Guerra en Ucrania
El Hostal-Restaurante Ayestarán acoge en Lekunberri a un matrimonio ucraniano y a siete de sus diez hijos
Viajaron 3.500 kilómetros en un Opel Astra


Publicado el 09/04/2022 a las 06:00
En el hoy Hostal-Restaurante Ayestarán, que fue remanso de paz en su centenaria trayectoria de reyes, políticos, ilustres y familias pudientes, el matrimonio de Vladyslav y Maryna Sekan y siete de sus diez hijos encuentran un buen lugar nuevo donde estar, vivir y calmar penas y pesares. Tal grado de satisfacción se ajusta a la traducción en castellano del término Lekunberri, donde se asienta el establecimiento, y a la tranquilidad que se ha impuesto al desasosiego de tener que haber renunciado a lo conocido, encarnado en seres queridos y propiedades, allá donde hay amenaza de bombas y destrucción. Hace tres semanas, después de recorrer 3.500 kilómetros en un Opel Astra, con los tres más pequeños agazapados entre bolsas y ropas en el maletero, los hermanos Paco, María Jesús y Nieves Ayestarán Oquiñena les abrieron sus brazos con afecto y con la puesta a su disposición de un ala, con nueve camas, del establecimiento histórico y emblemático en la localidad. “Tiene que ser duro haberlo dejado todo, salir con lo puesto y tener que empezar de cero”. La reflexión de María Jesús sobre las calamidades del éxodo contiene la respuesta de alivio. Vladyslav Sekan enseña fotografías de un bloque de viviendas salpicado de ventanas tiznadas de negro. “Han perdido su casa”, explica su familia de acogida. Un vídeo muestra en su móvil una escalera que desciende a un habitáculo oscuro. Un refugio.
El primer día, nada más llegar al que fuera hotel en Lekunberri, en una de cuyas fachadas se lee un mensaje de bienvenida -Que cada hora tenga un recuerdo grato-, María Jesús percibió la imagen difícil de olvidar de los tres pequeños saliendo del maletero entre bolsas y ropa. La instantánea retenida le hizo pensar en la apretura de un viaje pesado y doblemente incómodo. La necesidad ensanchó la capacidad de un coche de cinco plazas con nueve ocupantes.
La familia Sekan, originaria de la región de Kiev, en el corazón de Ucrania, debió improvisar una salida precipitada con siete de sus diez hijos, de 16 a 7 años de edad, tan pronto como sintió cercano el peligro. “Daba miedo. Nos arriesgamos a salir”, escribe en su móvil la madre, de 44 años de edad. “Los niños se estremecieron por las explosiones. Se escuchaban debajo de nuestra casa, en el sótano”, se lee en la pantalla de su teléfono. Entre estallidos, los mensajes de consuelo y tranquilidad trataron de calmar a Natanael (7 años), Avenir (8), Semen (9), Ruvim (11), Venjamin (12), Sofia (14) y Maria (16), integrantes del pasaje de salvación. Las evocaciones a un pasado reciente de pesadilla son aclaradas en un programa de traducción español-ucraniano.
“El idioma es una barrera”, lamenta María Jesús con el pesar de no poder mantener un diálogo fluido con sus huéspedes. La empatía derriba la frontera de la incomunicación y el silencio.
"¿QUÉ PODEMOS HACER?"
Las tres últimas semanas de convivencia no han hecho sino acentuar la sensibilidad de la familia navarra, alimentada tan pronto como las primeras bombas rusas estallaron en la conciencia del mundo entero. “¿Qué podemos hacer?”. Una interpelación trastocó su rutina y azuzó su respuesta. “Pensamos: ‘Una familia puede acoger a una mujer y a su hijo’. Nosotros tenemos aquí el hotel y podemos recibir a una familia numerosa”, recuerda Paco, que estos días añade a su tarea remunerada de cocinero una labor voluntaria y asumida de acompañante de Vladislav, Maryna y sus hijos. Cuando hay buenas intenciones, como las había en su caso y en el de sus hermanos -el cuarto, Arturo, está jubilado-, las casualidades son fáciles de encontrar. Un llamamiento a la colaboración, expuesto en un reportaje de Diario de Navarra por Olena Skorobogakvo, vino a satisfacer su inquietud. “En el periódico aparecía su número de teléfono y el de otras personas. Llamamos y ofrecimos el hotel”, recuerda Paco.
No tardaron en obtener respuesta a su ofrecimiento. De su interlocutora -que da ejemplo de generosidad en Cáseda con la acogida de su amiga de juventud, Olena Ozeranska y a su hijo, Nazariy, de 7 años de edad-, escuchó el caso de una familia, con niños pequeños, que había llegado a Barcelona.
El destino provisional en la capital catalana, antes de enfilar la última ruta hasta Lekunberri, fue un oasis tras la larga travesía por Hungría, Alemania y Francia. Una semana de desconcierto, no exenta de dificultad para abandonar Ucrania por alternativas a carreteras deterioradas por las bombas, cedió a una tregua para la familia Sekan. En medio de la desolación, en su viaje de huida hallaron manos tendidas para asegurar su alojamiento y mantenimiento. “Muchas personas extrañas -se lee en el traductor de ucraniano-español del que se vale- nos han ayudado hasta llegar aquí. Muchos españoles nos han tratado amablemente”. Sus palabras de agradecimiento a la solidaridad anónima tienen nombre propio: “María Jesús y Paco por el cariño que nos han dado”.
No tienen intención de regresar a Ucrania.”Queremos una nueva vida”. Ella quiere “ser útil en Lekunberri”. Aunque la angustia haya cedido, libre de la amenaza de la guerra, su corazón está aún en Ucrania. Allá están dos de sus hijas, Lubov, de 20 años; y Daría, de 18. Se han quedado al cuidado de sus abuelos, Sergey, el padre de Vladislav, y Sveta, la madre de Maryna. Las dos jóvenes están además pendientes de las evoluciones en el frente de sus novios, integrados en el contingente de militares y civiles que tratan de contener al Ejército ruso. “No pudimos recoger a nuestros padres”, se lamenta. “Estamos en contacto con nuestra familia y rezamos constantemente para que se salve”.
El viaje hasta Lekunberri es una metáfora del giro que ha dado su vida. De estar asentados en un lugar, ella y su marido se vieron empujados a vagar por Europa, como tantos otros desplazados que lloran su salida de Ucrania y siguen preguntándose por las razones que abocaron al inicio de una guerra tan injustificada como inclemente.
Lejos en la distancia kilométrica los ecos del conflicto, que siguen golpeando su ánimo, el apoyo recibido por la familia Ayestarán les sirve ahora para poner un nuevo rumbo a su presente. El matrimonio gestionó el jueves la solicitud de protección temporal en la Oficina de Asilo y Refugio. Sus siete hijos lo harán el miércoles. El trámite asegura su situación de asilados y confirma su derecho a acceder a prestaciones sociales básicas.
Sea como fuere, la iniciativa de los hermanos Ayestarán les ha despejado el trámite de empadronamiento en Lekunberri y agilizado las conversaciones para asegurarse la disponibilidad de cobertura médica. Además, seis de sus siete hijos acuden al colegio público Atakondoa, de Irurtzun. “Estudian en castellano. Van en autobús a las ocho de la mañana y regresan comidos a Lekunberri”, indica María Jesús. La mayor de los hermanos está matriculada en el instituto Julio Caro Baroja, de Pamplona.
LA AYUDA DE VECINOS
La estancia en el hostal-restaurante continuará hasta que “la familia sea autónoma, encuentre trabajo y pueda valerse por sí misma”. Entretanto, los hermanos Ayestarán han contagiado de su espíritu altruista a sus familiares. Las hijas de María Jesús acompañan a los más pequeños a jugar a un parque infantil. “Les gusta muchos los animales”, tercia el cocinero del restaurante, que ha obsequiado a sus huéspedes ucranianos con visitas a Iribas donde tiene caballos a su cuidado. La solidaridad tiene además un eslabón tendido con vecinos que, al enterarse de la estancia de la familia refugiada, “preguntan y se ofrecen para colaborar. El otro día una mujer me pidió el número de pie de los niños para comprarles zapatos”, destaca como valor María Jesús.
Por el Hotel Ayestarán pasaron el rey Balduino, de Bélgica; el presidente de la II República, Niceto Alcalá-Zamora; y el cineasta Orson Welles, entre otros. Durante la II Guerra Mundial, 750 refugiados encontraron cobijo seguro con estancias diferenciadas según el bando de pertenencia. Los oficiales aliados quedaron alojados en uno de los dos edificios del hotel. Enfrente, separados por la carretera frecuentada por rondas de la Guardia Civil, se encontraban sus homólogos alemanes. Un aviador norteamericano, George Bennet, incluyó su estancia en sus memorias.
Años después, un hombre expresó su agradecimiento con un mensaje escrito en la pared. “Al Hotel Ayestarán, de un huésped muy contento”. Firmado, Ernest Hemingway. Vladyslav se esfuerza cada día por aprender palabras de castellano. También está satisfecho: “Spasiva. Gracias”.


La medalla de Zelenski de una madre heroína
Vladyslav Sekan muestra con orgullo una medalla y un diploma diminuto, con la firma del presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski. Se trata de un doble reconocimiento concedido a su mujer Maryna, como madre de diez hijos. Una de las tres hijas mayores eligió Alemania como destino en el éxodo que empujó a la mayor parte de los miembros de la familia a abandonar su ciudad, situada en la región de Kiev. Las otras dos optaron por permanecer junto a sus novios y sus abuelos. Los primeros están enrolados en las filas del Ejército ucraniano para hacer frente a la invasión rusa. Vladyslav y Maryna tienen su mente y corazón divididos entre su lugar de acogida, en Lekunberri, y su país de origen. Como dicen, rezan para que se salve su familia.
TRÁMITES PARA UCRANIANOS
1 Canales de información para acceder a la protección temporal. Web del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones; teléfono 900 22 11 22 de Cruz Roja; y correo electrónico de la Delegación del Gobierno de Navarra (infolegalucrania.navarra@correo.gob.es).
2 Cita previa para solicitar el permiso temporal. Gobierno de Navarra, Cruz Roja y CEAR (Comisión Española de Ayuda al Refugiado) contactan con las personas refugiadas y tramitan el día y la hora.
3 ¿Dónde se realiza la solicitud de permiso temporal?
En la Oficina de Asilo y Refugio de Pamplona (avda. Guipúzcoa, 40), en horario de 14.30 a 20.30 horas. Y en la comisaría de Policía Nacional de Tudela (plaza Padre Lasa, 6), entre las 9.00 y 12.00 horas.
4 ¿Cómo se realiza el trámite?
La brigada de Policía Científica toma huellas dactilares y foto. Comprueba si hay antecedentes penales. Luego se recogen los datos personales.
5 ¿En cuánto tiempo se resuelve la solicitud? 24 horas. Se concede un resguardo del NIE (Nº de Identidad de Extranjero).
6 ¿Cuándo reciben el NIE definitivo? Antes de 90 días.
7 ¿Para qué sirve la protección temporal? Facilita permisos de residencia y trabajo, y derechos asociados.
1.200 personas refugiadas de origen ucraniano han podido llegar a Navarra, según las estimaciones realizadas por el departamento de Políticas Migratorias.
ESCOLARIZACIÓN Más de 300 menores en edad escolar. Los datos facilitados por el Gobierno foral apuntan a la escolarización de 175 menores. Políticas Migratorias situaría en más de 300 el número de niños en edad escolar. El alumnado de incorporación tardía no representa ninguna novedad ni traba para Educación, a tenor de experiencias de cursos anteriores.
COBERTURA SANITARIA Con la solicitud de protección temporal o con el documento de identidad del país de origen, “se produce el alta en la base de datos sanitaria, con asignación de profesionales sanitarios en su lugar de residencia”. Hasta la fecha, “dados los flujos de llegada más espaciados y repartidos geográficamente se está procediendo a garantizar este derecho a través de la red de Atención Primaria y hospitalaria”, confirma el departamento de Salud. La mayoría de las personas que han llegado a Navarra -aclaran fuentes del propio departamento- están acompañadas por familiares o navarros que están ayudando a realizar trámites administrativos. Los primeros son de gran ayuda por servir de canal de comunicación al permitir superar la barrera del idioma, como destaca la Administración.
