Dejar el Pirineo a los 16... para estudiar en Pamplona

Si quieren cursar Bachillerato deben hacerlo en Pamplona, algo que, por la distancia, les obliga a vivir en la ciudad alejados de su familia a una edad temprana.

SALACENCOS EN OCHAGAVÍA. Posan bajo el eguzkilore de la puerta de una casa de su pueblo, de izda. a dcha.: Jaione Mancho Elizalde, Miren Recalde Villar, Ainhoa Serrano Sánchez y Julen Hernández Ruiz. Entre semana, residen en Pamplona para poder estudiar Bachillerato
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SALACENCOS EN OCHAGAVÍA. Posan bajo el eguzkilore de la puerta de una casa de su pueblo, de izda. a dcha.: Jaione Mancho Elizalde, Miren Recalde Villar, Ainhoa Serrano Sánchez y Julen Hernández Ruiz
SALACENCOS EN OCHAGAVÍA. Posan bajo el eguzkilore de la puerta de una casa de su pueblo, de izda. a dcha.: Jaione Mancho Elizalde, Miren Recalde Villar, Ainhoa Serrano Sánchez y Julen Hernández Ruiz. Entre semana, residen en Pamplona para poder estudiar Bachillerato

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Aser Vidondo

Publicado el 15/12/2021 a las 06:00

Aún somos unos críos. Con 16 años, aunque vayamos de mayores, no estamos preparados para vivir solos”. “Se hace muy difícil estar lejos de casa tantos días. Se echa de menos a los padres. Al final, estamos aquí solos”. “La vida se complica de repente y pasas a ser responsable de todo: de cocinar, de limpiar, de estudiar...”. Inhar, Mikel, Naroa, Julen, Jaione, Maite, Miren y Ainhoa son 8 jóvenes del Pirineo navarro que, sin alcanzar la mayoría de edad, han acabado viviendo lejos de sus casas, sus familias, sus amigos... para poder seguir estudiando. Ponen voz a una generación de adolescentes obligada a ‘independizarse’ y residir entre semana en Pamplona por no disponer de un centro de Bachillerato en su entorno, algo que les permitiría desplazarse diariamente. Pocos tienen claro qué estudios superiores cursarán en un futuro (algunos apuntan a magisterio o a un grado deportivo), pero todos manifiestan sentir pasión por sus pueblos y la aspiración de poder volver y seguir viviendo allí.

La demanda de crear un instituto de Bachillerato de modelo D (euskera) en la Merindad de Sangüesa (en Lumbier) que aglutine al alumnado del Pirineo, más el de Aoiz o Sangüesa, se articula desde hace años. El proyecto se está trabajando entre el Gobierno de Navarra y la Mesa del Pirineo (cargos electos de zona), que lo ve viable dado que ofrecería los mismos ciclos que en otras zonas de Navarra (algo no posible con la FP, más específica por centros).

Las familias, por su parte, consideran que “es pronto” cuando sus hijos dejan sus casas con solo 16 años, algo que genera “desarraigo”, y ven ese instituto en zona como una herramienta que contribuiría a mantener juventud y a frenar la despoblación.

Entretanto, especialmente las de los valles más alejados como Roncal o Salazar, tienen que buscarse la vida para encontrar alojamiento entre semana para sus hijos e hijas menores de edad en Pamplona, donde radican los institutos más cercanos, en algunos casos a 100 km de sus hogares. Recurren a pisos de familiares, pisos compartidos, residencias... que acaban conllevando gastos extra para las familias que se calculan en unos 6.000 euros anuales entre residencia y transporte.

En otros casos, familias de valles más próximos a la capital, como Aezkoa o Erro, se organizan como pueden para realizar gravosos trayectos en coche diariamente para trasladar a sus hijos, apoyándose en lo posible en el transporte público o en plazas libres en el transporte escolar.

"EN EL PISO ERES RESPONSABLE DE TODO"

La solución del piso compartido entre estudiantes es la más extendida, con alquileres que van desde los 650 a los 1.300 euros mensuales (a repartir entre los inquilinos). Es la opción por la que se decantó la familia de Naroa Pilart Zubiri, de Isaba y 17 años. Estudia 2º de Bachillerato en el IES Eunate (Txantrea) y reside en un piso alquilado en Iturrama con otras 3 estudiantes. “Al principio pintaba todo muy guay: libertad. Pero luego ves que todo lo tienes que hacer tú, que eres responsable de todo, que pierdes mucho tiempo, y la vida se complica. No solo tienes que estudiar, también cocinar, hacer la compra...”, repasa. “Vivir sola en un piso, sin padres, supone un plus de responsabilidad. Para ponerte a estudiar, para comer saludable, para acostarte a buena hora y descansar... no tienes a nadie encima, todo depende de ti”. Es consciente de que este cambio de su vida a los 16 años “es lo que toca”, pero cree que contar con un instituto en zona, como se pide, “facilitaría mucho las cosas”.

RONCALESES EN PAMPLONA De izda. a dcha., posan en la plaza de los Fueros los jóvenes estudiantes Mikel Aznárez Boj (Burgui), Inhar Urzuriaga Santesteban (Isaba) y Naroa Pilart Zubiri (Isaba).
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RONCALESES EN PAMPLONA De izda. a dcha., posan en la plaza de los Fueros los jóvenes estudiantes Mikel Aznárez Boj (Burgui), Inhar Urzuriaga Santesteban (Isaba) y Naroa Pilart Zubiri (Isaba)JESÚS CASO
RONCALESES EN PAMPLONA De izda. a dcha., posan en la plaza de los Fueros los jóvenes estudiantes Mikel Aznárez Boj (Burgui), Inhar Urzuriaga Santesteban (Isaba) y Naroa Pilart Zubiri (Isaba).

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Inhar Urzuriaga Santesteban, con 16 años, es otro joven de Isaba desplazado entre semana a Pamplona. Vive en el barrio de la Milagrosa en un piso con otros dos jóvenes de su pueblo y estudia 1º de Bachillerato en el IES Eunate. “La experiencia no está siendo mala, pero la ciudad me cansa un poco. Casi no veo a mis amigos, y para juntarnos un rato en ‘lo viejo’ tardamos la vida, pues cada uno viene de una punta”, asegura. Cree asimismo que “es demasiado pronto para ser independientes”. “Somos mayores, pero no para vivir solos. Yo por ejemplo no tengo ni idea de cocinar, y tampoco tengo tiempo: salgo de clase a las 3.10 y, tras 20 minutos de villavesa y comer, ya han dado las 4.30. Casi ni puedo hacer deporte; ya hay que estudiar”, asegura. Y apunta uno de los momentos que más le incomodan: “La mayor responsabilidad es cuando tenemos que traer encima mucho dinero para pasar la semana”.

Más experimentado es ya Mikel Aznárez Boj, que ha cumplido 18 años y lleva 3 viviendo en un piso en el barrio de San Juan con un primo. Tras cursar Bachillerato en el IES Eunate, ahora acude al CIP Virgen del Camino. “Ya no estoy desubicado en la ciudad, pero cuando llegué no sabía hacer nada, y me tocó cocinar, poner lavadoras... Un lío. La independencia con 16 es un poco pronto”, cree. Recalca que como forma de “mantener la piña de amigos del Pirineo”, con cuadrillas de diferentes generaciones, siguen organizando quedadas algunas tardes en la ciudad. “Comprendo que no pueda haber un instituto en el Pirineo, pero sí podría estar algo más cerca. Lumbier es buena ubicación”, dice, recordando que acoge ya a alumnos de FP del Pirineo.

“No solo estoy muy lejos de casa, sino que encima para ir a clase tengo que coger dos villavesas y se me va en ello media hora”. Así lo asegura por su parte Jaione Mancho Elizalde, de 16 años y de Ochagavía. Vive en la Rochapea en un piso alquilado junto a su hermana y su prima, y estudia en el IES Iturrama. “Echamos mucho de menos a los padres. Vamos los fines de semana, pero entre semana estamos aquí solas”, dice. Recuerda cómo las primeras semanas la situación se le hizo “bola”. “Es un poco pronto para vivir sola y organizarte todo tú con 16 años”, cree. Y compara también la situación a nivel académico: “El año pasado, en clase éramos 9 alumnos, y eso juntando a 3º y 4º de ESO; ahora somos 24. Conoces a mucha gente, sí, pero pierdes la relación directa que teníamos con el profesor”.

"MI MADRE SE VINO CONMIGO A PAMPLONA"

Contar con el respaldo de un adulto en el piso no es lo más habitual entre los jóvenes estudiantes del Pirineo desplazados a Pamplona. Pero, en algún caso, es la solución que puede alcanzarse, no sin esfuerzo familiar. “Mi madre se vino a Pamplona para estar conmigo algunos días de la semana. Trabaja en el pueblo, y va y viene. Mi padre y mi hermana se han quedado allí”. Así lo afirma Julen Hernández Ruiz, de 16 años y de Ochagavía. Estudia 1º de Bachillerato en el IES Iturrama, y el piso radica en el barrio de la Milagrosa. “Me ha arropado mucho en este cambio tan grande. De hecho, tuve que dejar un tiempo los estudios por ansiedad. Esta separación con tu mundo es muy complicada”, cree. “No tienes edad para conducir, pero sí tienes que tenerla para dejar tu casa. Y encima, pasas de un pueblo de 300 habitantes, donde conoces a todos y te pueden echar una mano, a una ciudad tan grande”, señala.

Con su abuelo paterno comparte hogar en Pamplona, por su parte, Ainhoa Serrano Sánchez, también de Ochagavía y de 16 años. “Tiene su piso en Iturrama y estudio en el instituto del barrio, así que eso, bien. En casa cocina sobre todo él, y menos mal, porque yo solo sé defenderme con macarrones o tortillas. Es pronto para ser independiente y salir de casa”, dice. “Echo mucho de menos la tranquilidad del pueblo, ver gente conocida por la calle, a la familia e incluso los pequeños ‘piques’ con mi hermana”, enumera.

"ME RECOMENDARON LA RESIDENCIA DE INICIO"

Optar a una residencia es otra de las posibilidades a la que se ‘agarran’ las familias del Pirineo para alojar a sus jóvenes estudiantes, con costes mensuales de entre 500 y 600 euros. “No somos nada mayores. Somos unos críos. A mí el comienzo se me hizo durísimo. Y yo al menos no tengo que lavar la ropa o cocinar, como otros amigos”, confiesa Miren Recalde Villar, de 16 años y de Ochagavía. Vive desde septiembre en la residencia pública Fuerte del Príncipe, de la Milagrosa, y acude a diario al IES Iturrama, donde cursa 1º de Bachillerato. “De Pamplona no conocía nada, así que en verano vine con mi madre para ubicarme y traer cosas. Ahora ya voy mejor, pero me sigo orientando mucho con el Google Maps”, apunta. Y, como el resto de los protagonistas del reportaje, asegura echar de menos “vivir en casa y una relación más íntima con los profesores”.

Comparte habitación con otra estudiante salacenca, de Jaurrieta, amiga suya “desde txiki”. Es Maite Arias Ilincheta, también de 16 años, que en su caso se forma en 1º de Bachillerato en el IES Basoko (Iturrama). “Esto es un cambio enorme en todos los sentidos. Toda la responsabilidad pasa a ser tuya con 16 años. Es madurar de golpe por obligación”, dice. “Mi hermano mayor me recomendó la residencia de inicio. Aquí estás más arropado, no tienes que estar pendiente por ejemplo de cocinar y puedes conocer a más gente”, repasa. Completado un primer trimestre “con buenas notas”, cree que “estaría bien poder estudiar cerca del Pirineo y poder volver cada día a casa”. “Al menos, que se dé esa opción, y si alguien no quiere, que acuda a Pamplona. Ahora nos toca venir sí o sí con 16 años. No hay otra. Y unos se adaptan fácil, pero otros no”, sentencia.

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