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Epidemia de coronavirus

Solidaridad con los más débiles

A pesar de la crisis sanitaria, Villa Javier de Tudela sigue dando alimentos a sus usuarios. Ha tenido que cambiar su forma de trabajar y una de sus preocupaciones es cómo afectará a su presupuesto

Un grupo de voluntarios y trabajadores de Villa Javier prepara los taper para entregar a los usuarios.

Un grupo de voluntarios y trabajadores de Villa Javier prepara los taper para entregar a los usuarios.

27/03/2020 a las 06:00
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"Estaremos aquí hasta las últimas consecuencias, hasta que no haya un garbanzo para repartir, porque la gente necesita comer”. Son palabras de David Crespo, coordinador del servicio de atención a personas desfavorecidas Villa Javier de Tudela, quien reconoce que la crisis del coronavirus no solo ha supuesto importantes cambios a la hora de prestar el servicio del comedor social y el autoservicio de alimentos gratuito El Capacico, sino que están desarrollando esta actividad con algo de incertidumbre.

Y es que, como apunta, están preocupados, por ejemplo, con el tema del suministro de El Capacico a corto-medio plazo por la incertidumbre que ha generado esta situación y que hace que los productos no lleguen de la misma forma que hasta ahora.

A esto se suma el funcionamiento del comedor social, donde, siguiendo todas las pautas ante la crisis del coronavirus, han dejado de dar comida presencialmente. Ahora se distribuye en taper a una media de entre 21 y 22 personas al día -entre 40 y 50 servicios diarios, ya que incluye comida y cena-. “Ha habido 2 o 3 personas que han dejado de venir porque les da miedo, pero están viniendo otras, gente sola, hombres sobre todo, que preguntan si les podemos dar un plato. Son unos 4 o 5”, afirma.

“El problema de esto es que la incertidumbre la tiene todo el mundo. Nadie sabe qué puede ocurrir”, indica, al tiempo que añade que “nosotros vamos a dejarnos la piel y trataremos de buscar comida donde sea para darla en el formato que podamos”. “Y si tiene que ser una comida al día porque no hay para más, pues una, pero haremos lo que sea”, añade.

CAMBIOS ORGANIZATIVOS

Crespo explica que, al no poder ofrecer la comida presencial en el comedor, la atención a los usuarios no es, lógicamente, la misma. “Y para nosotros también es mucho más incómodo el trabajo con todas las precauciones y medidas de protección que tenemos que tener como mascarillas, guantes, hidroalcoholico, etc. Todo esto, además de los taper que tenemos que utilizar todos los días y otros gastos, es un dinero con el que no contábamos y supone un coste económico incalculable en estos momentos”, añade.

Dice que ahora estaban trabajando con una colaboración con la fundación Ilundain que ha tenido que cambiar. “Están enfrente de nuestras instalaciones haciendo cursos de hostelería, y la colaboración era que nosotros les donábamos alimentos y ellos nos pasaban comida ya cocinada, con lo que íbamos a ahorrar el 50% del presupuesto anual para este fin pasando de 50.000 a 25.000 euros. En lugar de eso, ahora estamos comprando otra vez la comida al catering con el consiguiente coste”, refleja.

En cuanto a la forma de trabajar en el comedor y El Capacico, ya que los cursos, talleres formativos y otros servicios del Semillero se han parado, dice que es justo la contraria del funcionamiento normal. “Antes cubríamos los servicios con muchos voluntarios poco tiempo cada uno, y ahora son pocos los que vienen mucho para minimizar los impactos”, señala. De este modo, el comedor, que abre los 365 días del año, ha reducido su horario a solo por la mañana, de 9 a 14 horas.

Además, de 9 a 11 es el horario del servicio de acogida, pero solo para casos urgentes. Por el contrario, El Capacico, en lugar de abrir 3 días a la semana, lo hace ahora de lunes a viernes. “Es para que no coincidan a la vez dos o tres familias, ya que da servicio a un total de 60 familias. Además, como funcionan con puntos mensuales, estos se reparten en 4 compras, y ahora les hemos dado el doble de puntos para que compren una sola vez cada 15 días en vez de cada semana, saliendo así menos a la calle. A los usuarios del comedor les entregamos la comida y cena en el patio, en una sola entrega”, explica.

GRUPO DE CRISIS

Respecto al voluntariado que atiende los servicios -unos 70 todas las semanas en turnos para el comedor-, “se han parado todos los turnos y se ha creado, digamos, un grupo de crisis reducido de unas 20 personas entre el voluntarios y empleados”. “Chapó por todos ellos”, agradece Crespo.

Indica que hasta ahora tienen mascarillas, guantes etc., de distintas donaciones para protegerse ellos y a los usuarios. No obstante, ante esta situación de crisis “y el desaguisado que va a suponer en el presupuesto, que siempre es ajustado”, dice que harían falta aportaciones económicas para seguir comprando y poder contar con empresas que puedan donar, sobre todo producto fresco para El Capacico.
 

El lado positivo de esta crisis


Crespo considera que lo único positivo de esta situación es, “otra vez, la solidaridad de la gente que dona, los empleados y las personas voluntarias e, incluso, otras que no lo son, ya que al final es poner en riesgo su salud solo para ayudar a otras personas”. “Es impagable”, asegura. En este sentido, dice que hay gente joven que como no está trabajando estos días se ofrece para echar una mano. “Eso es algo súper bonito y muy emocionante”, señala.

Gabriel Jiménez Quilez, tudelano de 21 años, es uno de los voluntarios que integran este gabinete de crisis de Villa Javier. “Hasta la semana pasada hacíamos turnos normales. Yo venía los miércoles al comedor porque era lo que podía compaginar con mis estudios en la UNED. Pero últimamente quería apuntarme a más y justo ha venido esta crisis. Ahora vengo todos los días, de lunes a domingo, y vendré siempre que me necesiten. Esto me llama porque tengo la capacidad de venir, ayudar y hacer bien a otra gente”, señala. Respecto a cómo está viviendo esta crisis del coronavirus, señala: “Aún cuesta un poco creértelo. Trato de pensar en que en este momento es cuando hay que ayudar en lo que se pueda y seguir adelante. Si todos seguimos las recomendaciones debería ir bien”.


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