Iglesia

Las clarisas se despiden de Arizkun después de 300 años de trayectoria

Las últimas siete religiosas abandonarán a finales de junio el imponente monasterio de Nuestra Señora de los Ángeles, habitado desde 1736

Junto a clarisas de Arizkun y de otros conventos, el arzobispo, Florencio Roselló.
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Junto a clarisas de Arizkun y de otros conventos, el arzobispo, Florencio Roselló.
Junto a clarisas de Arizkun y de otros conventos, el arzobispo, Florencio Roselló.

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Natxo Gutiérrez

Publicado el 17/05/2024 a las 05:00

Las dos amenazas que debilitan los pilares de los templos religiosos -la edad avanzada de sus moradores y el declive en la falta de renovación vocacional- conducirán a finales de junio al cierre del Monasterio de Nuestra Señora de los Ángeles, en Arizkun. Dicho en palabras de su última abadesa, Carmen Sevillano, “la edad y el número” reducido causarán la salida de las últimas siete religiosas, pertenecientes a la Orden de Santa Clara, conocidas comúnmente como clarisas. Decidida la clausura del imponente conjunto, fundado en 1736 como lugar de recogimiento, una eucaristía, presidida por el arzobispo, Florencio Roselló, y con nutrida afluencia de fieles, significó la despedida el pasado lunes. La asistencia obligó a abrir el coro a la feligresía. Fue “por razones de espacio” -indicó la abadesa- dentro de la comunión establecida con sus vecinos.

“Con pena” recíproca entre la comunidad religiosa y el vecindario por una decisión adoptada “en libertad y con autonomía” -señaló la abadesa-, nuevos destinos en Navarra, Huesca y La Rioja dentro de la propia orden esperan a las últimas clarisas de Arizkun. Su marcha cortará una “relación afectiva” trenzada entre feligreses de Arizkun con generaciones de religiosas que se han sucedido en la adaptación de la máxima de San Benito del ora et labora desde hace 300 años. Más allá de la huella sentimental que dejarán, el cierre del conjunto supone un hito en su dilatada trayectoria. Su fundación correspondió a Juan Bautista Iturralde, ministro de Hacienda de Felipe V.

Según el fragmento histórico que reproduce el ayuntamiento en su web, Iturralde, marqués de Murillo el Cuende, nació en 1674 en la localidad baztanesa. Afincado en Madrid desde 1701 amasó una “gran fortuna”. Casado con Manuela Munárriz, careció de descendencia. Fue así que se convirtió en benefactor con el destino de sus ganancias a la creación de un lugar de oración y culto. El emplazamiento elegido para su idea fue un solar anexo “a la casa Iturraldea en Arizkun”, perteneciente a la familia. El convento “albergó hasta veinticinco religiosas de las doce previstas de antemano y las costas ascendieron de los 12.000 ducados previstos hasta los 30.000 finales incluidos los ornamentos, alhajas y retablos”. La importancia del monasterio, más allá de su sentido religioso, estriba en el valor de los elementos arquitectónicos y artísticos que custodia. Sólo un detalle: la fachada del templo es de estilo barroco.

BORDADOS ELEGANTES

Sobre la actividad desarrollada en el interior del edificio de imponentes dimensiones, sus moradoras empeñaron sus esfuerzos en el mantenimiento de “una fábrica de pantalones”, como recuerdan vecinos. Dentro su prolífica labor, confeccionaron “fundas de almohadas” y fueron costureras. Si por algo destacaron -observan en Arizkun- fue por su faceta de bordadoras”. Finas con la aguja, aplicaron sus manos en la elaboración de “bordados muy elegantes”. Dentro de la extensión que ocupa el monasterio, el cultivo de la huerta y el cuidado de animales centraron igualmente su dedicación.

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