Un cinturón que asfixiaba, un abrazo y una actuación que vale una vida: "Nos abrazamos por la adrenalina"
Javier Sagaseta Pérez y David Sainz Yanguas, agentes de Seguridad Vial de Policía Foral en Tudela, accedieron el lunes 16 de febrero a un camión volcado y evitaron que el conductor muriera asfixiado por el cinturón de seguridad


Actualizado el 18/02/2026 a las 08:28
El abrazo es vida y esta, en ocasiones, pende de un hilo o de un cinturón. La historia que ocurrió este lunes 16 de febrero por la tarde en Tudela tiene mucho que ver con esta idea y la encarnan un camionero accidentado y dos agentes de la Policía Foral, que pasaron a ser sus ángeles de la guarda: Javier Sagaseta Pérez y David Sainz Yanguas. Estos dos policías accedían en el coche patrulla, conocido como el Z, a la rotonda del Toro, en el kilómetro 6 de la NA-134, cuando cedieron el paso a un vehículo pesado.
“Conducía David, paramos para que pasara y vimos cómo se levantaba la rueda izquierda del quinto eje, luego la cuarta, la tercera...”, detalla Sagaseta, explicando que el tráiler empezó a ganar altura, se inclinó y cayó sobre su lado derecho. De este modo, el conductor, que transportaba cerdos ya sacrificados, quedó atrapado en la parte más elevada de la cabina.
LA ESCOTILLA
En ese momento empezó una lucha contra el cronómetro de unos dos minutos para los tres. Sagaseta corrió hacia la luna delantera del vehículo, Sainz aparcó el Z detrás para señalizar el siniestro y, tras avisar al Centro de Mando y Control para pedir asistencia, comprobaron que el cinturón de seguridad estaba asfixiando al conductor por la presión de su propio peso. De ese hilo pendía su vida.
“Él tenía las manos agarradas al cinturón, a la altura del pecho y del cuello, intentando liberarse para ganar un poco de margen entre la cinta y el cuello”, describe Sagaseta. “Mi compañero fue al coche a por una navaja y yo rompí la escotilla de la parte superior de la cabina -la de la imagen que ilustra el reportaje-”, añade.


Se quitó el cinturón por las dimensiones del acceso y entró. “Cogí al conductor para darle un poco de aire y, enseguida, David, que también entró, me pasó la navaja. Él pasó a sujetarlo y yo corté el cinturón”, relata Sagaseta, que ha sido diez años policía local en Tudela.
Con los tres dentro, mientras David Sainz aguantaba al herido, rompieron la luna delantera y salieron al exterior, donde comprobaron que el camionero respiraba, lo colocaron Posición Lateral de Seguridad (PLS) y lo cubrieron con mantas y prendas impermeables. “En ese momento empezó a llover mucho”, explica el agente. “El camionero tenía muchos dolores y no articulaba palabra”, recuerda sobre los instantes previos a la llegada de la ambulancia medicalizada.
OBJETIVO CONSEGUIDO
La palabra que le viene a la cabeza a Javier Sagaseta es “adrenalina”. “La presión de verle en apuros y no saber si vas a poder acceder a la cabina”, comenta. “Fue un momento de toma de decisiones rápidas y de coordinación increíble entre los dos”, apunta, y remarca esa labor conjunta que concluyó con una intervención exitosa pese a l riesgo del suceso.
“Cuando colocamos al conductor en PLS nos salió abrazarnos por la adrenalina”, reconoce. “Ver que estábamos ahí, que actuamos rápido y que probablemente habíamos salvado una vida…”, enumera los factores que explican la reacción de la patrulla.


“Te hace querer más tu trabajo. Es increíble la satisfacción con la que te vas a casa y te cuesta dormir pensando en la intervención. Muchas veces son situaciones duras, como la que les tocó a los compañeros por la mañana con una persona fallecida en Peralta”, recuerda, en alusión a la cuarta víctima mortal de 2026 en las carreteras navarras. “A veces te quedas con la pena de no haber alcanzado el objetivo que querías y que esas familias hubieran agradecido enormemente”, indica.
En el historial de estos agentes hay actuaciones de todo tipo, también trágicas, y las intervenciones con este final se agradecen, aunque siguen siendo un aprendizaje. “La formación es el trabajo diario”, comenta Sagaseta, hablando de intuición, sentido común, humanidad y concluyendo con “seguridad vial”.
Esta vez, la cruz salió cara y un abrazo selló una intervención crítica que los dos agentes de la brigada de Seguridad Vial de la Policía Foral resolvieron con éxito en Tudela.