Suceso
El repartidor de Diario de Navarra que evitó una tragedia: “Hubiésemos ardido todos”
El oportuno aviso de un repartidor salva a dos familias de Arizkun en un incendio declarado mientras dormían


Actualizado el 09/12/2024 a las 09:18
La heroicidad se revela en pequeños detalles. Patricio Loayza Romero detuvo su furgoneta de reparto de Diario de Navarra, atraído por una inquietante humareda que sobresalía por encima del núcleo urbano de Arizkun. Señal inequívoca de mal presagio, corrió hacia el foco de su preocupación. “Esas cosas -por su reacción oportuna y celérica- no se piensan. Se actúa”. Lo dice un hombre humilde y trabajador, nacido hace 54 años en Ecuador e instalado desde hace 24 en Pamplona.
“Cualquiera no lo hace”, replica Maixi Lizarza Sagüés, a la que salvó en la madrugada del domingo al lunes pasado tras declararse un incendio en el tejado de su vivienda familiar.
Como de costumbre, el repartidor de la buena suerte había salido a las dos y media de madrugada de la rotativa de Diario de Navarra con sus encargos para la zona de Baztan. Después de dejar el polígono de Ordoki, giró hacia el centro de Arizkun, cuando una espiral de volutas desvió su atención hacia el tejado de la Casa Iturriondoa, en el número 39 de la calle Tximindo. El silencio y la oscuridad de las cuatro y media de la madrugada acentuó su mal presentimiento. A esas horas imperaba el silencio. “Aquel humo no era normal”, recuerda. Llamó a la puerta, sin obtener respuesta. A base de insistir, logró su propósito . Despertó a Andoni Goienetxe, que habita un piso inferior al de su madre, Maixi Lizarza. Alertado por el recién llegado y consciente de la tragedia que podía avecinarse, regresó sobre sus pasos para avisar a su mujer, Amaia Jaurena, y poner a salvo igualmente a sus dos hijos pequeños, Elene, de dos años y medio, y Unai, de cuatro meses.
Entre tanto, en la calle, el salvador de su familia contactaba con su móvil con los bomberos. Para cuando llamó a los servicios de extinción, Patricio se había preocupado por dar la voz de alarma a los vecinos de la familia Goienetxe Lizarza con llamadas insistentes a su puerta. Y aún tuvo arrestos y frialdad mental para, en medio de una situación más que comprometida, ayudar a Andoni Goienetxe a conectar una manguera desde su garaje.
La llegada de los bomberos supuso un alivio entre el desasosiego de los desalojados. La intervención de los profesionales sofocó el fuego del tejado y, por otro, evitó que se propagase por el contiguo de la casa anexa. Sus habitantes, Jose Mari Aldako Alemán y Pilar Hernández Asirón tienen palabras de agradecimiento a Patricio porque su oportuna llamada a los bomberos fue determinante. “Cinco minutos después y nuestro tejado hubiese ardido. Nos hubiésemos quedado sin casa ”, advierte el hombre. O igual -aprecia ella- “no la hubiésemos contado”.
AGRADECIMIENTO
Una vez que los equipos de extinción se hicieron cargo, Patricio continuó su camino de reparto de periódicos. Andoni Goienetxe se fijó en su furgoneta pero no pudo despedirse. Lógicamente, apremiaban las soluciones urgentes. Su mujer había bajado a la calle descalza y en pijama, con sus dos hijos pequeños.
A la mañana siguiente, las dos familias acudieron al estanco del pueblo para saber la identidad de su salvador. Supieron por su regente, Lupe Zubeldia Telletxea, que se trataba del repartidor de Diario de Navarra, al que le querían manifestar su más que sincero agradecimiento. El viernes pudieron hacerlo. Delante del estanco se sucedieron abrazos, apretones de manos y entrega de una cesta de Navidad, a modo de detalle. “No me lo merezco”, respondió su humilde destinatario. “Nos hemos librado gracias a ti. A la velocidad de las llamas, hubiésemos ardido todos”, escuchó. Testigos del diálogo ameno y cuajado de emoción fueron su mujer, Norma Aguilar, y sus hijos, Ainhoa, Patrick y Sebastián, receptores de un halago: “¡Menudo padre tenéis!”.
