Verano en mi pueblo

En el verano de Fustiñana conviven la calma y el movimiento

Los vecinos de la localidad pueden disfrutar de una amplia variedad de actividades durante el verano

Vecinos de Fustiñana, en las piscinas del complejo municipal.
Vecinos de Fustiñana, en las piscinas del complejo municipal./Javier F. Aguerri

Javier F. Aguerri

Publicado el 19/07/2025 a las 05:00

La rutina veraniega en Fustiñana está cerca de experimentar un pequeño giro, ya que la esperada reforma del complejo polideportivo se prevé que esté finalizada para septiembre.

Hasta entonces, vecinos y vecinas de la localidad siguen disfrutando de estas fechas con una amplia variedad de actividades a su disposición, tanto dentro como fuera de las instalaciones municipales, que siguen funcionando a buen ritmo mientras duran las obras.

Aroa Aguirre Jordán destaca la gran oferta deportiva con la que ya cuenta el actual recinto. “Por la mañana hay todo tipo de campus, desde fútbol hasta natación, pasando por patinaje”, explica.

Durante las tardes, el protagonismo recae en los deportes de raqueta, como el pádel o el tenis, además del frontón. Además, también cuentan con un campo de fútbol de césped artificial y un gimnasio muy completo y bien equipado, con un amplio horario que permite a cualquier vecino acercarse cuando mejor le convenga.

Pero el verano en Fustiñana no se limita al deporte. Basta con pasear por las calles del centro, especialmente por los alrededores de la plaza de los Fueros, para comprobar que buena parte de la vida diaria transcurre allí. Grupos de vecinos se reparten en las terrazas de los bares, alrededor de una mesa y bajo la sombra de un toldo, para tomar un café o un refresco.

Para muchos, es un momento casi obligatorio antes de continuar con el día. Javier Marco Gil es uno de ellos. Aunque reconoce que “disfruta de alguna escapada de vez en cuando”, insiste en que la vida que ofrece Fustiñana en verano y sus tertulias vespertinas son parte imprescindible de su rutina.

No obstante, como no puede ser de otra manera, las piscinas municipales son el gran centro de reunión en estas fechas. Para combatir el calor, muchos fustiñaneros se dan cita allí prácticamente a diario. “Venimos durante toda la semana”, cuenta la vecina Rebeca Arrondo Pe. Cada tarde se reúne con su cuadrilla de amigas, acompañadas por sus respectivos hijos, y forman un corro con las hamacas. La costumbre está tan asentada que han acabado por autodenominarse, entre bromas, “las hamaquers”.

En las piscinas nadan, se refrescan, se traen algo de comida y de bebida para merendar o se acercan al bar a tomar algo. “No fallamos ni los fines de semana. Por la mañana tomamos el vermut y por la tarde volvemos, incluso nos quedamos a cenar en algunas ocasiones. La verdad es que somos muy piscineras”, comenta Arrondo. Esta rutina, que se extiende al resto de vecinos, ha creado un espacio común donde el ocio y la convivencia van de la mano, consolidando un ambiente acogedor para cualquier local o visitante.

Cuando cae el sol, la actividad no cesa, ni siquiera para los más pequeños. Diego, hijo de Arrondo, cuenta que “los niños quedamos todas las noches en barrios y salimos a la fresca a jugar al balón o dar vueltas con la bicicleta”.

Asimismo, la actividad nocturna cobra especial importancia durante los fines de semana, en los que el pueblo sabe mantener el ritmo. Leyre Martínez Sánchez explica que “los sábados solemos juntarnos a cenar, salimos a dar una vuelta y nos acercamos a la plaza del pueblo”.

Precisamente a este ambiente contribuye de forma clave la programación promovida por el Ayuntamiento, que se esfuerza por mantener la vida cultural y social durante el verano. “Organizan eventos variados regularmente”, comenta Martínez. Ella y Aguirre coinciden en que sus favoritos -y los que más éxito tienen- son “los conciertos en la plaza del pueblo”. Actúan como un punto de encuentro para personas de distintas edades, que comparten espacio, música y conversación bajo el cielo despejado de las noches de julio y agosto.

El verano en Fustiñana se construye así, paso a paso, con tardes de piscina, mañanas de deporte, noches en la plaza y mucha vida compartida. A la espera de que finalicen las obras del nuevo polideportivo, los vecinos aprovechan al máximo lo que ya tienen: espacios cómodos, costumbres bien asentadas y una comunidad que da valor a lo cercano.

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