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Tudela

La librería Mazo's baja la persiana 45 años después

Este lunes, tras 45 años de historia, la librería Julio Mazo de Tudela cerró sus puertas. Se va así un referente y punto de encuentro de los amantes de la literatura que inició su trayectoria en la calle Yanguas y Miranda antes de mudarse a la avenida de Zaragoza

De izquierda a derecha Ilenka Mazo Zudaire y su madre Rosa Mari Zudaire Orcoyen, rodeadas de libros en la librería Julio Mazo de Tudela.
De izquierda a derecha Ilenka Mazo Zudaire y su madre Rosa Mari Zudaire Orcoyen, rodeadas de libros en la librería Julio Mazo de Tudela.
Actualizada 01/12/2020 a las 06:00

Este lunes, 30 noviembre de 2020, la librería Julio Mazo de Tudela bajó su persiana por último vez cerrando así 45 años de historia. Una historia que bien podría dar para escribir una de esos cuentos, libros y novelas que han poblado sus estanterías y que tanto han hecho disfrutar a los lectores tudelanos que han pasado ante ellas.

Una historia, la de la librería Julio Mazo, que sería muy difícil de calificar en un género concreto porque, como apuntan sus propias protagonistas, “ha sido como la vida misma, con sus alegrías y sus penas”, pero una historia, en definitiva, que siempre quedará en el recuerdo de Tudela y que comienza con un ‘Érase una vez...’.

ÉRASE UNA VEZ...

...un joven tudelano llamado Julio Mazo que en 1975 tomó el relevo del negocio de fotografía que su familia desarrollaba en un local de la calle Yanguas y Miranda. En esa empresa, bautizada con el nombre de Mazo’s, se embarcó con él su esposa Rosa Mari Zudaire Orcoyen. Ambos habían contraído matrimonio ese mismo año. Él, tudelano de toda la vida. Ella, llegada a Tudela con 15 años tras pasar su infancia entre Lekumberri y el Valle de la Ultzama.

El norte y el sur unidos en una magnífica combinación que hizo que el negocio floreciera tanto en su vertiente fotográfica original como en la parte de librería que Julio, amante de las letras, se empeñó en hacer hueco en el local.

Eran los años de la Transición. Una época que, como recuerda Rosa, fue extraordinaria. “El comercio local era el principal referente de los clientes..., y así debería seguir siendo ahora”, reivindica Rosa, quien recuerda como, cuando a la librería llegaba el aviso de que se iba a secuestrar de alguna publicación de temática política, “siempre nos guardábamos algún ejemplar debajo del mostrador para poder leerlo”.

Y FUERON FELICES

Durante esa primera década prodigiosa entre los años 70 y 80, la familia creció con el nacimiento de sus hijos -Asthar e Ilenka- y el negocio hizo lo propio. Julio y Rosa hicieron mudanza de la calle Yanguas y Miranda a un local mayor en plena avenida de Zaragoza.

“Mantuvimos durante unos años la tienda original, pero la nueva nos permitía alcanzar otra zona de la ciudad y, sobre todo, contar con más espacio y dar un mejor servicio a los clientes”, explica Rosa, para quien ese contacto humano con los lectores fue el “motor principal” para que el negocio siguiera adelante. “Aquí no solo vendíamos libros. El cliente sabía que en nuestra librería iba a encontrar esa recomendación que necesitaba y ese trato diferente y personal. Que ese lector volviera y nos comentara lo mucho que les había gustado ese libro que se había llevado era para nosotros muy gratificante”, afirma Rosa.

Así, poco a poco, la librería se convirtió en referente para los amantes de la literatura. Una ‘burbuja’ en el centro de la ciudad en cuyo interior aguardaban clásicos, bestsellers y las últimas novedades del mercado, siempre junto al carácter bonachón de Julio y la perenne sonrisa de Rosa como los mejores ‘marcapáginas’ que podían regalar a sus clientes.

EL MALO DEL CUENTO

Pero todo cuento tiene su villano. Y en este tomó la forma de una larga enfermedad que se llevó a Julio en la primavera de 2003.

La cultura tudelana quedaba así huérfana del que llegó a ser presidente de la Asociación de Libreros de Navarra, uno de los impulsores de la feria del libro de Tudela y fundador del Rotary Club de la ciudad, entre otros logros.

Con el dolor de la pérdida, Rosa Mari se puso al frente del negocio. “La librería había sido nuestra ilusión y solo quería seguir adelante”, recuerda Rosa, quien, para afrontar esta nueva etapa, encontró las mejores aliadas para afrontar esta nueva etapa en su hija Ilenka y Anabel Rodrigo Moracho. “Tras años como empleada, Anabel ya era una más de nuestra familia”, señala Rosa, quien también contó con el total apoyo de su hijo Asthar.

Los primeros años del siglo XXI fueron también los del crecimiento imparable de las Nuevas Tecnologías, con lo que ello supuso en la evolución de los libros electrónicos y de la venta online. “Nosotros continuamos con nuestra filosofía de dar al lector ese calor humano que Internet no puede dar. No es lo mismo elegir un libro leyendo su sinopsis en una pantalla de ordenador que hacerlo a través de la recomendación de un librero que conoce tus gustos y preferencias”, defiende Rosa.

COLORÍN, COLORADO

Tras sobrevivir a tantas vicisitudes, a la librería Julio Mazo le quedaban muchos capítulos por escribir. Pero entonces llegó la pandemia de coronavirus.

“Durante el confinamiento, la librería siguió abierta para vender prensa pero mis hijos no me dejaban ir. Estando allí, en mi casa, me di cuenta de todas esas cosas en las que podía emplear un tiempo que nunca había tenido. Así, una noche en la que no podía dormir, tomé la decisión de jubilarme”, afirma Rosa, que esta misma semana cumplirá 69 años.

Este lunes, Mazo cerró para siempre. Y lo hizo con discreción, responsabilidad y con infinito agradecimiento a todos aquellos que, desde el anuncio de su cierre, han acudido a mostrar su cariño a Rosa, Ilenka y Anabel.

La librería escribió este lunes su particular ‘Colorín, colorado’..., pero la vida abre ahora para ellas su particular ‘Continuará...’. Suerte.


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