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Historia

El puente de los emigrantes de Baztan

La familia Fort aseguró desde Elizondo la cobertura al 40% de los 5.000 navarros que emigraron a América en el siglo XIX. Un nuevo libro rescata un fondo documental único en el país

La historiadora Raquel Idoate Ancín
La historiadora Raquel Idoate AncínARCHIVO (J.A. GOÑI)
Publicado el 21/10/2021 a las 06:00
Fueron huyendo de los males que aquejaban a una tierra herida por las Guerras Carlistas, yerma en frutos y con alternativas de empleo menguadas por el cierre de ferrerías, como sucedió en el siglo XIX en Cinco Villas. La promesa de un porvenir más halagüeño que sus raíces no podían asegurar empujó a jóvenes del norte de la Merindad de Pamplona -desde Ultzama o Sakana hasta Baztan-Bidasoa- a embarcarse en el siglo XIX con destino a América, principalmente Argentina o Uruguay. La pamplonesa Raquel Idoate Ancín, licenciada en Humanidades en la Universidad de Navarra y Máster de Estudios Avanzados de Historia, Espacio y Patrimonio en la UPNA que este jueves 21 de octubre cumple 37 años de edad, cuantificó en 4.000 los navarros que compartieron devenir. Su padre, Carlos Idoate, -que fue director del servicio de Archivos y Patrimonio Documental del Gobierno de Navarra, como su abuelo, Florencio Idoate, destacada figura en la investigación histórica y también director del Archivo- registró 1.200 baztaneses que trazaron la misma singladura entre 1840 y 1874.
El último descubrimiento de la tercera generación de la saga de historiadores eleva el número a más de 5.000 emigrantes. Por contactos establecidos en Elizondo conoció a la última descendiente de la familia Fort, María Luisa Guimón Fort, quien puso a su disposición imágenes y documentos del legado familiar, copioso en vicisitudes y detalles escritos de tres generaciones de los llamados comisionados en la emigración. A ella, fallecida en marzo, está dedicado un nuevo libro (Los Fort: De Navarra a América. Comisionados de viajes en el negocio de la emigración), al que aludirá mañana, a las 19.00 horas, en la biblioteca de Baztan durante la presentación en el valle de una primera obra (Emigración de la Navarra Atlántica a América (1840-1874). Tiene valor este segundo volumen de rescatar imágenes y documentos de las tres generaciones Fort que se sucedieron en la captación de mano de obra, gestiones de embarque y búsqueda de destino laboral y cobijo a cuantos fiaron su porvenir a la promesa de progresar en un mundo desconocido. Hubo homólogos que portaron el adjetivo bien ganado de especuladores en el transporte de braceros, cual administradores sin escrúpulos que se guiaban por la obtención del beneficio económico como único fin. No fue el caso de los Fort, por las averiguaciones de la historiadora. En la documentación hallada, comprobó anotaciones de cobro de los pasajes como también -y he aquí la prueba de la honradez-, el canal que aseguraron de envío de las ganancias obtenidas. “Ayudaron a muchas familias. Pudieron enviar dinero a Navarra, diferenciadas con el nombre del origen de la persona a la que se debía entregar”, señala Raquel Idoate. “La gente siguió confiando en ellos tanto en América como Navarra”, agrega. “Fuera del negocio de la emigración seguían desarrollando otra actividad en Elizondo”.
Así como su primer libro estuvo centrado en la persona del emigrante que trasladó desde su Navarra natal a su destino la experiencia de labrador, acarreo de animales y transporte de leche, el segundo pone en valor la figura del comisionado.
Los documentos de la familia Fort incluyen acuerdos firmados de transportados que no figuran en el Archivo de Navarra, donde se almacenan consentimientos de mujeres a maridos y padres a hijos, convenios y fianzas cerrados ante notario. “El pasaje podía costar lo que ganaba una persona de sueldo a lo largo del año”. Su devolución podía formalizarse en su cómputo global o de manera parcial, en Navarra o en América. “Había familiares que fiaban los pasajes con la hipoteca de la casa. Era terrible. El tamborilero de Lesaka cobraba en un año lo que costaba un pasaje: 1.600 reales o 400 pesetas o francos en 1840”.
DE FRANCIA A ELIZONDO
Los primeros en recalar en Elizondo fueron los hermanos Juan Pedro y Esteban Fort como curtidores que habían aprendido el oficio en la Baja Navarra, donde se asentó la familia procedente de la Alta Garona francesa. Aprovecharon un cambio de legislación estatal en 1840, que autorizaba los viajes en grupo numeroso a América, como sus contactos con armadores y navieras en Francia para diversificar su actividad económica como comisionados. Los lazos estrechados con la compañía Apeztegui Hermanos extendieron el puente imaginario entre los dos continentes. “Los Apeztegui eran conocidos de los Fort, al punto que uno de ellos fue padrino de un descendiente suyo”, apunta Idoate.
Como tantos otros navarros, halla en su propio arbol genealógico alguna rama de emigrantes a América. “Mi abuelo era de Oricáin. De segundo era Iragui, de Casa Iragui, de Oricáin, que está relacionado con Casa Iragui de Arraitz, que también fueron a América”. Mañana tendrá la palabra en Elizondo.  

Los Fort: De Navarra a América. Comisionados de Viajes en el negocio de la emigración
Autora: Raquel Idoate Ancín
Editorial: Ediciones Sílex
Páginas: 167
Precio: 17 €

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