser la madre oriunda de la localidad. “Etxalar es un pueblo muy vivo que ofrece una infinidad de actividades en el verano, aunque también existe una paz enriquecedora”, enfatizaba Gómez. Suelen acompañar a su hijo Pablo a pescar al río, siempre que el tiempo lo permite, aunque también son mucho de disfrutar de la naturaleza. “Mires donde mires, hay montes y naturaleza; esa es la gran suerte del verano en Etxalar”, comentan entre los tres.

Justo enfrente se hallaba el restaurante asador La Basque, con todas las mesas ya preparadas para acoger una nueva remesa de clientes a la hora de cenar. El trabajo a destajo de días atrás entre vecinos, turistas y curiosos había sido todo un éxito. Ahora, “llegó la calma”. Por su parte, el club de jubilados, que todas las tardes del año suele tener mucha actividad, en palabras de los vecinos, esa tarde permanecía cerrado debido al fin del bullicio festivo.

A la vuelta, en dirección hacia el frontón, nos chocamos con una imagen más que peculiar: un hombre caminaba despaciosamente al son de las rancheras. Este era José Manuel Vicente, vecino de Etxalar, que confesó su predilección por el cancionero mexicano: “En esta zona amamos la música típica de México”. Preguntado acerca del verano en su pueblo, Vicente resaltó la “gran suerte del clima” que, entre otras cosas, “permite disfrutar del monte sin grandes sofocos”.

En la plaza del frontón la resaca no había hecho mella porque el alboroto de niños y padres, como una tarde cualquiera, era palpable. Sobre un banco se arremolinaba un grupo de niñas de Etxalar encantadas con su verano. En mitad de la grabación de un tik tok, Yailline Témez, Nahia Iparragirre, Elene Irisarri, Noa Otazo y Aroa Damboriena charlaban tranquilamente. “Nuestro verano en Etxalar es emocionantísimo”, contaba Yailline Témez, que enumeraba seguidamente el gran abanico de actividades que desempeñaban a todas horas del día. Juntas hacían una cronología de su verano: “Durante el día solemos ir a la piscina o al frontón, pero el mejor plan es cuando llega la noche porque es momento de jugar y hablar de nuestras cosas”.

La previa del partido de Osasuna ante el Real Madrid era uno de los temas de conversación entre los vecinos de Etxalar, aquella tarde de agosto. Camisetas de Osasuna y alguna que otra bandera colgada en los balcones presagiaban el inicio liguero del conjunto navarro.

Continuar

Gracias por elegir Diario de Navarra

Parece que en el navegador.

Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, para poder seguir disfrutando del mejor contenido y asegurar que la página funciona correctamente.

Si quieres ver reducido el impacto de la publicidad puedes suscribirte a la edición digital con acceso a todas las ventajas exclusivas de los suscriptores.

Suscríbete ahora