Suceso en Irurtzun

"Nos salvamos de milagro, vi el coche volar hacia nosotras"

Una casualidad y la rápida reacción salvó a Nathaly Henricel Fariñas Moret y a su amiga, Jessy Mabel Rivera Nolasco, de ser arrolladas por el coche que se incrustó contra la terraza de un bar de Irurtzun

El rincón de la terraza del Hostal-Bar-Restaurante Machain, destrozado por el impacto del coche.
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El rincón de la terraza del Hostal-Bar-Restaurante Machain, destrozado por el impacto del coche.
El rincón de la terraza del Hostal-Bar-Restaurante Machain, destrozado por el impacto del coche.

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Natxo Gutiérrez

Publicado el 04/06/2024 a las 05:00

Jessy Mabel Rivera Nolasco, hondureña de 29 años de edad y afincada en Irurtzun desde hace una década, salvó el domingo su vida por los pelos. Su amiga, Nathaly Henricel Fariñas Moret, nacida en Venezuela hace 50 años y con 12 de residencia en la localidad, tuvo la agilidad mental para apartarla de la trayectoria de un coche con un tirón de su cabello. Fue un reflejo ante el peligro que advirtió en “una fracción de segundo” con un coche acercándose “a gran velocidad” hasta el rincón de la terraza en la que se encontraban las dos amigas. “Vi volar el coche hacia nosotras”. No olvida ningún fragmento de la película que rebobina su mente cuando cierra los ojos.

Las dos se habían citado “para tomar el café” en el establecimiento donde la más joven duerme los fines de semana de descanso de su trabajo como interina en una vivienda de Atallu (Valle de Araitz), donde cuida de unas personas mayores. “¡Vamos a sentarnos fuera. Hace algo fresquillo pero se está bien”, se dijo una a otra. Casualidad, salió el sol y ambas decidieron moverse unos metros hasta sentarse alrededor de una mesa de piedra, a la sombra de un árbol. Ese movimiento azaroso fue su salvación.

Cuando ya se iban a despedir, poco antes de la una de la tarde, Nathaly Henricel se apoyó con su mano sobre la mesa para impulsar su cuerpo. De repente, el espanto se dibujó en su rostro. En frente, sin adivinar el peligro que acercaba por su espalda a velocidad relámpago, Jessy intuyó la proximidad de algo grave. Nathaly Henricel comenzó a gritar. “El coche venía hacia nosotras. Venía con mucho humo”. Desprendía “calor y parecía que iba a explotar”. Sin pensárselo un segundo, le agarró a su amiga por los pelos y la arrastró para ponerla a salvo del impacto del vehículo que, sin control, había saltado por encima de los tres escalones que separan la terraza de la calle Bi Aizpe, próxima a uno de los accesos de la A-15.

¡VA A EXPLOTAR, VA A EXPLOTAR!

El coche había salido de un ramal del polígono de Akaborro, situado justo en frente, y su conductor, que cuadruplicó la tasa de alcohol y dio positivo en cannabis en las pruebas posteriores de la Policía Foral, no pudo enderezar.

Gracias a los reflejos de la mayor de las dos amigas, sortearon el coche. No así, el amasijo de piedra en que quedó la mesa destrozada tras el brusco impacto. Dentro del desconcierto y antes de que el turismo quedase volcado sobre un lateral, saltaron la valla que rodea el rincón de la terraza. “¡Auxilio, auxilio! ¡Va a explotar!, ¡Va a explotar!”. La voz de Nathaly Henricel se tornó en un grito de angustia.

Un hombre que había salido con su perro a pasear atendió a su llamada de socorro. El médico de la ambulancia que se desplazó después hasta el lugar tranquilizó a la mayor de las heridas, cuando le notificó que “tenía bien una prótesis de la cadera” a pesar del golpe sufrido a la altura del fémur.

Peor suerte tuvo su amiga, con una hendidura debajo de la rodilla y desplazamiento de la rótula de su pierna izquierda, a la espera de nuevas pruebas para conocer el estado de un tendón.

Ayer tenían aún el susto metido en el cuerpo. “Apenas hemos podido dormir por el dolor y el trauma”, rememoraban. Después del sobresalto, están convencidas de que el percance sufrido refuerza su amistad, iniciada hace dos años cuando la más joven perdió un autobús y Nathaly Henricel le brindó un asiento en su coche. El recuerdo asoma enjugado en lágrimas de la mujer solidaria que el domingo le salvó la vida: “Nos salvamos de milagro”.

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