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Salud

Las residencias de Tudela, 'focos' de vida

Lejos de dejarse llevar por las malas noticias que llegan del exterior, los residentes de centros de mayores de Tudela han dado un paso adelante para poner al mal tiempo buena cara y llenar sus espacios de ocio con infinidad de actividades

Las residencias de Tudela, 'focos' de vida
Cedida
Actualizada 18/10/2020 a las 06:00

El aumento de contagios por coronavirus sufrido en Tudela a finales de agosto llevó a las tres residencias de mayores de la ciudad (Nuestra Señora de Gracia -La Milagrosa-, la Real Casa de Misericordia y Torre Monreal) a suspender las salidas de sus usuarios y las visitas a los mismos. Un ‘blindaje’ voluntario que, desde el martes, pasó a ser obligatorio al entrar en vigor las nuevas restricciones impuestas por el Gobierno de Navarra ante los alarmantes datos registrados en toda la Comunidad.
Todo un jarro de agua fría para un sector de la población como el de nuestros mayores, especialmente castigado por la pandemia, y que ahora, de nuevo, se enfrenta a un confinamiento en las residencias sin fecha de finalización.

Pero lejos de amedrentarse y lamentar su suerte, los residentes de los centros de Tudela han dado un paso adelante para, ahora más que nunca, sacar todo el provecho posible a las actividades que sus cuidadores les proponen. Tienen muy claro que, pese a la pandemia, la vida debe continuar, siempre, eso sí, respetando todas las medidas de seguridad establecidas.

ENTRE BAILES Y ROSQUILLAS

Así, la residencia de la Misericordia (165 usuarios y 120 trabajadores) se ha llenado estos días, entre otras muchas actividades, de música y sesiones de baile. “Son los propios usuarios los que proponen a los trabajadores el repertorio que quieren escuchar cada día para disfrutar de una actividad que les da una alegría tremenda”, explica el director del centro, Óscar Pérez Villar, quien destaca cómo los residentes “han pasado de recibir la noticia de este nuevo confinamiento con una mezcla de frustración, hastío y resignación, a darnos una lección de vida con sus ánimos y ganas de seguir adelante con sus actividades de ocio”.

Todo un abanico de posibilidades de ocio que también ofrece La Milagrosa (85 usuarios y 60 trabajadores), donde las dotes culinarias de sus residentes han servido estos días para, además de abrir el apetito, dibujar muchas sonrisas. “Hace unos días, varios residentes fueron llamando a los trabajadores para que acudieran a una sala del centro, donde les estaban esperando con una maravillosa tortilla de patata que habían preparado junto a algunos de sus cuidadores. Otro día hicieron tostadas de aceite y, otro, unas rosquillas estupendas”, apunta Begoña Moreno Valencia, directora de la Milagrosa, quien también agradece la disposición y el trabajo de las religiosas de la orden de las Hijas de la Caridad que, como residentes en el centro, también sufren las restricciones del confinamiento, pero que “no han dejado de aportar su trabajo voluntario para el bien de todos”.

SIN CASOS ACTIVOS

Según apuntan los directores de ambas residencias tudelanas, la actitud demostrada por los mayores ha servido de impulso a la labor que realizan sus equipos profesionales, ejerciendo como ‘motor’ para que ambos centros puedan seguir funcionando casi tal y como lo hacían antes de que el coronavirus fuera una amenaza.
Pese a que ahora ninguno de estos dos centros cuenta con casos activos, ambos han sufrido el golpe de la pandemia. En la Misericordia se han llegado a contabilizar 60 contagios con 18 fallecidos, mientras que en la Milagrosa han sufrido 20 casos teniendo que lamentar 3 muertes.

A pesar de todas las dificultades y de lo dura que se está haciendo esta crisis sanitaria, hemos logrado que, desde el mes de mayo, el centro funcione con absoluta normalidad. Puede parecer que, al estar blindados, los residentes están metidos en sus habitaciones cuando, en realidad, son ellos los que, cuando salen al jardín a realizar alguna actividad, animan a los vecinos de las viviendas contiguas a participar con ellos de sus espacios de disfrute”, explica Pérez.

Y es que, como señala Moreno, “nuestros mayores tienen una capacidad de sacrificio y generosidad increíble”. “Tener que decir a las familias que no van a poder visitar a sus mayores durante un tiempo indefinido es duro, pero tener que explicárselo a los propios residentes es terrible. En cambio, ha sido entonces cuando ha salido a relucir el aplomo y la tranquilidad que tienen para afrontar este tipo de situaciones y, sobre todo, para estrechar los lazos que ya existían entre trabajadores y residentes”, destaca Moreno, quien apunta que, tanto unos como otros, componen una familia.

“Trabajo en el único sitio donde deseo estar”

 

Óscar Pérez Villar está al frente de un equipo compuesto por 120 trabajadores, piezas imprescindibles para que funcione el engranaje de la Real Casa de Misericordia de Tudela. Durante la pandemia, una veintena de estos profesionales han resultado afectados por el virus pero hoy, afortunadamente, todos están recuperados y, según indica Pérez, “con unas tremendas ganas por seguir al pie del cañón”.

“Trabajadores y residentes hemos vivido juntos los peores momentos de esta pandemia, con lo que la empatía entre ambos es enorme. Nosotros sabemos todo lo que han sufrido nuestros mayores y ellos saben todo lo que hemos pasado nosotros. Y tanto ellos como nosotros estamos unidos para que esta nueva ola no nos pase la factura que, lamentablemente, ya hemos tenido que pagar”, afirma Pérez, quien lleva casi 6 años al frente de la residencia. “Durante estos meses me han preguntado si no me arrepiento de haber aceptado el cargo y yo siempre digo que estoy en el único sitio donde quiero estar en estos momentos tan difíciles”.

“Cada mes que pasa de esta crisis te deja huella”


La residencia de Nuestra Señora de Gracia (La Milagrosa) de Tudela vivió a finales de agosto el peor momento de la pandemia al detectarse una veintena de casos entre sus usuarios y trabajadores. Todo un mazazo para un centro que, gracias entre otras medidas al autoconfinamiento que realizaron sus empleados dentro de la residencia, había logrado superar la primera fase de la crisis con cero contagios.

“Nos recuperamos del golpe y, ahora, nos llega este nuevo confinamiento. Es duro tener que asumir dar pasos atrás cuando vas avanzando y, por eso, la meta que tenemos marcada cada uno de los 60 profesionales del centro es que nuestros mayores recuperen todo el tiempo perdido”, apunta su directora, Begoña Moreno Valencia, quien lleva 10 años al frente de La Milagrosa.

“Siempre habíamos trabajado por la mejora continua, por avanzar en líneas tendentes al bienestar de los residentes..., pero nunca pensando en cómo hacer frente a posibles amenazas biológicas. Nadie te prepara para algo así, pero hay que aprender y seguir”, señala Moreno, quien reconoce que “cada mes que pasa de esta crisis te deja huella”.


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