Historias encadenadas
Los posaderos recorrieron 11.000 kilómetros hasta Gerendiain
Yasna y Sergio Barrera y Javier Lledó, chilenos de la Araucanía, regentan el único bar y restaurante de Gerendiain, en el valle de Ultzama


Publicado el 20/02/2022 a las 06:00
Yasna y Javier se casaron en 2001 en Temuco, en la novena región chilena, la Araucanía. Con lo que les regalaron, “no gran cosa”, viajaron a España con idea de buscarse la vida. “Una boda sencilla, vestidos de calle, para que la gente no tuviera que gastar en ropa y eso les animara a ir. Fue como una juerga, con mucha comida”, evoca Yasna, sentada en la posada de Gerendiain, a 11.000 kilómetros de aquella fiesta, a dos décadas de aquel día, cuando el sol presume de buena forma en febrero y se acomoda como el mejor de los anfitriones en el valle de Ultzama, pinta de añil el cielo y da lustre al verde.
Yasna Barrera, 52 años cumplidos hace diez días, su marido Javier Lledó, de 42 ,y Sergio, el hermano de Yasna, de 49, llevan casi dos años tras el mostrador de la posada de Gerendiain, una de las siete abiertas en el valle. No llegaron en buena hora. “Era marzo del 20, abrimos un miércoles y el sábado hubo que cerrar. Estado de alarma, confinamiento. ¿Qué vamos a hacer?”, se helaron en segundos las sonrisas que el tiempo les ha devuelto.
Pero su historia encadena varios capítulos antes de llegar a Gerendiain. “Pasamos duro”, le bastan dos palabras a Yasna para resumir aquel viaje con billete de ida a Europa hace 21 años. Era invierno, llegaron a Getaria, pero no lograron empleo. Probaron entonces en Barcelona. Dormían junto al escaparate de un local comercial. Tampoco hubo suerte. Volvieron a Guipúzcoa, ya en primavera, y entonces sí, pudieron trabajar. Getaria, de allí a Zarautz, y más tarde siete años en San Sebastián, donde llevaron el bar Astelena, en la misma plaza de la Constitución, en el corazón de la hostelería donostiarra. “Nos fue muy bien, hasta ganamos un concurso de pinchos. Decidimos luego regresar a Chile y abrimos un restaurante de comida vasca, tres años. De vuelta otra vez en San Sebastián buscábamos algo en hostelería y supimos que se arrendaba la posada de Igoa, en Basaburua. No conocíamos el lugar. Allí hemos estado dos años, encantados, encontramos nuestro sitio”, apoya Yasna su relato sereno en una mirada honda.
Dejaron Igoa “con mucha pena” cuando se quedó libre la posada de Gerendiain. A pocos kilómetros, en Ultzama, pero a pie de carretera, un cruce de caminos, lugar de paso. “Es lo que nos llevó a cambiar, aquí hay gente a diario, del club de golf, de la hípica, de turismo... El trabajo manda”, sostiene Javier, que se deben a sus tres hijos. Las dos mayores, Luna y Carlota, de 15 y 13 años, nacieron en San Sebastián, el pequeño Cayetano, de 9, en Chile y los tres estudian en el colegio comarcal de Larraintzar.
NOVENTA VECINOS CENSADOS
La familia vive en la misma posada, un edificio propiedad de este concejo que suma unos 90 vecinos censados, la mitad de ellos en la residencia de mayores Santa Teresa Jornet.
“La tranquilidad” es un estímulo que Yasna no dejaría ahora. “El paisaje y el clima aquí son parecidos al de nuestra región, la Araucanía de los mapuches”, apunta y estima el tiempo que ahorran en carreteras y desplazamientos. “En cualquier ciudad inviertes mucho en ir al trabajo, aquí lo tenemos en casa y a los niños el autobús los deja en la puerta, son cosas que valoro mucho”, recrea que están contentos con los vecinos, con el trato diario de las gentes que entran y salen. En el valle, unos 1.600 habitantes en catorce pueblos, “atienden hoy día las posadas de Larraintzar, Auza, Arraitz, Alkotz, Iraizotz, Eltzaburu y Gerendiain”. Se suman algunos restaurantes, por ejemplo en Lizaso, localidad a pocos metros, donde también funciona una granja escuela. Los posaderos mantienen viejos modos de vida, los de parada y fonda, con formas de este siglo. En el plato, las comidas de la zona, fogones y pucheros, sin estridencias ni denominaciones elocuentes. Comidas de diario y de fin de semana. “¿De Chile?, no, de aquí”, apunta Yasna. Dice que no volvería a su país, que en el norte de Navarra ha encontrado su lugar en el mundo. “No es que llegara de una ciudad muy grande, serán unos 400.000 habitantes, incluida la periferia, pero es otra vida. Aquí necesitas coche, es cierto, pero estamos tan cerca de todo... a menos de media hora de Pamplona, a 50 minutos de Donosti, no más”.
