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Leitza

Plazaola y las minas: un legado de tradiciones en Leitza

Leitza revivió ayer la historia del ferrocarril con testimonios de vecinos sobre la vida en Leitzaran y el “tren txiki”

Los vecinos de la zona, de izquierda a derecha: Luis Mari Gallego, Xabier Cabezón, Jose Luis Huarte, Mikel Ozkoidi Pérez, Rafael Baliano, Jose Luis Egaña y Agustín Aranburu.
Los vecinos de la zona, de izquierda a derecha: Luis Mari Gallego, Xabier Cabezón, Jose Luis Huarte, Mikel Ozkoidi Pérez, Rafael Baliano, Jose Luis Egaña y Agustín Aranburu.
  • Laura Villanueva
Actualizada 25/04/2021 a las 06:00

La localidad de Leitza celebró ayer la jornada cultural dedicada al tren del Plazaola y a su origen minero.

El Plazaola nació como tren minero en el siglo XX. “El ferrocarril surgió por la necesidad de transportar las sesenta mil toneladas de material que se extraían de las minas. Eran las más grandes que había por la zona y para que abastecieran a todos los pueblos se construyó el Plazaola y el ferrocarril de Lorditz que era más pequeño y que estaba tirado por caballos”, explicaba Xabier Cabezón, ingeniero.

Los vecinos y vecinas de la localidad fueron los protagonistas y los que, gracias a sus testimonios y vivencias en torno al ferrocarril y al valle de Leitzaran, enriquecieron el patrimonio inmaterial de esta parte de Navarra. “El concepto que tenemos de patrimonio y de patrimonio material hay que ampliarlo porque aquí nos hemos dado cuenta de han generado una multitud de tradiciones culturales que queremos revivir”, explicó Mikel Ozkoidi Pérez, del Servicio de Patrimonio Etnológico e Inmaterial de la Dirección General de Cultura del Gobierno de Navarra.

“No queremos que el Plazaola se quede en lo material porque la comunidad tiene muchas experiencias y vivencias en torno al tren. Queremos enseñar cómo la gente ha vivido el desarrollo del ferrocarril ya que todos tienen relación con los elementos del Plazaola”, Además, Ozkoidi hizo hincapié en la importancia que ha tenido para Leitza la llegada del tren.

“La propuesta se ha creado gracias al proyecto TrailGazers, del programa europeo Interreg Área Atlántica, y busca las buenas prácticas con respecto a las vías verdes. Aunque, nosotros hemos querido darle otra dimensión a estas jornadas porque no queremos centrarnos solo en el recorrido o en el turismo sino en mostrar cómo el patrimonio inmaterial que gira en torno al ferrocarril ha hecho que se desarrollen formas de vida, costumbres y tradiciones entre la gente. Es decir, tiene mucha influencia en el modo de vida, en los valores y en los elementos de identidad”, explicaba Mikel Ozkoidi Pérez.

La exposición sobre la vida en Leitzaran y el desarrollo del “tren txiki”, situada en el centro cultural Leitzako Herri Aretoa, nació de la colaboración de la población local que cedió aperos de trabajo, herramientas de la antigua mina, un fondo, una taquilla de billetes o el primer teléfono de Leitza, también muy ligado a la vida del ferrocarril.

LA VISIÓN MÁS PERSONAL

La vida cambió con la llegada del ferrocarril y fueron los vecinos los que ayer, contando sus propias experiencias, mostraron el lado más personal de su historia.

“El Plazaola ha tenido mucha importancia para la gente porque cambió totalmente su manera de vivir. Desde que llegó instauró un modo de trabajo y poco a poco fue imponiendo tradiciones a raíz de cómo la gente se juntaba y se conocía en él. La construcción del ferrocarril y las minas trajo a mucha gente de fuera y eso hizo que las costumbres se mezclaran, aunque también trajo algún problema que otro. Se produjeron varios incendios de caseríos porque pasaba muy cerca de ellos y a causa de las chispas ardieron. Es decir, había mucha gente que vivía casi pegada a las vías del tren”, contaba Jose Luis Huarte, antiguo bibliotecario y un aficionado al estudio de la historia del pueblo y de lo que supuso el ferrocarril para la gente de Leitza.

Agustín Aranburu Villabona también vivió de primera mano lo que trajo el tren. “Yo nací en el Plazaola y lo he vivido desde que era muy pequeño porque veía desde la ventana de mi casa cómo el Plazaola pasaba y nos nublaba la vista del cielo con el humo que salía de él. Pero, lo más bonito era ver cómo los trabajadores se enfrentaban cada día a grandes retos. Vi un día como un camión se quedó en medio de la vía y tuvieron que sacarlo remolcado con vacas porque el tren iba a pasar en unos minutos”, contaba entusiasmado.

Luis Mari Gallego, nieto del antiguo jefe de estación de Leitza, también quiso contar qué significó para él el Plazaola. “Mis abuelos se conocieron gracias al tren y mis padres también. Las dos historias, de un amor inmenso, surgieron gracias a la construcción del ferrocarril y como consecuencia de eso nací yo. O sea, soy producto del Plazaola totalmente y encima he vivido siempre en torno al tren porque mi abuelo trabajaba en él y mi padre también ya que se seguían las tradiciones”, explicaba.

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